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Todo lo que siempre quiso saber sobre flamenco,
pero nunca se atrevió a preguntar
'Cante por
cante' es el primer disco libro
didáctico de flamenco que ayuda a reconocer estilos
Silvia Calado Olivo
"El arte flamenco gusta y asusta". Gusta por motivos que sobra
señalar. Asusta por culpa de "tantos años de palabras mayores,
de sabios dispuestos a amargarle la noche al vecino que acaba de emocionarse por
primera vez con un quejío". Esta constatación es la que ha
llevado al equipo formado por el periodista José Manuel Gamboa, el productor
del sello Flamenco en el Foro, Julián Sanz, y el director de New Atlantis
Music, Álvaro Perales, a crear -a estas alturas- el primer disco libro
didáctico de flamenco, 'Cante por cante', una obra cuya traducción
a inglés está ya marchando.
La idea surgió, como contó Álvaro Perales en la presentación
de 'Cante por cante' en la sede madrileña de la Sociedad General de Autores
el pasado 10 de junio de 2002, de la natural reacción de cualquier profano:
"¿Esto qué es, una soleá? No, es un tiento". Y
tras un año de trabajo, el método para no tener que pasar más
por este trago -pues no está bien visto en los círculos de aficionados
ser un ignorante- se ha materializado. Julián Sanz lo explica con un recurso
metafórico: "Este puso el huevo, este lo frió, este le echó
sal... y ustedes son el dedo que se lo come".
'Cante por cante' es una obra cuidada tanto en fondo como en forma. Las primeras
páginas del libro, además de a envalentonar al personal, están
orientadas a poner los cimientos. Para entrar en ambiente, se analiza el desarrollo
y la estructura de los cantes, es decir, el patrón que permite que "un
guitarrista y un cantaor que no se conocen puedan entenderse... y no es porque
se improvisa, es porque hay unas bases formales de las que se parte": una
introducción de guitarra, una salida, un cante de preparación, el
cante valiente y el remate. Tras esta introducción, que también
incluye un glosario esencial, Gamboa se mete a desentrañar los secretos
de la escala andaluza, la rítmica y las letras del flamenco, utilizando
en ocasiones terminología musical: "No hace falta saber música
para entender el método, pero es información adicional para el que
sí sabe". A ello se añade un clarificador cuadro de clasificación
de los cantes en cuatro grupos, atendiendo a su naturaleza musical, como paso
previo al estudio de los dieciséis estilos, empezando por el verdial, pues
"la base del flamenco no deja de ser el fandango más primitivo".

Álvaro Perales y José Manuel Gamboa
(Foto: Daniel Muñoz)
El diseño y la maquetación de Víctor Coyote buscan la
claridad y la síntesis en fichas de estructura fija con las que se explica
cada estilo. La ficha está encabezada con el estilo escrito sobre una banda
del color correspondiente a su grupo: violeta para los fandangos, verde para los
derivados de la soleá, naranja para el grupo de la seguiriya y azul para
el de los tangos. Cada estilo se presenta en un breve texto en el que se aportan
datos sobre génesis y características básicas: "La granaína
no es otra cosa que un fandango de Granada, eso sí, despojado ya de todo
ritmo". Después se comentan tres aspectos del palo: la escala, el
compás y la estrofa, triada que, al final de cada ficha, se vuelve a esquematizar
con iconos y colores. Finalmente, señalado con el icono de un ojo se dan
las claves, quizás el apartado más útil de cada ficha. José
Manuel Gamboa apunta que "aunque parezca una tontería, para distinguir
entre un polo y una caña, si empieza cantando la letra es el polo y si
empieza con el ay es la caña". Esos son los trucos con los que, "sin
ánimo de vulgarizar, queremos facilitar el entendimiento".
El método didáctico se complementa con un disco en el que están
grabados los dieciséis estilos diseccionados en el libro. Julián
Sanz ha sido el encargado de seleccionar al elenco cantaor y tocaor que forman
Talegón de Córdoba, Mercedes Cubero, Miguel de Tena, Pedro Sanz,
El Flecha y Chaquetón, acompañados al toque por Pepe Núñez,
Eduardo Rebollar y Salva de María. A ellos agradece que "hayan renunciado
a su personalidad artística para facilitar la comprensión de los
cantes", y que, como apostilla Gamboa, "se hayan limitado a los cantes
más básicos renunciando a su libre expresión". Por cierto
que, para desquitarse y acompañados al toque por Pepe Núñez,
Pedro Sanz y Miguel de Tena se lucieron, respectivamente, por garrotín
y granaína en la presentación del discolibro.
Eso de "y le devolvemos su dinero si no consigue distinguir entre martinete
y debla", no está garantizado en 'Cante por cante' pero, por lo visto,
funciona. Cuenta Gamboa que estando en plena grabación
de 'Un ramito de locura', el último disco de Carmen Linares, utilizó
como conejillo de indias al ayudante del técnico de sonido, neófito
en la materia: "Le pasé los folios de la seguiriya y al día
siguiente tenía hechas todas las claquetas".

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