FESTIVAL SUMA FLAMENCA 2006. CARMEN LINARES

Broche de oro

Silvia Calado. Madrid, junio de 2006

‘Falla y Lorca’. Carmen Linares: cante. Cuarteto Eos: guitarras clásicas. José Manuel León, Eduardo Pacheco: guitarras flamencas. Tino di Geraldo: percusión. Martín García: contrabajo. Festival Suma Flamenca 2006. Teatro Albéniz. Madrid, 11 de junio de 2006. 19 horas

Las calles de Madrid estaban desiertas. Hacía apenas unos minutos que el tenista español Rafael Nadal se hacía con su segundo triunfo en Roland Garros y miles de personas estaban pegadas a las pantallas del televisor. Parecía poco probable que ese domingo a las siete de la tarde el flamenco fuera a convocar a un millar de personas. Pero no imposible. Carmen Linares fue recibida con un casi lleno en el Teatro Albéniz. Y es que la ocasión lo merecía. Por una parte, porque estrenaba una nueva versión de su ya fructífero encuentro con ‘Falla y Lorca’. Por otra parte, porque clausuraba la primera edición del Festival Suma Flamenca 2006, que ha dejado un suculento reguero de recitales de cante, baile y toque por buena parte del territorio madrileño.


Carmen Linares con el cuarteto de guitarra Eos (Foto: Daniel Muñoz)

La novedad. Carmen Linares venía a aportar el único ‘estreno’ del festival. Retomaba al poeta Federico García Lorca y al compositor Manuel de Falla, pero este vez con el acompañamiento de un cuarteto de guitarras clásicas. Con tan sedoso respaldo, la cantaora jienense se presentó en pie, dando apenas pinceladas de ‘El amor brujo’. Tal como entró, vestida de noche en brillante rojo, desapareció. Dejó su vacío más de lo deseable, mientras aprovecharon las guitarras para caldear el ambiente con ‘La danza del fuego’. La voz vuelve sólo para susurrarle al “fuego fatuo”. Otra vez se ausenta. Y al fin retorna para tomar asiento y dejar reposar su voz herrumbrosa. “¡Venga Carmen!”. Así la quería ver el público, reinando entre las cuatro guitarras, con las dos manos contra el pecho y supurando cante. Del ‘Café de Chinitas’ al ‘zéjel’ de las tres morillas, de la nana del ‘Galapaguito’ al ‘¡Anda, jaleo!’. Elegancia, belleza, maestría.

Lo clásico. A la vuelta del descanso, ‘la dama del cante’ se presentó arropada por su grupo flamenco para dar un repaso al repertorio de su último disco ‘Un ramito de locura’. Y fue esta propuesta, la sencilla, la clásica, la flamenca, la que volvió loca a la variopinta audiencia. Carmen Linares continuó con su progresión, cada vez a más. Arrancó sumando toda la energía de su banda: con los coros, guitarras, percusiones y contrabajo. Enérgica romera. Desvió el recorrido desde tierras gaditanas hacia el interior andaluz. Cantes de Lucena y rondeña. Estremecedora. Una imaginativa introducción musical de José Manuel León inicia la ‘Milonga del forastero’, espacio en el que se diluyen las fronteras entre cantaora y cantante, entre flamenco y música. Guitarras, percusiones y contrabajo la respaldaron también en las soleares de Triana, esas del terremoto atribuidas a un discípulo de Silverio Franconetti. La taranta sí era propicia para la soledad de la sonanta. Cante y toque sin aderezos. Directo al alma. La fiesta vendrá luego, por bulerías, unas bulerías prolongadas en las que todos, uno por uno, se lucieron y festejaron que la cantaora Carmen Linares también ganó.

 

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