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FESTIVAL FLAMENCO CIUTAT VELLA 2008
FERNANDO TERREMOTO · RAFAELA CARRASCO

Exquisitez

Silvia Calado. Barcelona, 24 de mayo de 2008

Hall, 20 horas. Agustín Carbonell 'Bola' (guitarra) con Morito (cajón). Pati de les Dones, 22 horas. Fernando Terremoto (cante) con Alfredo Lagos (guitarra), Bobote y Eléctrico (palmas). Compañía Rafaela Carrasco , 'ConCierto gusto': Rafaela Carrasco (baile), Jesús Torres (guitarra), Juan Antonio Suárez 'Cano' (guitarra), Juan José Amador Jr (cante), Miguel Rosendo (cante), Nacho Arimany (percusión). Hall, 24 horas. Los Manolos (rumba). Centro de Cultura Contemporánea. Barcelona, 24 de mayo de 2008


Rafaela Carrasco (Foto Daniel Muñoz)

"No con cierto gusto, sino con mucho, muchísimo gusto, un gusto exquisito". El director del Festival Flamenco Ciutat Vella, Luis Cabrera, no pudo contener el comentario por microfonía al término de la actuación de la Compañía Rafaela Carrasco. La bailaora sevillana y los suyos clausuraron la decimoquinta edición del festival barcelonés con su última creación, 'ConCierto gusto'. El espectáculo, cuyo estreno tuvo lugar en el pasado Festival de Jerez, fue degustado con irrefrenable entusiasmo por una audiencia que dejó claro que tiene el paladar fino, que controla la tipología del aplauso, que no es lo mismo lo correcto que lo excepcional. Y eso, siendo este público tan joven, tan urbano.

Aunque el graderío ya fue pateado -por primera vez en la semana- tras los cantes de Fernando Terremoto. El jerezano se situó esta vez en primer plano, tras el 'aperitivo' que el año pasado ofreció en el mismo escenario colaborando con Israel Galván en 'La edad de oro'. Lo que no cambió fue la guitarra, la de Alfredo Lagos, cuyo acompañamiento es siempre tan musicalmente interesante. Su toque y el extraordinario compás de Bobote y Eléctrico, flanquearon al hijo de Terremoto en el prólogo, una vibrante soleá por bulerías, pero de las de verdad, dejando caer los versos, dejando las palabras a merced del viento. La malagueña confirmó las sospechas de lo que puede dar de sí el instrumento del cantaor. Y ahora tocaba control, medida, dosificación en el ondular los tercios. La seguiriya puso en evidencia lo sibarita que es escuchar a un hombre cantar algo tan de dentro. Y, como viene autoamplificado, en los fandangos salió al borde de la tabla dejando atrás los enchufes. Cante al natural, sin intermediarios... buscando lo bonito, como si un barítono fuera. Vuelve la 'sinfónica' para la bulería final. "¡Esas manitas!", gritan desde el patio.   Seísmo a compás... con vueltecita incluida. Locura general.


Fernando Terremoto (Foto Daniel Muñoz)

Y así las cosas, comenzó un ratito después, lo justo para visitar el ambigú, la propuesta de baile... y de toque y de cante y de música percutida. Pues Rafaela Carrasco tiene el comportamiento de un músico más de una orquesta en la que el escucharse y el disfrutarse unos a otros es tan importante como lo que se interpreta. Ahí está la clave del gusto. Claro que para eso es preciso tener un 'cuadro' de alta calidad, como es el caso. Las dos guitarras son solistas de postín, ambos con disco recién sacado a la calle: 'Viento del Norte' el de Jesús Torres ; y 'Son de ayer' el de Cano . Y de los que, respectivamente, interpretaron piezas en el espectáculo. Unas para ser danzadas y otras para ser escuchadas tanto por el público, como por los compañeros.

Los sonidos interculturales que Nacho Arimany tiene ya plasmados en su álbum 'Silence-light' también afloraron. Y fue en uno de los momentos culmen del montaje, a dúo percusionista y bailaora, compartiendo el suelo como instrumento. Una auténtica gozada. Momentos brillantes también brindaron los dos cantaores, con sus tesituras complementarias y su ágil adaptación a retos como los fandangos finales, que se cantan por otros compases... sin dejar de ser fandangos. Cosa fina. Y Rafaela Carrasco... que estuvo, sencillamente, pletórica. El prólogo de abstracto mantón, el solo 'canítico', la vibrante soleá, el fandango con bata de cola... La audiencia asimiló y retozó ese lenguaje corporal tan suyo, su particular léxico de escorzos, su virtuosismo taconeador, su equilibrio entre el ayer y el mañana, su coherencia escénica. Y las gaviotas, aportando arreglos. Y las nubes aguantando la emoción hasta el último ole. Fue entonces cuando, al fin, comenzó a llover en Barcelona.

Acabó (casi) entonces el Festival Flamenco Ciutat Vella 2008, en una jornada que en el Hall tuvo su preámbulo de guitarra a cargo de Agustín Carbonell 'El Bola' y su 'the end' rumbero por Los Manolos. Aún queda mañana la entrega de premios de la primera edición del festival audiovisual flamenco P'Alucine 2008, cuya gala en el Teatre Llantiol guarda una última sorpresa musical, el encuentro entre los sonidos electrónicos de Artomatico Flamenco y los metales de la Bandaèria, una de esas maldades que tanto gustan en esta programación desprejuiciada. Ahora sólo le falta lo que tienen los macrofestivales andaluces: saber importar audiencia, estar en el mapa, abrirse a otras gentes, a otras lenguas, a otros mundos. Que no quede ni un hueco en las gradas.

Ciutat Vella 2008. Galería de fotos (4), por Daniel Muñoz

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Rafaela Carrasco
(Foto Daniel Muñoz)
Rafaela Carrasco
(Foto Daniel Muñoz)
El Bola
(Foto Daniel Muñoz)
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Rafaela Carrasco
(Foto Daniel Muñoz)
Fernando Terremoto
(Foto Daniel Muñoz)
Rafaela Carrasco
(Foto Daniel Muñoz)
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Jesús Torres
(Foto Daniel Muñoz)
Fernando Terremoto
(Foto Daniel Muñoz)
Jesús Torres
(Foto Daniel Muñoz)
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Nacho Arimany y Rafaela Carrasco
(Foto Daniel Muñoz)
Rafaela Carrasco
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Juan Antonio Suárez 'Cano'
(Foto Daniel Muñoz)
 
 
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