ESPECIAL. SERGE DIAGHILEV Y EL FLAMENCO

Les Ballets ‘Flamencos’ de Diaghilev

S.C./ Flamenco-world.com, julio de 2009

En distintos puntos del globo, entre los que no se cuenta España, se conmemora este año el centenario de la creación de los Ballets Rusos de Serge Diaghilev. Un desliz que la efeméride no afecte a este país, ya que nutrió a la célebre compañía de inspiración, de música, de danza y hasta de pintura. Una de sus obras más exitosas fue ‘El sombrero de tres picos’ de Manuel de Falla, una influyente producción cuyo montaje y estreno en Londres en 1919 envuelve la trágica historia del bailaor sevillano Félix el Loco que hace un lustro recreara el Ballet Nacional de España. Pero la compañía en la que despuntaron Pavlova y Nijinski aún fue más allá en su interés por lo jondo, pues en 1921 estrenó ‘Cuadro flamenco’ en París, una viva estampa de café cantante, que vistió y decoró Pablo Picasso, y protagonizó la bailaora María Albaicín.

El 8 de octubre de 1916 el diario ‘La Correspondencia de España’ publicaba el artículo ‘Los bailes rusos y el arte español’, en el que narraba el viaje de Serge Diaghilev a Andalucía con Manuel de Falla como cicerone:

Sergio Diaghilev, que en mayo y junio últimos nos mostró el hasta ahora incomparable arte de las pantomimas y bailes rusos, le ha tomado tanta afición a nuestro país que ha recorrido casi todas las provincias españolas estudiando la música y el baile peculiares de cada una de ellas. En este viaje de recreo y de cultura artística han acompañado a Diaghilev uno de los directores músicos de su compañía y el notabilísimo pintor que ha hecho casi todo el decorado que vimos en Madrid hace unos meses.
¡Andalucía! El pintor halló e esta luminosa región española una riqueza de tonalidades bellísimas que guardó con ansiedad en su paleta, combinando colores que compusieran aquella luz radiante que a torrentes cala sobre las campiñas andaluzas. Diaghilev quedó encantado de la expresión, del ritmo; de la belleza, en suma, de los bailes populares andaluces.
En los viajes por Andalucía ha acompañado a Diaghilev el eminente compositor español Manuel de Falla, el admirable autor de La vida breve. Con tan ilustre cicerone no es menester insistir en lo provechosa e instructiva para su arte que habrá resultado la excursión a los artistas rusos.
Un día, hallándose en Sevilla, les fue presentada a Falla y Diaghilev una joven bailaora.
Joven, de ojos negrísimos, cabello negro, hirsuto, y de boca de perlas y corales… Era el arquetipo de la bailaora andaluza, pues además, ostentaba una luminosa alegría en la cara, y una corrección de líneas, y una flexibilidad de movimientos admirable.
La vieron bailar, y quedaron encantados.
Ángeles Morillo -así se llama esa nueva estrella del baile andaluz- siente de modo intenso el arte de la danza. Su estilo se acerca al de Pastora Imperio, especialmente en lo clásico.
No hay para qué decir que Diaghilev hizo a Ángeles Morillo proposiciones tan ventajosas para la bella andaluza que esta no ha titubeado un momento en aceptar, incorporándose a la compañía de bailes rusos que, como se verá más adelante, pronto será también de bailes españoles.
También ha sido contratado un bailaor flamenco.
Diaghilev, que no escatima en manifestaciones de admiración y simpatía hacia el arte español, en su deseo de darle a conocer, ha encargado a eminentes compositores españoles pantomimas y bailables con asunto y música españoles.
La primera obra española que la compañía de los bailes rusos presentará es de Manuel de Falla. Su asunto es el mismo de la novela de Alarcón El sombrero de tres picos. Las escenas están combinadas por el ilustre Martínez Sierra.
Probablemente se llamará esta obra pantomímica El corregidor y la cortijera, y se estrenará en Roma.
A esta composición seguirán otras de músicos españoles.
(…)

La fascinación del empresario ruso por lo español comenzó aquella primavera, cuando sus ballets recalaron en el Teatro Real de Madrid con obras como ‘El pájaro de fuego’ y ‘Petrouchka’, ambas de Stravinski. La estancia en España de Serge Diaghilev le valió para retomar el contacto con Manuel de Falla, a quien tiempo atrás había conocido en París. Y entonces sucedió lo que narra el artículo aquí transcrito. Aunque la primera idea fue trabajar sobre ‘Noches en los jardines de España’, finalmente el compositor granadino tiró de la novela de Pedro de Alarcón ‘El sombrero de tres picos’ (1874) -basada en un romance popular- para satisfacer la demanda de arte español que tenía el director de los internacionalmente célebres Ballets Russes. En dos años, transformó la pantomima teatral ‘El corregidor’, estrenada en 1917 en el Teatro Eslava de Madrid por la Compañía Teatral de Gregorio Martínez Sierra y dirección musical de Joaquín Turina, en el ballet ‘Le tricorne’. El montaje, con vestuario y telón de Picasso, coreografía de Massine y dirección musical de Ernest Ansermet, fue estrenado en el Teatro Alhambra de Londres el 22 de julio de 1919.

Y fue entonces cuando tuvo lugar uno de los episodios más misteriosos de la historia del flamenco. Aquel bailaor anónimo que, según el artículo de ‘La Correspondencia’, Diaghilev contrató en Sevilla fue Félix Fernández García (Sevilla 1893 • Epson 1941), quien para la posteridad quedó bautizado como Félix el Loco. Partió con la compañía hacia Londres, donde se ensayaría y estrenaría la obra. Al parecer, el bailaor perdió el juicio cuando supo que la farruca del Molinero que estaba montando no iba a ser bailada por él, sino por Massine. Y dicen que al ver que no estaba en los carteles, huyó del teatro, se refugió en la iglesia de Saint Martin in the Fields y allí rompió a bailar la farruca… dice la leyenda que desnudo y sobre el altar. Diagnosticado de esquizofrenia, fue internado en un asilo de Epson, donde falleció sin ser reclamado por familiar alguno veintidós años después.

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Antonio en 'El sombrero de tres picos'

Esta obra y sus intríngulis han sido fuente de inspiración del flamenco pasado y actual. Para muchos, el ballet (más español y más flamenco) que de ‘El sombrero de tres picos’ creó Antonio en 1958 incluso superó al original de Massine. Su primera versión se presentó en el Palacio de Carlos V de Granada en el marco del Festival Internacional de Música y Danza. Después vendría la película, durante cuyo rodaje fue encarcelado por blasfemia. Sucedió en el pueblo gaditano de Arcos de la Frontera, que hoy compensa su memoria con el Centro de Interpretación La Molinera y el Corregidor. Y es hoy este ballet de Ruiz Soler la referencia ‘clásica’ tomada posteriormente por José Antonio o Antonio Márquez.

A su vanguardista manera, recreó Israel Galván en su primer espectáculo ‘Los zapatos rojos’ (1998) la ya mítica historia de Félix. Y en 2005 fue plasmada con grandes medios y excelente resultado por el Ballet Nacional de España. ‘El Loco’, dirigida por Francisco López, coreografiada por Javier Latorre y musicada por Mauricio Sotelo y Cañizares, se estrenó el 6 de septiembre de 2004 en el Teatro Real de Madrid, y fue representada en el Liceo de Barcelona, el Teatro Maestranza de Sevilla y el Teatro Villamarta de Jerez. Y es curioso que estando montada esta reciente producción que anda desde hace tiempo guardada en el cajón, no haya sido recuperada en este año centenario por la compañía pública. O eso, o recuperar la versión de Diaghilev o la de Antonio. Pero tampoco. Como critica Roger Salas en ‘El País’, “desde los años 2006 y 2007, el Instituto Nacional de Artes Escénicas y de la Música viene rechazando cuantos proyectos se le han presentado, entre ellos, la reposición de El sombrero de tres picos en su versión original de Leonidas Massine con los diseños de Pablo Picasso por parte del Ballet Nacional de España (que tiene comprados a su valedor, el Teatro alla Scala de Milán, los derechos de uso de la producción original)”.

Así que si este influyente ballet es olvidado, mucho más lo es el montaje ‘Cuadro flamenco’, con el que los Ballets Russes de Diaghilev quisieron reflejar la jondura de los cafés cantantes. Lo que no deja de tener una decisiva importancia para la historia del flamenco, a pesar de la puntualización de María Teresa Ocaña en Danzaballet.com, que advierte de que esta secuencia de danzas flamencas con vestuario y telón de Picasso “fue un espectáculo de menor envergadura y concebido para ensalzar la danza y música flamencas; la coreografía y música de este último lo constituían simplemente un conjunto de bailaores de flamenco que frente a un escenario de Picasso bailaban del mismo modo que en un tablao. Se estrenó en el Théâtre de la Gaité Lyrique de París el 17 de mayo de 1921 y, una vez finalizadas estas representaciones, no se volvió a reponer”. Por cierto que la bailaora principal fue María Albaicín.

Tan sólo ocho años después de este guiño al flamenco tradicional, Serge Diaghilev falleció repentinamente en Venecia. Aunque la renovación artística y empresarial que difundió por Europa y América nunca murió. De sus filas salieron estrellas como Anna Pavlova y Vaslav Nijinski, sus modos de presentar la danza al público se tomaron como paradigma, y el arte español en forma de danza, de pintura y de música quedó definitivamente integrado en el panorama escénico internacional… por más que la memoria falle aquí y ahora.


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