FESTIVAL FLAMENCO CIUTAT VELLA 09. LA MACANITA • RAFAELA
CARRASCO
Fuertes. Profundas
S.C. Barcelona, 20 de mayo de 2009
Primera parte. La Macanita:
cante. Manuel Parrilla: guitarra. Chícharo, Gregorio:
palmas/ Segunda parte. Rafaela Carrasco:
baile. Cano, Jesús Torres: guitarra. Antonio Campos:
cante. 16º Festival Flamenco Ciutat Vella. Centro de
Cultura Contemporánea, Pati de les Dones. Barcelona,
20 de mayo de 2009. 21:00 horas
Dos mujeres. Fuertes y profundas. Cante,
la una. Baile, la otra. Pero música las dos. La Macanita,
la raíz, lo nuclear. Rafaela Carrasco, la sofisticación,
el detalle. Cada una con su instrumento, cada una con su
discurso, cada una con su personal modo de encauzar la energía.
Y cimbrearon ambas por igual a la disfrutona audiencia de
este Festival Flamenco Ciutat Vella 2009, que en su segunda
jornada estrenaba el escenario al aire libre del Pati de
les Dones. Pero no lo abrió ninguna de las dos, sino
una marioneta de Lola Flores, construida en 1948, que las
presentó cantando y bailando con su bata de cola
blanca y su negro pelo suelto, por bulerías.
Y entonces, la primera perla. La Macanita,
contrastando el moreno de su piel con el rojo vivo de su
vestido, entró a paso lento, sosteniendo el peso
y la cadencia de los tientos. La voz acaramelada, pero siempre
poderosa. Y a su lado, abriéndole paso, la guitarra
fundamental de Manuel Parrilla. Con el cambio a tangos,
redobla la potencia, interpreta, bracea y expulsa. Lista
para la soleá, su ser. Cante enorme en ella, con
el drama y la hondura del todo acentuadas. Tomó aire
mientras mecía la malagueña del Mellizo, alimentada
por nutritivas falsetas. Ya estaba preparada para la siguiente
embestida: la seguiriya. Y clavó los ‘ay’
como si fueran puñales. Chícharo y Gregorio
tenían las palmas listas para dar soniquete a la
bulería, dando los cuatro lecciones de cómo
sostener, vadear y jugar con el ritmo clave. Los cantes,
de antaño. Y la despedida la hizo en pie, sin micro,
bailándose y sabiéndose obligada a recordar
-por segunda vez en la noche- a una de sus insignes paisanas,
Lola.
La segunda perla fue finísima. Rafaela
Carrasco -que a última hora ocupó el sitio
de María Pagés en el cartel- confirmó
el estupendo sabor de boca que en la pasada edición
dejó con su montaje ‘ConCierto gusto’
como broche del festival. En esta ocasión optó
por una selección de perlas propias en formato intimísimo.
El cante de Antonio Campos y las guitarras de Cano y Jesús
Torres fueron toda la compañía que precisó
la bailaora sevillana para sus mano a mano con el solo ritmo
de las palmas, para dibujar una bellísima composición
de Cano, para dar aún más brillo a la malagueña
tocada por Torres, para formar escalofriante estampa al
envolverse del eco de Campos disparando el antiquísimo
cantar ‘Ven acá mujer del mundo’. Y son
su figura estilizada, la pulcritud de cada uno de los sonidos
de sus pies, su entendimiento musical y ese refinado saber
llegar y saber irse… esos detalles que hacen del admirar
a esta bailaora más que un gusto, pues trasluce toneladas
de tesón. Y es que como canta Tomasa, “no se
puede hacer camino con piedrecitas de nubes”.
Hall,
20:00 horas. Silvia Pérez •
José Enrique Morente
Silvia Pérez
(Foto Daniel Muñoz) |
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Las tardes del
Hall están este año dedicadas
a desvelar a nuevos valores del cante. Y este
primer díptico lo abrió una peculiar
cantante embaucada por el hecho flamenco. Silvia
Pérez lo sabe, que no es cantaora y hasta
se resistió a participar en este cartel.
Pero sí que tiene una interesante manera
de acercarse a sus ritmos y a sus melodías.
No es sólo la belleza de su voz, sino
esa original forma con la que arregla un tema
por alegrías o encaja un fado en una
farruca. Y atención que no sólo
canta, sino que también toca el clarinete
y el cajón sobre el que va sentada. A
su lado, enfatizando el romanticismo de su discurso,
tuvo a la guitarrista sevillana Marta Robles.
José
Enrique Morente
(Foto Daniel Muñoz) |
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La otra página
era para José Enrique Morente, el hijo
de quien la noche anterior inaugurara la programación
a lo íntimo y a lo grande. Su vástago
se defendió en estos primeros pasos que
da como cantaor. Suerte la suya por venir de
donde viene. Tan jovencito es que quizás
aún tenga la voz por cambiar, ya que
resulta finita y por matizar. Cantó pasito
a pasito, muy serio, muy comedido, probándose
en una variada gama de palos y letras muy paternos.
Acompañándolo al toque estaba
el nieto de Juan Carmona, con una guitarra de
sabor rancio y de buen sonido. Una experiencia
por la que esta semana pasarán, entre
otros, Simón Román, El Duende,
Mari Ángeles Fernández y el ya
solidísimo Jesús Méndez.
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