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¿EXISTIERON ALGUNA VEZ LOS CANTES DE LAS MINAS?
(Introducción a la taranta, la cartagenera y la minera, a propósito del XLI Festival
del Cante de las Minas)
Juan Vergillos
Con
la taranta, la cartagenera y la minera nos alejamos de los centros cantaores tenidos
por tradicionales, introduciéndonos en una nueva geografía flamenca.
Según todas las evidencias, la taranta y la cartagenera, como la malagueña
y la granaína, o sea los llamados, precisamente por su lugar de nacimiento,
cantes de levante, se originaron por el aflamencamiento, debido a la enorme
popularidad de ésta música -el flamenco- en la segunda mitad del
sigo XIX, de una serie de fandangos locales; cantes que, además, se influyeron
mutuamente. El centro geográfico de estos cantes serían las zonas
mineras de Murcia (Cartagena y La Unión), de lo cual procedería,
además de por la temática de algunas de sus letras, la denominación
de cante de las minas.
Generalmente se
admite la influencia de los emigrantes del este andaluz, a la busca de trabajo
en la mina, como causa de esta flamenquización. Pero lo cierto es que en
las comarcas mineras de Almería y, especialmente, de Jaén, también
se canta la taranta. ¿Puede ser un efecto de ida y vuelta? Además
en Almería se canta un estilo llamado fandango de Almería,
o también taranto de Almería, que puede ser considerado
como el precedente de la taranta, ya que melódicamente es muy parecido,
aunque se acompaña de un toque ajustado a compás, lo cual le da
un aire más primitivo. Algunos estudiosos del flamenco (Blas Vega, por
ejemplo, o José Luis Navarro, gran especialista en estos estilos) consideran
sin embargo que el taranto es un cante posterior : que es la proyección
de la taranta al baile, ya que en el fondo se trata de un mismo estilo, la taranta,
pero con toque ajustado a compás por su mera subordinación a la
danza. De hecho las grabaciones primitivas de lo que hoy se llama taranto aparecen
en disco con el nombre de taranta, de rondeña incluso. Pero lo cierto es
que la denominación actual de muchos estilos no se impuso hasta bien entrado
el siglo XX (y aún sigue siendo, a veces, problemática).
La taranta,
por su parte, es un cante de estrofa similar a la malagueña y a los fandangos
locales: una cuarteta octosílaba o una quintilla. Se acompaña con
toque de guitarra en tono de mi ("por arriba" en el argot flamenco)
y su interpretación es, como en la malagueña, "ad libitum",
esto es, sin un compás externo estricto, lo que da pie a un cante largo,
que se presta a grandes exhibiciones vocales, como ocurre con todos los estilos
levantinos, los más elaborados del flamenco. Debido a este grado de elaboración
musical suponemos que tal estilización de los fandangos locales la llevaron
a cabo cantarores profesionales, de forma que es difícil imaginar que estos
cantes de las minas los cantaran realmente los mineros al ir o volver del
trabajo, como sostiene la leyenda. Algo parecido ocurre respecto a las letras,
que, como en el resto de estilos flamencos, revelan un alto grado de concisión
y efectividad poética. De lo que no cabe duda es de que los grandes artistas
que hicieron las músicas y las letras de los cantes de las minas se inspiraron,
en buena parte, en los sentimientos y vivencias de los mineros, vivencias que
muchos de estos compositores-intérpretes habrían experimentado muy
de cerca, bien en su entorno social o familiar, o en carnes propias antes de iniciar
su actividad artística, o compatibilizando en el tiempo ambas facetas.
De manera que podemos considerar legítima esta denominación de cante
de las minas aunque admitiendo el carácter legendario que dicho nombre
conlleva, mitificación que no es en absoluto ajena al flamenco, como sabemos.
En todo caso el grado de composición y la fecundidad de estos cantes
de las minas los alejan definitivamente de la consideración de cantes
de trabajo que de hecho tienen los cantes de labor agrícolas (gañameras,
temporeras, trilleras, pajaronas) más cercanos al folclore que al flamenco.
Algunos han propuesto
la hipótesis de que la taranta procede del fandango o taranto de Almería,
que después se extendió y aclimató en las regiones mineras
de Jaén y Murcia donde sería a su vez la base de otros cantes. (Otros,
como hemos dicho, opinan que el cante primitivo es la taranta).
Cantes como la
cartagenera. Procedente de la taranta (en último extremo,
según algunas teorías, del taranto) representa un grado posterior
de estilización, de elaboración melódica y melismática,
más alejado que la taranta de la "cadencia andaluza", y, en general,
del ámbito folclórico. Su origen habría que situarlo en la
influencia de la taranta (proveniente de Almería y de Jaén, según
algunos) en canciones murcianas tradicionales, como el cante de la madrugá,
dando lugar a un cante originario (denominado cante matriz por los especialistas),
llamado taranta de Cartagena, (como de hecho existe la taranta de la
Unión), que derivaría, por la acción de intérpretes
profesionales, en un cante muy estilizado: la cartagenera. Entre la nómina
de estos intérpretes transformadores del cante primitivo la tradición
ha favorecido el nombre de Antonio Grau Mora, más conocido como El Rojo
el Alpargatero.
La difusión
de la taranta y la cartagenera murciana debió influir, a su vez, en los
cantes de Almería y de Jaén, donde se practica una taranta muy elaborada,
debido, también, a la contribución de cantaores como El Tonto Linares
o Basilio. Estos cantes influyeron en algunas formas de malagueña.
En este punto debemos
traer a colación el nombre egregio de Antonio Chacón, cuya impronta
en todo el cante flamenco, en especial en los estilos levantinos, es indeleble.
Conocedor de los cantes murcianos in situ por su amistad con El Rojo el Alpargatero,
asume y reelabora el cante cartagenero. A él se debe la influencia de la
cartagenera en algunas malagueñas, así como una reelaboración
propia, con influencia malagueñera a su vez, de este cante.
La cartagenera
suele glosar en las letras aspectos locales o biográficos de sus creadores.
Existe también
un cante llamado minera que no es otra cosa sino una modalidad de
taranta, casi siempre con una interpretación más rígida.
Su inspiración es dramática, centrada en la vida del minero, de
donde procede su nombre. Se considera también a El Rojo el Alpargatero
su creador, aunque sus definidores actuales han sido Antonio Piñana, Pencho
Cros y Encarnación Fernández.
La gran bailaora
catalana Carmen
Amaya coreografió en los años cuarenta, en Nueva York el taranto,
aunque con el nombre de zambra por rondeñas, introduciendo de esta
manera dicho estilo entre los bailes flamencos, dentro de los cuales es hoy uno
de las más populares. Otros tratadistas (como el mencionado Blas Vega,
por ejemplo) atribuyen la creación de este baile a Rosario, dando por cierto
lo declarado por ella misma en su autobiografía.
Juan
Vergillos
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