FESTIVAL FLAMENCO CIUTAT VELLA 2009. JOSÉ MIGUEL CERRO · DORANTES, JOAQUÍN GRILO & PASTORA GALVÁN
Juntos somos
Silvia Calado. Barcelona, 22 de mayo de 2009
Primera parte. José Miguel Cerro ‘Chiqui’: cante. Manuel Castilla: guitarra. Esperanza Rotger: piano. Segunda parte. Dorantes: piano. Pastora Galván, Joaquín Grilo (artistas invitados): baile. Juan San Juan: cante. Tete Peña: percusión. José López: contrabajo. 16º Festival Flamenco Ciutat Vella. Centro de Cultura Contemporánea, Pati de les Dones. Barcelona, 22 de mayo de 2009. 21:00 horas
Saber que el arte está por encima de proclamas políticas relaja el espíritu. Y es que fue toda una sorpresa -al menos para un andaluz nacido en la transición como es quien suscribe- la presencia de Jordi Pujol, líder ya histórico del nacionalismo catalán, en la grada de un festival flamenco… y su entusiasta aplauso. Ya sabemos que el flamenco es universal, que en todo el mundo es admirado. Pero que lo sea en esta tierra es verdaderamente especial. Pues este arte vino a Cataluña con miles de emigrantes andaluces que con su trabajo contribuyeron a su prosperidad y, de paso, a su diversidad cultural. Tanto caló el flamenco aquí, que parió a figuras tan enormes como Carmen Amaya, que hoy desde aquí se reinventa con voces como la de Miguel Poveda y que van ya dieciséis ediciones del festival de este castizo barrio de Ciutat Vella.
Sin ir más lejos, el cantaor encargado de abrir la cuarta noche de programa es, precisamente, uno de esos emigrantes andaluces. Nació en la localidad gaditana de La Línea en los cincuenta y ha hecho vida y carrera en Barcelona. Y en esta ciudad, desde las aulas del Taller de Músics, se encarga ahora de transmitir el cante a jovencísimos alumnos que van engrosando la nueva generación de flamencos catalanes. Y lo hace comprometido con las formas clásicas, tal como enfocó su recital en el Pati de les Dones. Lo primero que hizo fue rendir homenaje a Manolo Caracol, de pie junto al piano cantando el romance ‘Carcelero’. Con corrección, seriedad y asiento, ya acompañado de guitarra, se decantó por los tientos antes de pasar a la guajira dicha y salpicada de influencias de Valderrama. En las cantiñas mezcló sus propias letras, con otras como las originalmente cantadas a ritmo de sevillanas por Salmarina. Y acabó como empezó, al ladito del piano cantando una vidalita hecha a la memoria de Federico García Lorca.
Y de lo clásico, a lo abierto. Esa es la base de la propuesta de Dorantes, que desde su piano fomenta un espacio en el que músicos y bailaores puedan dialogar, expresar... emocionar. Esas tres acciones confluyeron durante un recital en el que, ante todo, primó la personalidad del sonido de
Dorantes, que va más allá del flamenco y de lo andaluz, para convertirse en algo así como atlántico. Las piezas instrumentales cautivaron per se, pero las colaboraciones de los bailaores de baile sublimaron a los presentes. Primero vino el solo de
Pastora Galván, materializando el embrujo de ‘La danza de las sombras’. Acompañada de crótalos metálicos, vestida de negro y strass, potente en pies y en cuerpo. Lo suyo no fue adornar la pieza, sino bailarla. Sin dar respiro,
Joaquín Grilo fue saliendo a escena y, del tirón, se incorporó como un músico más al grupo, aportando su apabullante modo de entender la rítmica flamenca. Ya entonces, comenzó su baile a embriagarse, a descomponerse, a autoparodiarse… y su movimiento casi eclipsó la escena. De la confluencia de la bailaora sevillana y el bailaor jerezano saltaron chispas. Y los dos, el piano y la banda entera hicieron de los sonidos de ‘Sur’ una descarga de alto voltaje, que puso eléctrico final a una velada que fue ceremonia del encuentro entre lo de aquí, lo de allí y de lo que juntos somos.
Hall,
20:00 horas. Alba Carmona •
Simón Román
Alba Carmona
(Foto Daniel Muñoz)
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Simón Román
(Foto Daniel Muñoz) |
El Festival Flamenco Ciutat Vella siempre desvela originalidades. Y eso de que un salterio acompañara por seguiriyas, por bulerías y por malagueñas a una cantaora lo fue… y mucho. La voz la puso Alba Carmona, joven barcelonesa de tostada garganta. Y el antiguo instrumento de origen persa, Marina Albero, que sorprendió con su ejecución, su dominio del compás y su gusto al trasportar el acompañamiento tradicional de guitarra a lugares tan etéreos y orientales. La confluencia de ambas resultó envolvente y una gratísima sorpresa para el oído. A la anchura del quejío de Simón Román ya estamos más habituados, pues el cantaor marbellí viene siendo habitual de Los Farruco en las últimas temporadas. De eco rotísimo, se batió con soleares y bulerías, palos en los que sintetizó su manera de hacer virtud de la imperfección.
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