COMPAÑÍA JAVIER
LATORRE. RINCONETE Y CORTADILLO
El ole histriónico
Candela Olivo. Córdoba, 10 de julio de 2002
Ficha artística. Coreografía y dirección: Javier
Latorre. Baile: Daniel Navarro, Nacho Blanco, Rosario Toledo, Pol Vaquero,
María del Mar Martínez, Fernando Galán, Adela Campallo, Rafael
del Pino, Laure Granados, Álvaro Paños, Clhoe Dauphil. Cante: Manuel
Maya El Chicho, Antonio Campos, Enrique el Extremeño. Guitarras: Daniel
Méndez, Ricardo Rivera. Percusión: Antonio Montiel, Sabrina. Coros:
Sabrina, Anabel Rivera. Música: Juan Carlos Romero, Mauricio Sotelo. Letras:
José Luis Ortiz Nuevo. Puesta en escena: Pepe Quero. Gran Teatro. Córdoba,
10 de julio de 2002. 22 horas.

Foto: Daniel Muñoz
La pretensión de dar contenido a una
nueva etiqueta artística provoca, como poco, escepticismo. El reto de crear
"la primera comedia flamenca de la historia" suena a camelo. Cualquiera
puede pensar que el flamenco ya encierra en sí mismo una elevada carga
humorística, que ya Pericón de Cádiz desencadenaba la carcajada
y Chano Lobato cada vez que habla y que Emilio el Moro parodiaba hasta a Pepe
Pinto e incluso María Pagés divierte en gran parte de 'Flamenco
Republic'. ¿Qué es entonces lo nuevo? Al parecer, despojar al espectáculo
flamenco de su manida carga dramática, encajarlo en un argumento cómico
y, vía música, baile e interpretación, explotar los recursos
humorísticos más universales... con eficacia. Nada menos. Y es justo
lo que consigue Compañía Javier Latorre en 'Rinconete y Cortadillo',
"versión de la novela de Miguel de Cervantes para ballet flamenco".
El montaje hace reír, según
carcajadas del público. Y lo hace con gags tradicionales del cine cómico,
con la caída, con la bofetada; también con una aguda parodia de
tics del baile flamenco; también con humor blasfemo y con humor burdo.
Pero no sólo hace reír. El montaje ofrece baile de alta calidad,
distribuido en un completo repertorio de estilos que, entre otros, incluye tanguillos,
bulerías, alegrías de Córdoba, guajiras, seguiriyas, sevillanas,
tonás. Y, además, toda la sabiduría coreográfica marca
Latorre en el entrar, salir, agruparse, relacionarse, disgregarse, monologarse
de los personajes de la obra. A destacar, por supuesto, la pareja protagonista:
Rinconete y Cortadillo: Daniel Navarro y Nacho Blanco... por baile, por interpretación,
por desparpajo.

Foto: Daniel Muñoz
Al conjunto se suma, a parte de tanta pulcritud
lumínica y escénica, una envoltura musical de primera línea
creada ex profeso para el montaje por el compositor contemporáneo Mauricio
Sotelo -que sigue estrechando su relación con el flamenco- y el guitarrista
y compositor Juan Carlos Romero. Las composiciones del primero, salpicadas de
guiños barrocos, clásicos y contemporáneos, vienen por lógica
en lata, mientras que las del segundo, se interpretan en directo por dos guitarristas
incorporados al dramatis personae, y tres percusionistas y coristas en el foso.
El cante merece comentario aparte, no ya por la justeza de la ejecución,
sino por la soltura con la que se desenvuelven en sus respectivos papeles. Mención
para el clérigo -con reclinatorio patinete- y para Monipodio, es decir,
El Extremeño.
Y todo el conjunto lleva a Javier Latorre
a conseguir con esta primera obra de la compañía que dirige -constituida
con el fin de ser institución del baile flamenco- una creación redonda,
universalmente legible, original, detallista y, ¿cómo no?, tela
de graciosa. Tras el estreno en Granada y este reestreno en Córdoba, será
"rereestrenada" en la Bienal de Flamenco de Sevilla.