FESTIVAL FLAMENCO CIUTAT VELLA 2009. MORENTE & TOMATITO
Un ole x 30 años
Silvia Calado. Barcelona, 19 de mayo de 2009
Enrique Morente: cante.
Tomatito: guitarra. Lucky Losada: cajón.
16º Festival Flamenco Ciutat Vella. Centro de Cultura
Contemporánea, Hall. Barcelona, 19 de mayo de 2009.
21:00 horas
El concierto con el que Taller de Músics
celebraba sus 30 años de “activismo musical”
huyó, fiel a su filosofía, de la típica
pompa de las grandes efemérides. Salvo por la presencia
de autoridades políticas y el correspondiente equipo
de seguridad, la fundación optó por todo lo
contrario. Un escenario íntimo, el Hall del Centro
de Cultura Contemporánea de Barcelona, un limitadísimo
aforo para tan sólo cuatrocientos privilegiados,
y un cartel sencillo de cantaor con guitarra. Y ahí
estaba la grandeza de la celebración: en qué
cantaor y en qué guitarra. Eran nada menos que Enrique
Morente y Tomatito,
juntos de nuevo tras su sonado mano a mano en el Carnegie
Hall de Nueva York en el Flamenco Festival USA 2005.
Y así lo contaba el mismo Morente
entre cante y cante: “Hoy se celebra el aniversario
de una labor larguísima a favor de la música.
Y nos han pedido un repertorio lo más serio y lo
más clásico posible. Para ello, nos hemos
traído nada más que la mejor guitarra que
hay”. El público volvió a enloquecer.
Y cantaor y guitarrista tornaron el frenesí en contenida
emoción por medio de una soleá con dedicatoria.
Un cante que es grande per se y que el del Albaicín
tornó aquí grandísimo. Los tercios
reventaban de existencialismo. La guitarra no le perdía
ni ojo… ni alma. Y el clima logrado llevó hasta
el clímax del recital en la seguiriya.
Hasta ese punto mágico habían
llegado tras recorrer ese cancionero-poemario que es ya
inherente a Morente; pues es él quien tiene la llave
de destilar la jondura del verso culto. Por alegrías
dijo el ‘Marinero en tierra’ de Alberti. Escuchó
los cantos de Machado por bulerías. Y consoló
el “llanto de la guitarra” de Lorca por cabales.
Dijo la palabra para que se oyera, dándole las pausas
y los silencios oportunos a cada mensaje, a cada emoción.
Tomatito le sostenía cada envite con gusto, tiento
y sabiduría, aunque lo mismo que a la audiencia,
también a él le sorprendieron casi todos los
cambios. No, no es nada predecible este cantaor capaz de
ensartar lo chaconiano y lo lorquiano en un mismo soplo
de serranía malagueña.
Todo ello lo condensaron en apenas cincuenta
minutos de concierto. Y un primer bis por fandangos, cuajado
de sentencias tan hirientes como “todo el que dice
yo soy, es porque no tiene a nadie que le diga tú
eres” de Toronjo, no consoló a la audiencia.
Ni mucho menos. Pero se resistieron. Y fueron muchos los
gritos y pitos necesarios para volver a hacerlos salir.
El epílogo puso a bailar por tangos a los saeteros.
Y la voz ya henchida del cantaor recibió el ole unísono
hasta ese punto inédito. Un ole que se entendió
más ancho que un tercio. No todos los días
se junta lo fundamental por partida doble en un mismo escenario,
en un mismo acto. Y desde aquí lo hacemos extensivo
a la organización que lo hizo posible, que hace posible
este festival, que ha hecho posible la efervescencia musical
desde Barcelona hacia el más allá… y
que ha querido poner al género flamenco en primer
plano para celebrarse. Ole.