Ecos femeninos
Zata para Flamenco-world.com
Convento de San Francisco. Lebrija (Sevilla), 20 de julio de 2002
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Remedios Amaya (Foto: Zata)
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Con el paso de los años, núcleos cantaores tradicionales se han
convertido en pueblos dormitorio de las urbes más próximas, perdiendo
gran parte de su encanto pueblerino. Este no es el caso de Lebrija que, a todos
los efectos, está en medio de la nada. De la nada o del todo, según
se mire. Se encuentra en ese corredor que une los vértices del triángulo
dorado que encierra las raíces originarias del flamenco. Lebrija es la
esencia. Baste decir que a nuestra llegada estaba sonando cante por soleá
por los altavoces de la estación de tren. La Caracolá de Lebrija
es uno de los festivales de cante más antiguos y en su trigesimoséptima
edición ha querido refrescarse rindiendo homenaje a las mujeres del flamenco.
Una idea atractiva que dio lugar a un cartel fuertemente festero... tampoco el
campo de deportes del Convento de San Francisco abarrotado de aficionados es el
lugar idóneo para apreciar las sutilezas del cante jondo.
El programa abrió con una bailaora local, María del Mar Carrasco,
con un largo baile por soleá, para dar paso a otra lebrijana, la cantaora
Juana Vargas. Con su voz rancia, sabiendo a la misma tierra, cantó malagueñas,
fandangos, bulerías y soleá empleando, en este último cante,
como es habitual en ella, el raro estilo del Tío Pacote de Jerez, en tono
mayor, para cerrar con la guitarra de Antonio Malena. Entonces hizo aparición
la bellísima cantaora granadina Marina Heredia, representante de la nueva
generación de cantaores. Como en Granada tienen una manera especial de
hacer las cosas, empezó con un curioso popurrí que pretendía
combinar elementos de una zambra clásica de Caracol con cantes de trilla,
el macho del martinete ("Y si no es verdad...") y otros elementos diversos.
A pesar de ser musicalmente interesante, a los aficionados lebrijanos les costó
asimilarlo. Con la soleá, la cantaora granadina les situó en terrenos
conocidos, pero todavía sin provocar olés. Fue por fin en los tangos
de Granada (mezclados con los de La Repompa, como se ha puesto de moda, y respaldado
con yembé) donde pudo soltarse. En las bulerías con las que finalizó,
logró encender al público definitivamente a pesar de (o debido a)
que no luciera una estética granadina, pues en las voces jóvenes
las sutilezas regionales por bulerías se han perdido casi por completo.
A la jienense Carmen Linares, autora de la 'Antología de la Mujer en
el Cante', le tocó cerrar esta primera parte. Sobria elegancia, veteranía,
profesionalidad y unos cantes que pusieron el equilibrio en un programa quizás
excesivamente festero. Se destacó por tarantas, su especialidad de toda
la vida, pero también cumplió sobradamente por alegrías,
por soleá y por seguiriyas con cabales. Con su tocaor habitual, Paco Cortés,
terminó por bulerías logrando convencer a un público exigente
en este terreno, a pesar de no ser este cante su plato fuerte.
La segunda parte se abrió con baile. La carrera de la bailaora sevillana
Carmen Ledesma, premio La Macarrona en el Concurso Nacional de Córdoba
de 1983, no se ha desarrollado de manera espectacular, simplemente baila. Y lo
hace con seriedad, sabiduría, respeto y, por encima de todo, con una sencillez
casi minimalista. Se presenta en ropa de calle y, de repente, todos los volantes,
lunares, flores y peinetas que lucen otras, parecen sobrar. En su grupo lleva
al tocaor Antonio Moya, la cantaora María Peña y el cantaor Curro
Fernández, padre la cantaora Esperanza Fernández y el guitarrista
Paco Fernández. Un grupo reducido pero eficaz, sólido y chorreando
tradición. A continuación, la cantaora lebrijana Inés Bacán,
hermana del desaparecido tocaor Pedro Bacán, tomó asiento al lado
del tocaor Antonio Malena. Es una mujer que tiene su público. Su desgarrador
primitivismo tan admirado por algunos, es menos apreciado por otros, pero aquí
en su pueblo el éxito fue rotundo. Tientos, soleá, siguiriyas y
bulerías.
Si el año pasado la superestrella de la noche fue José Mercé,
que tuvo que entrar al recinto con escolta para esquivar admiradoras, este año
Remedios Amaya no ha requerido medidas tan extremadas, aunque su aparición
en la pista causara furor. La presentadora describió acertadamente a la
trianera con raíces extremeñas como "cantaora de culto, gitanería
y ángel". Remedios fue la única cuya actuación fue observada
atentamente y aplaudida efusivamente por los demás artistas desde la zona
de los camerinos. Con el toque de Juan Diego y el respaldo de un grupo de jovencitas,
cantó tarantas a su manera, bulerías, tangos y más bulerías.
También fue la única que pudo apartarse del micro en el gran campo
atlético y que siguiera escuchándose.
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