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CARLOS SAURA: RODAJE DE ‘IBERIA’. ESPECIAL
¡Flamenco...
se rueda!
Silvia Calado. Madrid, enero de 2005
Motor. Rueda. La claqueta da el aviso. Y Carlos
Saura, la pauta: “Como si estuvierais en casa”.
Acción. La brillante tarima de madera comienza a ser
acariciada. Los espejos reflejan la imagen de un grupo de
pequeños bailarines vestidos de calle, capitaneados
por Aida Gómez. Las luces crean el espacio, son cálidas,
ígneas. Y ellos avanzan al son de las primeras notas
de ‘Sevilla’ de Isaac Albéniz, convertidas
para la ocasión en unas sevillanas por la guitarra
de José Antonio Rodríguez.

Paco Mora baila en el
plató de 'Iberia' (Foto Daniel Muñoz)
17-1. Toma 2ª. Con esta escena concluye la película
‘Iberia’, un musical que recrea las ‘nouvelles
impressions’ del compositor catalán desde el
prisma del flamenco, con motivo del centenario de su obra
cumbre. No es casual un ‘fin de fiesta’ por sevillanas
que, según el director, “musicalmente siempre
me han parecido preciosas”. Y lo que suena en el plató
esa mañana de enero en la que el rodaje toca a su fin,
hace verdadero honor a la declaración recogida en el
libro de fotografías ‘Flamenco’.
Ajenos al mudo trajín del estudio, los bailarines
siguen avanzando despacio, erguidos los cuerpos, curvados
los brazos, tensos los semblantes. Desde la mesa de control,
la mirada atenta del cineasta, velada por un sombrero negro,
parece guiarlos hacia su propio reflejo. Las cámaras
los siguen de frente, de costado, desde arriba, a ras de suelo...
fisgonas, impertinentes. Sin transición, el grupo se
ha dispersado convirtiendo la escena en una reunión
callejera, donde se habla por sevillanas. Primera. Segunda.
Y a la tercera se forma de súbito un corrillo y hace
aparición el poderoso empaque de Paco
Mora, el Herodes de la película ‘Salomé’.
Cuando lo descubrió Carlos Saura, reconoció
que “desconocía que existiera un bailaor de esa
estructura: grande, sólida, potente, viril”.
Y no ha querido privarse de él en esta nueva cinta.
Cuarta.
Carlos Saura, epicentro
Hay que volver a repetir, así es el cine de puntilloso.
El director desciende a la tarima. Su figura destaca entre
la variada multitud de actores, como iluminada por no se sabe
qué foco. Todo gira a su alrededor. Con un brazo extendido,
redibuja la línea de movimiento que ha de seguir Paco
Mora. Como señala el propio bailaor, “Carlos
Saura tiene una gran virtud y es que sabe muy bien qué
quiere sacar de cada número, de cada artista y de cada
rincón de luz que hay en el escenario”. Se pide
colocación para la segunda. Acción... Corten.
El director baja a hablar con Aida Gómez. La indicación
es más de actitud que de forma. Y así, dice
su voz serena, justo antes de que vuelva a sonar la claqueta:
“Recordando: alegría y ánimo”.
Jóvenes bailarines
en el rodaje de 'Iberia' (Foto: Daniel Muñoz)
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El director ante los monitores
(Foto: Daniel Muñoz) |
La guitarra de José
Antonio Rodríguez es, de nuevo, un placer. Percusión
y bajo flanquean la clarividente ‘bajañí’,
cuyas creaciones son tan del gusto de las grandes compañías
de danza de hoy. Cálida la luz. Cálido el toque.
En la tarima, ‘dejà vu’. Niños,
niñas, chicos, chicas, hombres, mujeres... por sevillanas.
“¿Por qué no se habla de sevillanas en
el mundo del flamenco? ¿A qué viene ese desprecio?”.
Con o sin respuesta, Carlos Saura continúa en el empeño
de integrarlas con honores en el flamenco... igual que ahora
a Isaac Albéniz quien, como sus coetáneos Manuel
de Falla y el grupo de poetas de la Generación del
27, se cuidó de bañar su obra del elemento popular
español y, concretamente, andaluz.
“¡Con alegría, por favor!”. Carlos
Saura hace más énfasis en la petición.
La toma suena a definitiva. Sea. ...segunda, tercera y cuarta.
Todos caminan lentamente hacia la tarima de los músicos,
casi conteniendo la respiración. Denso silencio. Y
al fin se oye el esperado “¡muy bien!” del
director. Gritos. Aplausos. Alboroto. Fotos para el recuerdo.
El rodaje está casi listo, tras intensas jornadas de
trabajo.
Continúa
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