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Las Carboneras. Especial

El tablao ‘cool’

Flamenco-world.com, diciembre de 2004
Fotos: Daniel Muñoz

Ni cabezas de toros, ni abanicos, ni estampas andaluzas. Las Carboneras se ha decantado por refrescar el concepto de tablao... en la forma, pero no en el fondo. Cambia la decoración, cambia la cocina, pero no cambia el arte. La concurrida sala, inaugurada hace tres años en los bajos del Palacio del Conde de Miranda -un edificio del siglo XVII situado cerca de la Plaza Mayor de Madrid- ofrece diariamente cante, baile y toque flamenco en vivo, interpretado por un cuadro estable y por las estrellas invitadas que puntualmente pasan por el escenario. Rafael Amargo, Belén Maya, Domingo Ortega, Alejandro Granados, Rocío Molina, Montse Cortés, El Falo, Canito... forman ya parte del plantel de artistas que ha impregnado de su arte este escenario, que también es un restaurante especializado en ‘delicatessen’ españolas, una activa sala de exposiciones y un aula para la formación del neófito. Las Carboneras apuesta por la versatilidad, por el dinamismo y por la calidad para estar siempre a la vanguardia.

Las Carboneras nace de la idea “de recuperar los cafés cantantes de antaño, combinando una imagen y un estilo vanguardista, con lo mejor del flamenco actual”. Como explica Ernesto Díaz, uno de los socios fundadores, “buscamos a una decoradora que diera al local ese toque moderno que nos iba a distinguir, pues la innovación debía venir más por el lado de la hostelería que por el lado del arte”. La programación, de hecho, fiel a la ortodoxia flamenca, se nutre de un cuadro fijo -formado por las bailaoras La Tacha, Ana Romero y Manuela Vega, los guitarristas Paco Cruz y Fernando de la Rúa; y los cantaores Ángel Gabarre y El Falo- y de estrellas que puntualmente ofrecen su propuesta en este foro. Bailaores de la talla de Domingo Ortega, Juan Andrés Maya o Belén Fernández han puesto ya de pie a la audiencia de este tablao como artistas invitados. Con lo cual, conviene estar siempre atento a la agenda en www.tablaolascarboneras.com

Y ya al margen del arte que brinda el escenario, desde el atuendo de los camareros hasta la presentación de los platos distinguen al local con un agradable toque de modernidad. Según afirma Díaz, había que poner el acento en la cocina: “Trajimos a la cocinera del Villa de Madrid y contratamos a un maître que ha resultado ser el alma del local”. Y cierto es que, además de buen flamenco, Las Carboneras ofrece un menú de alta calidad en originales presentaciones, basado en la cocina tradicional española y regado con buenos caldos nacionales. Por supuesto, no faltan ni la sangría ni la tortilla española.

Pero Las Carboneras va aún más allá. El local “es un espacio vivo, una idea en constante movimiento, buscando siempre la manera de dar espacio al arte”. Y lo hace en todas sus dimensiones. Como sala de exposiciones, cuenta siempre con el trabajo de algún autor gráfico o plástico cuyo tema de inspiración sea el flamenco. ‘Mirando los Ojos Flamencos’, fotos de Jorge Sánchez Fontaneda; ‘Anécdotas de un deseo’, fotos de Ari Alexis Patacuás; ‘Retratos, dibujos de Diego Agudo Pinilla; ‘Flamencas’, pinturas y esculturas de Candy Román... son algunas de las muestras que han pasado por esta ‘galería’. También ha sido escenario para actos diversos, como presentaciones para la prensa de discos, como los últimos de José Mercé, y hasta de películas.

Además, también da un lugar destacado entre sus actividades a la formación. Cada vez es más demandado por el público que visita el tablao lo que denominan ‘leisure’, “una clase introductoria de cuarenta minutos que imparten un bailaor, un guitarrista y un cantaor en varios idiomas, pues consideramos importante dar a la gente la oportunidad de hacerse una idea aproximada de en qué consiste este arte”. Y no sólo presta atención al neófito, sino también al aficionado ‘autóctono’, el público “más difícil de contentar”. El tablao quiere reservarle sitio para que se deleite con el mejor cante, faceta del flamenco menos digerible para el no iniciado. Y es que las necesidades, gustos y preferencias del público van marcando el devenir de este tablao, que constantemente se reinventa para su público. Aproximadamente, son ya unas veinticinco mil personas de todo el mundo las que visitan anualmente este céntrico espacio para el flamenco en vivo, con lleno total muchas noches.

Una noche en Las Carboneras

Madrid. Julio. Viernes noche. El calor apenas ha dado tregua. Las calles de la ciudad se llenan de noctámbulos en busca de algún oasis en el que recalar. Y Las Carboneras es más que un oasis. A espaldas de la Plaza Mayor, asomado a una recoleta plazuela llena de historia, se encuentra este tablao cuya fachada ya hace intuir su diferencia. Todas las sospechas se confirman al pasar la puerta de entrada. La sala está dispuesta como un restaurante con estilo y, salvo por el escenario, a cuyo semicírculo se asoman todas las mesas, poco hace sospechar... del flamenco. La decoración es sencilla y, a la vez, acogedora, con ese aire moderno de los locales de capitales cosmopolitas. Ante todo, destaca que prescinda de tópicos ornamentos como el decorado andaluz, el cartel de toros o el abanico.

 
   

Tardarán poco en llenarse las mesas, unas con japoneses, otras con jóvenes de nacionalidad indefinida, algunas con público autóctono... y esa de allí presidida por un comensal de excepción: el guitarrista Pepe Habichuela. Sí, es que por lo visto, no es infrecuente encontrar aquí de público a primeras figuras del flamenco. ¿Qué mejor aval? Mientras los camareros sirven las comandas -para unos cena completa, para otros una selección de tapas y vinos-, sobre el fondo del escenario se proyecta un montaje audiovisual con una selección de los mejores momentos del tablao (por cierto, disponible en DVD: AAVV. Tablao Las Carboneras). Entre plato y plato, también es el momento de echar un vistazo a las pinturas y fotografías expuestas en los muros. Ese día se combinaban los lienzos de Candy Román y las fotos de Patacuás. Pronto aquéllas escenas tomarían vida sobre el semicírculo de madera...

Las luces se apagan y los integrantes del cuadro van a sus puestos: Manuela Vega, Ana Romero y La Tacha al baile; El Falo y Leo Triviño al cante; Paco Cruz y Fernando de la Rúa a la guitarra; y, como invitado especial, el bailaor David Paniagua, uno de los discípulos aventajados de Antonio Canales. Entre ellos, hay comunicación, hay ‘feeling’... y de ese bienestar se impregna inmediatamente toda la sala. El número de apertura caldea el ambiente con una vueltecita por tangos de cada bailaor. Los cantaores calientan la garganta: El Falo con su eco antiguo, delicado y esas letras olvidadas que gusta rescatar; Leo Triviño con su quejío camaronero. El clima es el adecuado para los números solistas. Ana y Tacha bailan con profundidad, sin perder nunca de vista a la audiencia. La soleá de Manuela Vega conmueve al respetable, sentida, solvente. Y pone la guinda el invitado, con unas alegrías ora sutiles, ora pirotécnicas, que expone con hombría y elegancia. Tampoco falta el paréntesis de jaleos cantados a coro por las bailaoras, a la antigua usanza, y el fin de fiesta final, con momentos para el lucimiento de todos. Los sentidos han quedado colmados. La entrega de los artistas ha sido total, cercanos, casi cómplices. Y los rostros de satisfacción llenan la sala. Las luces vuelven a encenderse. Se apuran las copas de vino. David Paniagua recibe el plácet de Pepe Habichuela. Los artistas, ya vestidos de paisano, celebran la noche con un brindis. De puertas para afuera, las calles madrileñas son ahora otro bullicioso ‘tablao’, con la noche de verano por telón de fondo.

 

Más información:

www.tablaolascarboneras.com

 
 
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