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CONCIERTO BENÉFICO
CENTENARIO CRUZCAMPO
Gran flamenco solidario
Carlos Sánchez. Sevilla, 23 de
octubre de 2004
Un cartel de lujo. Un concierto único, irrepetible.
Paco
de Lucía, Sara Baras, Antonio Canales, Raúl
Fernández y SFDK. Una causa solidaria, desinteresada.
Un proyecto: la construcción de una nueva comunidad
terapéutica de atención al drogodependiente
en la provincia de Sevilla. Estos fueron los ingredientes
necesarios para una noche mágica, enduendada. Una velada
en la que Paco de Lucía demostró que no es sólo
el recientemente galardonado Premio Príncipe de Asturias
a las Bellas Artes, sino el ‘Príncipe de la guitarra
flamenca’.
Unas 14.000 personas acudieron al Estadio Olímpico
de Sevilla. Las gradas estaban abarrotadas. La ocasión
lo merecía. Por el cartel y por la causa. Los artistas
estuvieron a la altura de la circunstancias. No sólo
cumplieron, sino que deleitaron y encandilaron. El cantante
español Miguel Bosé fue el elegido para presentar
el acto.
Antonio
Canales se planta en medio del escenario. Alza los brazos
a la noche sevillana. Pases toreros al trémolo de la
guitarra. Rafael
de Utrera se arranca por soleá. El bailaor trianero
la lleva a su terreno. Serial de remates y desplantes. Zapateado
para arriba, zapateado para abajo. Sus manos reposan en la
solapa de la chaqueta. El cajón le marca el tiempo.
Sus pies luchan a contratiempo. Nada de guitarra. Abrocha
con bulerías. Arabesco. Regresa ataviado con una levita.
Aprieta los machos. Por tangos. Su baile. El trianero se explaya.
El público se entrega y regala la primera ovación
de la noche.
El baile de Sara
Baras se viste de farruca. Con pantalón y chaleco.
Los pies de la bailaora gaditana martillean el escenario con
pulcritud. El Olímpico enmudece. La isleña se
pasea haciendo alarde de su técnica. Mete los tacones
con soltura, con velocidad y con fuerza. El público
vibra. Remata la faena con un pase de pecho. Efectista. La
maestra llama a su pupilo. El joven Raúl Fernández
sale a escena. La gaditana le da la alternativa. Fernández
baila martinetes con bastón. A lo canastero. Sara regresa
por soleá, de blanco inmaculado. Con belleza y elegancia.
Helénica. Agarra su mantón
de manila cual niño pequeño. Lo alza al
aire. Lo coloca con dulzura en el centro del proscenio. Comienza
la danza. Se recoge el vestido para otra explosión
de pies. Fantasía concéntrica. Paso firme. En
ningún momento se abandona. Eleva los brazos al infinito.
Es la hora de la bulería. Torea con el mantón.
Vueltas quebradas hacia la derecha, hacia la izquierda. Llego
el momento cumbre, la carretilla final. Público en
pie.
Así lo anuncia Miguel Bosé: “Con ustedes
Paco de Lucía, Premio Nobel de la guitarra flamenca”.
El maestro de Algeciras vuelve a Sevilla un mes después
de su actuación en la Bienal. Principia por rondeña.
Cada nota, cada acorde, cada fraseo es pura fantasía.
Duende y genio. Con contundencia, peso y agresividad. Se marca
un trémolo inefable. De los de museo. El maestro regresa
a Sevilla para poner las cosas en su sitio. Melodía
envolvente con ‘Canción de amor’. Se incorpora
todo su grupo. Te queremos ver a ti solo, Paco. El maestro
hace ‘Volar’ con la idiosincrasia que le impregna
a su bajañí. Llega ‘Cositas buenas’,
tema que le da nombre a su último disco. Abrocha los
tangos con ‘Sólo quiero caminar’. El respetable
rinde pleitesía al ‘Príncipe de la guitarra’.
Él los obsequia con ‘Ziryab’. Falsetas
personales, inverosímiles. Picados extremos. Escalas
de vértigo. No hay cabida a la duda, él es Paco
de Lucía. Todos los actuantes suben a escena. Los catorce
mil aguardan un fin de fiesta que no llega. Juntos por la
causa, pero no revueltos. Gran velada.
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