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La Casa del Maestro,
un hotel con alma flamenca
Flamenco-world.com
La torre mudéjar de Santa Catalina, la Iglesia del Cristo de Burgos,
la casa natal de Velázquez, la Plaza de la Alfalfa, la Casa de Pilatos,
la Iglesia de San Ildefonso... y, entre tamaño repertorio monumental, La
Casa del Maestro. Escondida en un recoleto pasaje del corazón histórico
de Sevilla, la que fuera residencia del guitarrista Manuel Serrapí Sánchez,
Niño
Ricardo, tiene abiertas de par en par sus puertas a quienes buscan respirar
la esencia del flamenco desde que, coincidiendo con el cambio de milenio, se habilitara
como hotel... un pequeño establecimiento donde el encanto está en
la tradición, la calma y la familiaridad.
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Patio de la casa
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Una placa de azulejo, homenaje brindado por la Peña Niño Ricardo,
prepara para la inmersión en un edificio decimonónico que, según
la tradición oral, fue construido por un noble para su hijo bastardo. Pero
eso fue mucho antes de que el guitarrista sevillano, que nunca había residido
lejos de allí, adquiriera la casa, a la que sometió a reformas en
1919. Entonces fue cuando tomó el aspecto que hoy, tras los trabajos de
recuperación, luce en todo su esplendor por iniciativa de uno de los nietos
del maestro, Santiago del Castillo.
La fachada, salpicada de geranios y teñida de amarillo albero y rojo
tierra, invita a adivinar lo que se esconde tras el portón presidido por
escudo de armas. Atravesado el zaguán, el patio acoge al invitado como
un espacio de encuentro pues, iluminado por el mismísimo sol sevillano,
es donde confluyen tanto las habitaciones como las dependencias de esparcimiento
de la casa. El patio solado con baldosas antiguas en amarillo y verde, y amueblado
con forja y madera, ora se ofrece para un desayuno, ora como centro de operaciones
para preparar la ruta turística de la jornada. Como estancia contigua de
descanso, el salón invita a la lectura, al aperitivo, a la tertulia...
y, por supuesto, a la escucha y disfrute de la guitarra de Niño Ricardo,
quien marcó el camino a la generación integrada por actuales maestros
como Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar y Serranito.
Antes de emprender el ascenso, es obligada una mirada hacia las alturas para
apreciar elementos como las vigas originales de madera, los soportes forjados,
las barandas, los farolillos, las paredes estucadas, el portaje, el tragaluz de
cristal. Y un detalle previo paso a las escaleras: la vitrina de cristal que exhibe
un traje de luces de El Cordobés. Esta emblemática pieza, cedida
por el torero, aporta cierto talante museístico al hotel. Además
de este traje, también se expone el cedido por el diestro malagueño
Javier Conde en una vitrina gemela de la primera planta, a lo que se suma una
colección de fotografías procedentes del álbum de Niño
Ricardo que salpica las paredes de todo el edificio. El guitarrista con Juan Valderrama,
con Lola Flores, con La Niña de los Peines, con Pepe Pinto...

Traje de luces de Javier Conde
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Habitación Tierra Marinera
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De 'Tierra marinera' a 'Sierra Nevada'
Coherente con la esencia de la casa, los nombres de las composiciones del maestro
bautizan cada una de las doce habitaciones repartidas entre las tres plantas y
el ático del edificio. Que sean nombres y no números lo que las
diferencie, da idea de la personalidad de cada una de ellas. 'Nostalgia flamenca',
'Ezpeleta', 'Tierra marinera', 'Recuerdo a Sevilla', 'El emigrante', 'Sierra Nevada'...
brindan ambientes únicos en su variedad decorativa. Como denominadores
comunes: por un lado, el justo equilibrio entre tradición y elegancia;
por otro, el detallismo... Un carácter que se hace extensivo a la atención
de las habitaciones.
Y Sevilla está siempre dispuesta para el disfrute sensorial... allá
al final de la escalera. La azotea brinda una inmejorable vista de la ciudad hispalense,
la ciudad con el mayor casco antiguo de toda Europa. Con La Giralda presidiendo,
con El Salvador y con San Ildefonso escoltando, la panorámica resulta insuperable.
Paco de Lucía, Pepe de Lucía y Estrella Morente son algunos de los
artistas flamencos que no han querido perderse el espectáculo... ni el
placer de disfrutar de La Casa del Maestro.
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