VV/AA
'Rito y Geografía del Baile'
(12 DVD)

 

Maestro Otero
Biografía y comentarios de los lectores



 

Artículo histórico flamenco. ‘Los cuadros flamencos’ (1924)

Los cuadros flamencos

Trascripción literal de la revista ‘Nuevo Mundo’ de Madrid. Artículo firmado por J. Muñoz San Román y publicada el 23 de mayo de 1924

QUEDAN en Sevilla, manteniendo y no dejando caer en el olvido lo típico y pintoresco del baile y del canto genuinamente andaluces, los grupos de bailaores y cantaores de ambos sexos y de tocaores de guitarra, a que se da el nombre de cuadros flamencos.

El título no puede serles más apropiado, porque el ramillete de muchachas y el conjunto de boleros, cantaores y guitarristas, ya reunidos dentro del marco de bastidores y bambalinas de un escenario, ya entre las frondas y jardines de una venta popular, componen las más pintorescas escenas, rebosantes de la donosura y de la gracia gitana que lleva infundidas en su alma todo el pueblo sevillano.

En lo antiguo podían admirarse el baile y el cante de la tierra, bien por la costumbre de acabar en los teatros con un fin de fiesta de baile, o bien en los cafés cantantes, donde toda la fiesta era de cante flamenco y de bailes de Andalucía.

Mas luego que todo ello ha ido acabando, no hubiera sido posible mantener la tradición ni dar a conocer a las gentes ese precioso tesoro de nuestras danzas y de nuestras peregrinas canciones, si no hubieran existido esos cuadros flamencos para perpetuarlo y difundirlo.

Fue el iniciador de las artísticas agrupaciones el veterano maestro Otero, cuando, reuniendo a su alrededor a sus más gentiles discípulas y a sus discípulos más diestros, fue a la Exposición Universal de París a actuar con su cuerpo de baile y con sus tocaores y cantaores de Sevilla; y cuando más tarde, con motivo de la coronación del Rey Jorge V de Inglaterra, fue a Londres con sus discípulos. Desde entonces no han venido a Sevilla reyes y príncipes o personajes linajudos extranjeros que no hayan sido obsequiados con una fiesta típica de cante y baile por uno de los distintos cuadros que se han ido formando; ni Congreso en cuyo programa de fiestas no hayan figurado algunos de los bailes y cantes típicos, a cargo de cualquiera de los grupos que existen.

Los artistas que los forman no tienen, como principal profesión, esa de bailaores, tocaores y cantaores, como quienes no conociendo la intimidad de las cosas sevillanas podrían figurarse. Las muchachas son costureras, bordadoras, pintoras en cerámica, o simplemente mujeres de su casa. Los muchachos, profesores de música, barberos, etc.


Cuadro flamenco del maestro Otero

Los bailaores y bailaoras fueron y son al propio tiempo discípulos de los maestros Otero, Realito y Pellicer, en sus respectivas academias, y éstos los reúnen cuando se hace preciso, componiendo con los tocaores de guitarra y bandurrias el cuadro que ha de actuar. Ellas tienen siempre preparadas su faldillas típicas de faralaes, sus mantillas blancas o de madroños, sus altas peinetas, sus mantoncillos de talle o sus amplios mantones de Manila; y ellos sus pantalones ajustados, sus chaquetillas cortas, sus camisas blancas con pecheras de tiras bordadas y sus sombreros de queso o de alas anchas, sin olvidar los bailaores sus musicales palillos con flecos de seda de los colores de la bandera española, y los tocaores sus sonoras guitarras y bandurrias de la Alcaicería. Y no tiene más que avisarles el maestro para que en un santiamén esté completo el cuadro esté completo el cuadro de color y de gracia y de alegría más interesante que se pueda imaginar.

Sin estos artistas, el cante y el baile antiguos, sobre todo el último, hubieran desaparecido. Así nos lo ha asegurado el antes dicho maestro Otero, el más entusiasta de los bailes clásicos de la tierra. “Porque –dice así el hombre- las discípulas que se dedican a cupletistas o bailarinas, como a sus mamás no les interesa otra cosa que la especulación, y el público nuevo no quiere más que juguetillos y cuchufletas, por darles gusto al público y a las mamás, las chiquillas no cantan y bailan más que cuchufletas y juguetillos. Y adiós a los panaderos, alegrías, olés, martinetes y polos, trianeras y fandangos, que son los bailes y los cantes verdá; los que tienen aqué y trabajo y sentimiento y dificultaes.

Antes se cantaba y se bailaba por pura afisión, sin mirar al dinero ni a la ganancia. Yo puedo decir que antes de ganar mis primeras pesetas con el baile, lo hice de balde más de diez y seis años. Hasta que me di cuenta de que estaba perdiendo el tiempo, y pedí la parte que me correspondía entre tantos que ganaban fortunas a costa de los que éramos unos pamplinosos. Pero ahora todo es querer ganar, sin darle al arte su lao y la consideración que le corresponde, y de ahí tanta cosa endeble y tanta falta de lo popular y típico”.

Por fortuna –decimos nosotros-, aún quedan los cuadros flamencos donde perdura la afición por lo clásico, que es como decir lo serio del baile y del cante andaluz, y Dios nos los conserve muchos años, para regalo de nuestros sentidos y para manjar de nuestro gusto, tan dado a la solera y a la ranciedad de las viejas odres, en estos encantos y tesoros del alma popular.

J. MUÑOZ SAN ROMÁN

 
 
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