FESTIVAL FLAMENCO CIUTAT VELLA 2009
ESPERANZA FERNÁNDEZ • ISABEL BAYÓN
Doble feminidad sevillana
S.C. Barcelona, 21 de mayo de 2009
Primera parte. Esperanza Fernández:
cante. Miguel Ángel Cortés: guitarra. Miguel
Vargas, José Manuel Ramos: palmas. Segunda parte.
Isabel Bayón: baile. Jesús
Torres, Paco Arriaga: guitarras. Miguel Ortega, Antonio
Campos: cante. 16º Festival Flamenco Ciutat Vella.
Centro de Cultura Contemporánea, Pati de les Dones.
Barcelona, 21 de mayo de 2009. 21:00 horas
La feminidad sevillana visitó por
unas horas el corazón de Barcelona. Mujeres con curvas,
con manos que son alas, con caderas que dicen sentencias,
con brazos que fabrican brisas, con mantones, moños,
peinas y batas de cola. Aunque dicho así, parecieran
estampas de otra época. Y, realmente, quienes trajeron
esos aires de las dos orillas del Guadalquivir fueron dos
mujeres que saben hacer compatible lo tradicional con lo
personal y, por supuesto, con su tiempo. Abrió la
noche, una de esas en las que en el Pati de les Dones se
siente la humedad marina, la cantaora Esperanza
Fernández. Y lo primero que hizo fue dejar claro
de dónde procede, al menos, una mitad de ella. Sí,
sí, de Triana. Cantó cantiñas a sus
rincones, a sus artistas, a su día a día.
Que si Santa Ana, que si Cagancho, que si el adobo. Envuelta
en un mantón color oro viejo salpicado de rosas,
dijo las coplas con tacto. Y siguió recogidita en
la soleá, con tonos de albero alcalareño.
El manantial de su voz se abrió
a borbotones ya en la seguiriya, un cante con el que convulsionó
a la audiencia. Combinó los tercios de dentro, con
subidas cristalinas. Y en ambas tesituras, primó
una perfecta contención. La guitarra lo captó
todo, y tuvo sitio para brindar falsetas de la categoría
de sintética composición. Pero cuando Miguel
Ángel Cortés alcanzó su propio
clímax fue en los tangos. Los oles le llovieron al
músico granadino. Y la cantaora, entre letra y letra,
de esas trianeras con picardía y forma redondeada
que recientemente dejó grabadas en ‘Recuerdos’,
le supo dar su sitio. Entre uno y otro forjaron un cante
intensísimo, salpicado de sabihondos silencios y
de frescura desbordante. La despedida, por fuerza, habría
de ser a compás de bulerías. Y entonces Esperanza
Fernández se convirtió en un poderoso torbellino
de color coral, flecos dorados y piel morena.
La Sevilla de Isabel
Bayón es otra. Es esa que su maestra Matilde
Coral llama “plateresca”. Y, además,
la bailaora optó por su faz más recogida,
la del sentimiento profundo y el movimiento sutil. Salvo
en las alegrías finales, las que llegaron como una
explosión de color tras una historia de delicado
comedimiento. Puso movimiento y gesto al dramatismo del
martinete de La
Piriñaca. Puso movimiento y encantadora delicadeza
de bailarina a las ‘Variaciones Goldberg’ de
Bach. Y, tras una pincelada de solvente cante de Miguel
Ortega, volvió a honduras por seguiriyas. Aunque
las llevó a ese terreno en el que este palo es capaz
de desprender luz. Las mudanzas fluidas, sinuosas. Cada
pieza en su sitio, cada paso en cada nota. Más atenuada
la densidad, pero aún en la misma gama, continuó
con la farruca mano a mano con la guitarra de Jesús
Torres. Una sofisticada pieza de su espectáculo
‘Tórtola Valencia’ que encierra en sí
misma una bellísima historia. El punto de giro, como
apuntamos, no llegó hasta el final. Alegría
por alegrías. La bata de cola fucsia. La sonrisa.
La picardía. La mano. El hombro. La curva. Y toda
la grada cayó presa de su encantamiento.
Hall,
20:00 horas. Fefa Gómez •
Mari Ángeles Fernández
Fefa Gómez
(Foto Daniel Muñoz)
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Mari Ángeles
Fernández
(Foto Daniel Muñoz) |
No sólo
la juventud debería ser motivo para figurar
en el cartel de un ciclo flamenco. No si ese
factor no va asociado indisolublemente al de
la calidad. Y lo cierto es que las dos propuestas
de cante joven presentadas en el Hall el tercer
día de Ciutat Vella 2009 no lograron
el nivel suficiente. Por un lado, a Fefa Gómez
-que sustituía en el cartel a su hermano
El Duende- le faltó control. Y, por el
otro lado, a Mari Ángeles Fernández
-hija de Tomatito- le sobraron inseguridad e
inestabilidad, y no sólo en la actitud,
sino en el propio instrumento. Handicap que,
contra lo esperable, no se le ha remediado desde
que la viéramos en el Festival de Jerez
hace unos años. Ni la una ni la otra
lograron afianzar sus respectivos recitales.
Y eso que iban estupendamente acompañadas
por guitarristas de primer nivel. La una con
Juan Ramón Caro, y la otra con Chicuelo.
La pena es que la lista de cantaores y cantaoras
dotados de juventud y calidad es extensa en
la actualidad. Y dos de ellos no tuvieron la
suerte de estar aquí.
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