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‘DIÁLOGO
DEL AMARGO’ DE MARIO MAYA. RESEÑA Y FOTOS
Sigue siendo amargo
G. Cappa. Granada, agosto de 2005
‘Diálogo del Amargo’. Mario Maya:
dirección y coreografía. Baile: Juan Andrés
Maya, Diego Llori, Conchi Maya. Cante: Rafaela Gómez,
Juan Ángel Tirado, Alfredo Tajada, María José
Pérez. Guitarras: Miguel Ochando, Emilio Maya y Rafael
Santiago ‘Habichuela’. Ciclo Lorca y Granada 2005.
Palacio de Carlos V, recinto monumental de La Alhambra. Granada,
21 de julio de 2005.
Mario
Maya pestañea a compás tras sus gafas. Ayer
se hizo carne en el Palacio de Carlos V su última visión,
‘Diálogo del Amargo’, un mano a mano con
Lorca materializado en la coreografía que protagoniza
Juan Andrés Maya. Un triángulo granadino con
el poeta de Fuente Vaqueros en el vértice. Flamenco
al servicio de ‘Poemas del cante jondo’ sin efectismos,
riguroso, con la precisión de la mirada del coreógrafo.
Diálogo del Amargo
(Fotografía: Luis Castilla) |
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“Amor, amor, que vengo herido, herido de amor huido”.
La primera parte de la obra , que duró unos 35 minutos,
fue un repaso a algunos poemas de Lorca con la métrica
de los fandangos del Albaicín y todo el cuadro flamenco
prestando su alma para expresar el tiempo y el amor como preámbulo
de la tragedia. También llegaron unas bulerías
con la letra de la ‘Baladilla de los tres ríos’
y unas alegrías bailadas por Anabel Alonso con letra
del poema ‘Naranja y oliva’, que compusieron Miguel
Hernández y Madariaga. Remataron esta primera parte
unas alegrías con Juan Andrés Maya, ‘Cinco
toreros’, con música por bulerías de Diego
Carrasco y una seguiriya a cargo de El Amargo –Juan
Andrés Maya– con efectos de Juan d e Loxa sobre
el texto de Lorca. Para entonces, los músicos ya habían
dejado patente que el play back y la música enlatada
–banda sonora el pasado año del ciclo–
deben ser territorio exclusivo de los programas musicales
de los sábados por la noche. Eran Miguel Ochando, Emilio
Maya y Rafael Santiago Habichuela al toque; y Juan Ángel
Tirado, Alfredo Tejada y María José Pérez,
Rafaela Gómez y Gema Caballero al cante, con Benjamín
Santiago en la percusión. Música de Granada
para un espectáculo dancístico-teatral que,
a esas alturas, había llevado el relente de la Vega
al marmóreo palacio.
Los veinte minutos del descanso sirvieron para que el vello
de los presentes volviera a su normal laxitud. Vuelta a los
asientos y retorno al mundo lorquiano y a la coreografía
milimétrica diseñada por Mario Maya con escuadra
y cartabón. La segunda parte estuvo centrada en el
poema de ‘Diálogo del Amargo’ y contó
con unos efectos sonoros de excepción de Igor Stravisnky.
El Amargo ya había encontrado a su amante en un paso
a dos basado en la escala dórica que sostiene el flamenco.
La tragedia se mascaba ya en los zapatos de los bailaores.
El protagonista era el texto de Lorca con una coreografía
concisa y un dramatismo hondo, ese que no necesita de llantos
ni de gestos desproporcionados. La coreografía plasmó
el diálogo teatral entre Lorca y Maya.
Mientras, se establecía entre Juan Andrés Maya
y Diego Llori un “diálogo de danza, con un ritual
de personas a su alrededor, en el que se recupera la interpretación
de Lorca de las navajas como falos, que matan pero acarician”,
según explicó el propio Mario Maya. Paroxismo
granadino con las guitarras arpegiando la tragedia. Todo ello
bajo la iluminación de Guillermo Galán, que
jugó eficazmente con las sombras y acompañó
al texto como en un susurro. “Día veintisiete
de agosto, con un cuchillito de oro. La cruz. ¡Y vamos
andando! Era moreno y amargo. Vecinas, dadme una jarra, de
azófar con limonada. La cruz. No llorad ninguna. El
Amargo está en la luna”, dice el texto de Lorca.
Y tanto. Una luna llena a rebosar refrendaba ayer en el cielo
del Carlos V la veracidad de la obra. El director de la Agencia
Andaluza para el Desarrollo del Flamenco, Alberto Bandrés,
responsable de la producción, dijo en la presentación
de ‘Diálogo del Amargo’ que “hemos
hecho una declaración de intenciones para buscar el
Federico más flamenco”. Visto lo visto, Mario
Maya lo encontró. Era sin duda el más indicado.
Lorca escribió Diálogo del Amargo basándose
en una vivencia de su infancia, cuando en su casa familiar
de la Huerta de San Vicente se acercó a unos niños
gitanos que habían bajado del Sacromonte a recoger
mimbre, uno le escupió en la cara y escuchó
a una voz lejana decir “Amargo”. Transcurrido
casi un siglo desde aquella vivencia, aquel escupitajo salpicó
también a los espectadores presentes. Seguía
siendo amargo.
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