Artículo histórico
flamenco. ‘Granada. El Concurso de Cante Jondo’
(1922)
Granada. El concurso de cante
jondo
Trascripción
literal de la revista ‘Nuevo Mundo’
de Madrid. Artículo firmado por Federico
García Sanchíz y publicada el
23 de junio de 1922 |
|
Cantaores participantes
en el concurso (Foto Revista Nuevo Mundo, 1922)
|
|
| |
|
Llegan
hasta mi cuarto del hotel las bocinas de los automóviles,
con su lamentación prolongada a través del
bosque alhambrino. Se enlazan, se atropellan, forman una
algarabía inquietante los quejumbrosos sonidos.
Diríase que al cabo de dos noches de cante jondo;
es decir, de no interrumpirse los jipíos en la
colina roja; contagiados, enloquecidos ya, cuantos instrumentos
podían remedar las desoladas modulaciones que serpentean
en la garganta de un cantaor, rompieron en los clásicos
sollozos de la primitiva canción andaluza. Pero
no sucede así. La lluvia, descargando de pronto
sobre la fiesta, obligó a la multitud a dispersarse,
con que la inacabable fila de coches que aguardaban se
desgranó, y de ahí al resonar de las bocinas
como trompas de caza. Y de este modo acaba el famosísimo
Concurso. Ya desierto el boscaje, el rumor del agua fingirá
la guitarra, y los suspiros de los cucos substituyen al
cante jondo. Es una serenata a la luna, tenazmente escondida
entre las nubes. La luna, tan solicitada, sin embargo,
que para que ella no faltase, no se vaciló en que
en un día 13, y martes por añadidura, se
celebrara ese rito del cante, ya de por sí misterioso
y embrujado. Por fortuna, ningún descalabro acarreó
la aglomeración de síntomas terribles. Al
lado del peligro se deslizó plácida y frívola
la zambra, como junto a la España amojamada y feroz
de Zuloaga, ríe y florece la verdadera. El chaparrón
final no pasa de un bromazo flamenco, entre compadres
que se han puesto un poco guasas...
El Concurso, en definitiva, se redujo
a oír a los profesionales, que cualquiera encuentra
en los camarotes de un colmado, y a que las faraónicas
del Albaicín repitiesen una vez más las
caravanerías que suelen servir al turista en el
teatrito de este Palace Alhambra Hotel. En cuanto a los
concursantes, viejos o niños. Semeja el cante jondo
a un asilo de ancianos desvalidos y de huérfanos.
Acudieron a la lucha varios chaveas precoces, preparados
con gramófono, y un abuelo contemporáneo
de Silverio
Franconetti, y una abuela ciega, personajes entrambos
de un patetismo pintoresco. ¿Dónde el hombre
o la mujer en su plenitud, únicos capaces de atormentarse
y de expresar el drama del cante jondo? Ese cante jondo
que debió de nacer en el corazón de una
hembra desesperada, celosa y en celo, viuda apenas maridada,
y no resignándose en la fatalidad.

Ilustración extraída
del artículo ‘Granada. El Concurso de Cante
Jondo’.
Dibujo de Tono (Foto
Revista Nuevo Mundo, 1922)
Entonces, preguntaréis: ¿nada
ejemplar y extraordinario acaeció en el Patio de
los Aljibes? Yo recordaré siempre las saetas de
un sobrino del Gallo, el torero; algunos instantes del
vejete a que me he referido arriba; y de una manera especial,
la voz, el estilo, la carátula, el dinamismo, como
el éxtasis de Manuel
Torres, con su remoquete de Niño de Jerez.
Recordaré también las guitarras de Amalio
Cuenca y del Niño de Huelva, que no en balde aprietan
la jabañá contra su corazón. Y recordaré
a La
Macarrona, onza de oro en medio de una gitanería
adulterada y cromolitográfica. Sí. Inolvidable
es tanto anhelo, desmayos y vehemencias, ecos de lejanías
de raza, del tiempo y del espacio; fervor y superstición;
simple seducción del sonido; ritmos lineales en
la carne; visiones fugacísimas en siluetas relampagueantes;
conjunto de diversos modos expresivos, absolutos, aunque
fragmentarios, ya que semejan trozos de un enorme organismo
roto, como las osamentas fabulosas hablan de una fama
desaparecida. ¿Quién logrará recomponer
la arquitectura destruida, reorganizar la liturgia que
se desvaneció, sacar de nuevo a flote la sumergida
Atlántida? Cuando menos, en el patio de los Aljibes
se ha hecho el inventario de lo que todavía conservamos,
y se ha jurado sobre las ruinas una nueva reconquista,
precisamente en la tierra donde reconquista tiene un significado
eucarístico. Manuel de Falla y su romántica
y generosa mesnada tratan de devolver al pueblo su psicología
y de intensificar la música artística con
sugestiones de un alma casi mitológica, bizantinomero-gitana.
Y comenzaron su labor el martes 13 de Junio, en la Alhambra
de Granada. No acudió la luna, pero pululaban gnomos,
hadas y hasta el diablo. Enorme el éxito de taquilla.
Ni una localidad desocupada. Y era un público disciplinado
y culto, y en el que dominaban las mujeres, muchas vistiendo
trajes de 1830, y otras con pañolones antiguos,
y todas con esa gallardía que es el privilegio
de las granadinas. Con los abanicos, rumoreaba y aleteaba
la multitud, a no ser que de pronto una copla con su emoción
los paralizase, como el alfiler del entomólogo
inmoviliza las mariposas.
Federico GARCÍA SANCHÍZ