14º FESTIVAL FLAMENCO
CIUTAT VELLA 2007. APERTURA
El festival ‘malvado’
Silvia Calado. Barcelona, 22 de mayo de 2007
Festival
Flamenco Ciutat Vella 2007. Programa completo de actuaciones
Nada de lo que sucede en el Festival
Flamenco Ciutat Vella es usual. Ni la programación,
ni el cartel, ni el escenario, ni el público, ni
la organización... Ni siquiera la apertura. ‘La
fanfara malèfica’, con una mezcla de pasodobles
y otras ‘agradables maldades sonoras’, viene
desde la calle atrayendo al público. Como el flautista
del cuento. Entran en el Pati de les Dones, se dispersan
entre la gente que, sin querer, ya está formando
parte del festival. Cumple ya catorce ediciones, de las
que Luis Cabrera, fundador de Taller de Músics,
hace un balance, por supuesto, positivo. Y no es para
menos, pues ha logrado movilizar el ambiente flamenco
de Barcelona y alrededores. Y lo ha hecho con una perspectiva
abierta, fuera de la enclaustrada -“aunque necesaria”-
ortodoxia. De ahí el lema de esta edición:
‘Maldades’.

La fanfara malèfica
(Foto Daniel Muñoz)
Un diablo verde anuncia el cartel que,
como explica Cabrera, tiene como plato fuerte el homenaje
a Carles
Benavent, “un músico que hace relativamente
poco tiempo creó la manera de tocar el bajo eléctrico
en flamenco. Se ha tomado como un estándar, pero
antes no existía. Y hay que reconocerlo”.
Pepe Habichuela & Josemi Carmona, Son de la Frontera,
Israel Galván, El Junco, Ultra High Flamenco, José
Maya... también aparecen en el programa principal,
que se desarrolla cada noche hasta el próximo sábado
en el patio del Centro de Cultura Contemporánea
de Barcelona (CCCB), situado en el Barrio del Raval, “un
centro de agitación cultural de la ciudad, donde
conviven exposiciones, conferencias y todo tipo de encuentros
sobre cultura, sociedad, arte, filosofía...”.
Además, si levantan la mirada y observan la cristalera
que está tras la grada, se ve reflejado el mar.
Luis Cabrera, fundador
de Taller de Músics
(Foto Daniel Muñoz) |
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Pero el festival va más allá.
Cada tarde hacia las ocho en el hall, un curioso recinto
subterráneo enmoquetado de rojo, se abre un escaparate
para jóvenes cantaoras catalanas. A medianoche,
para la rumba. Se espera que cada jornada participen unas
mil doscientas personas en el festival. Mil doscientas
personas de “público transversal”.
Esa moderna palabra las define. Aunque, traducido, podría
decirse que son eminentemente jóvenes, sin prejuicios
y de lo más ‘bailongos’. La cifra no
crece por razones de espacio, por lo que “nuestro
crecimiento está en la calidad de la programación”.
Y en esta decimocuarta edición comenzó con
una curiosa mirada a los orígenes.
El grupo leridano Rumberes dels Garrotan
reivindica no sólo la rumba catalana, sino la existencia
de un flamenco tradicional catalán... en catalán.
Y es que, según explica el director musical del
grupo, existen comunidades gitanas que sólo aprendieron
el idioma español con la represión franquista.
Así que sus letras por tarantas, guajiras, garrotín
y, por supuesto, rumbas son en la lengua de sus ancestros.
Aunque el acompañamiento musical, salvo cuando
toma asiento la guitarra flamenca, sea de ‘chimpún’.
También aparecieron en el concierto de presentación
el grupo La Troba Kung Fú, un grupo ecléctico
que entreteje la rumba catalana con estilos tan dispares
como el funky o el reggae. Tienen ya su público
que tararea las letras y que se menea al ritmo que marca.
Sea cual sea. No tardaron en desaparecer las sillas. ¡A
bailar!

La Troba Kung Fú (Foto
Daniel Muñoz)