CHANO LOBATO, ‘YO
SOY DEL 27’. FLAMENCO EN EL TEATRO DE LA MAESTRANZA
DE SEVILLA. ESTRENO
Chano, “gaditánico”
del 27
Carlos Sánchez. Sevilla, 27 de marzo de 2007
‘Yo soy del 27’. Cante:
Chano Lobato. Baile: Rocío Molina.
Guitarra: Los Habichuelas. Grupo de Chano Lobato: Juan
Carmona ‘Habichuela’ y Juan Carmona ‘Habichuela
Jr.’, al toque; Juan Carmona Jr., a la percusión.
Grupo de Rocío Molina: Paco Cruz y Juan Requena,
al toque; Antonio Campos y José Valencia, al cante;
Guadalupe Torres y Popi, a las palmas; Sergio Martínez,
a la percusión. Guión y dirección
artística: José Luis Ortiz Nuevo. Flamenco
en el Teatro de la Maestranza. Sevilla, 27 de marzo de
2007. 21 horas

Chano Lobato en 'Yo soy del
27' (Foto Antonio Cid)
El Teatro La Maestranza abrió
de nuevo sus puertas al flamenco para ser testigo fehaciente
de un emotivo y sincero homenaje a la figura del cantaor
gaditano Juan Ramírez Sarabia, conocido artísticamente
como Chano
Lobato. Perteneciente a esa nutrida generación
de artistas del 27. El guionista y director artístico
José Luis Ortiz Nuevo quiso rendir pleitesía
a un artista que lleva bastante más de medio siglo
subido a los escenarios. A sus casi ochenta años
de edad, el artista de la Tacita de Plata sigue al pie
del cañón con esa gracia y esa solera que
lo caracteriza. Y es que el hecho de subirse a las tablas
de cualquier teatro le da vida.
En este día señalado, el
cantaor gaditano vino acompañado de la estirpe
guitarrera de Los
Habichuela y del baile de futuro de la malagueña
Rocío
Molina. Juventud y veteranía se intercalaron
en un espectáculo que hizo las delicias de un público
entregado que abarrotó el inmenso coliseo sevillano.
“Matemático, cómico,
lírico, científico, veloz… y gaditánico.
Exacto, preciso, magnífico, maravilloso, imponente,
cromático, gustoso… y gracioso”. Son
algunas de las palabras con las que Ortiz Nuevo principió
la noche. Todo un baúl de términos con los
que contextualizó la figura del artista gaditano.
“Jondo, quejumbroso… y siempre vivo en el
costado izquierdo del compás”. Bellas palabras
que remarcaban el perfil del incombustible artista de
la Bahía. Al compás del recitar del poeta
de Archidona, Rocío Molina dibuja diferentes movimientos
y posiciones. Mientras tanto, Chano y ‘Los Habichuela’
se encuentran sentados a la izquierda del proscenio, cual
espectador que contempla con interés el transcurrir
de la escena.

Chano Lobato con Juan Habichuela
y José Luis Ortiz Nuevo en 'Yo soy del 27'
(Foto Antonio Cid)
Ortiz Nuevo desmenuza un espléndido
espectrograma sobre la historia y la vida artística
del homenajeado. Nombres, lugares y momentos consustanciales
a la existencia del cantaor milenario. El poeta y el cantaor
se funden en un abrazo. Ambos se sitúan en una
pequeña taberna improvisada junto al clan de los
Habichuela. Chano se arranca con unos tangos “reposaítos”.
Como a él le gustan. Unas letritas para luego meterse
al público en el bolsillo con mil y una historias.
Como la de “Curro de Utrera y su perro” o
la del “Cohete”. El público disfruta
con esa idiosincrasia tan natural y espontánea.
Ahora, otro poquito por soleá. Para luego contarnos
la historia de la “Reina de España con el
Gitanillo de Cai”. ¡Qué arte más
grande! Como lo que cuenta sobre Ignacio Ezpeleta y su
famoso “Tirititrán”. Ese principio
de las alegrías que según Chano, “los
flamencólogos denominaron unos juguetillos o reminiscencias
de los caracoles. Pero que en realidad se debe a una borrachera
de Ezpeleta”. Esto le sirvió para cantar
un poquito por alegrías para que Rocío Molina
se diera su “vueltesita”.
La joven bailaora malagueña se
adentró en el terreno de la soleá bajo el
prisma del metal de José
Valencia y Antonio Campos. Cedazo de jondura para
ofertar sobre la danza un mosaico de detalles y pensamientos.
De nuevo, el Hijo Predilecto de Cádiz
toma el protagonismo. Ahora con un “cachito”
por malagueñas, “porque en el teatro todo
lo que se tiene por escrito hay que hacerlo”. Ya
que en realidad, el maestro gaditano quería un
poquito de fiesta. Esta llegó más tarde,
pero antes era el momento de la historia del “pulpo
Jacinto”. El protagonista de la noche pidió
fiesta al Maestranza por tanguillos, era el momento de
la despedida. Todo el teatro se puso en pie para brindarle
un sentido aplauso a uno de esos genuinos artistas en
peligro de extinción. Chano, “gaditánico”
del 27.