Especial. 100 años:
Diego del Gastor, guitarrista flamenco
Un siglo del toque de la frontera
S.Calado, abril de 2008
1908. Arriate, pueblecito de
la malagueña Serranía de Ronda, ve nacer
a Diego Flores Amaya, hijo de Bárbara y de Juan,
tratante de ganado. Cuando el niño cuenta los cuatro
años, la familia originaria de Grazalema se asienta
en El Gastor, de la vecinísima provincia de Cádiz.
Y de esa encalada localidad de su infancia y adolescencia
tomará el nombre artístico Diego
del Gastor, quien ‘revolucionó’
el toque flamenco desde (y para) Morón de la Frontera.
Diego del Gastor (Foto
Steve Kahn) |
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Hay constancia de que la familia Flores
Amaya residiera en la ciudad de la cal y la aceituna desde
1922. Aunque las artes del toque las traía ya heredadas.
Como cuenta Ángel Sody en el libro ‘Diego
del Gastor. El eco de unos toques’, “el
segundo de los hermanos, llamado José fue el primer
maestro que tuvo Diego. Él lo inició en
este bello arte de la sonanta y, a pesar de no dedicarse
nunca profesionalmente, llegó a tocar la guitarra
como un auténtico virtuoso del instrumento. Acompañaba
todos los cantes, aunque lo que hacía con gran
maestría era interpretar música como solista.
Su fama como concertista corría por todos los cortijos
de la comarca”. Aunque aún habrá otro
precedente más significativo en la saga, la tía
abuela Aniya la de Ronda (Ronda 1855 • 1933), cantaora
y guitarrista que se hizo figura en cafés cantantes
malagueños como el Sin Techo y el Café de
Chinitas con su flamenco de escuela rondeña, causando
la admiración de la mismísima Pastora Imperio.
Una vez asentada la familia en Morón, cuentan que
el adolescente Diego se pasaba las horas tocando la guitarra.
“Más tarde, su relación de amistad
con Pepe Naranjo y Pepe Mesa hizo que Diego desarrollase
y alcanzase un estilo muy personal”, como especifica
Fernando González-Caballos en el libro ‘Guitarras
de cal’. Fue así como tomó contacto
con “la escuela moronense que parte de Paco el de
Lucena”. Y también fue clave su estrecha
relación con el cantaor Joselero,
quien se convertiría en cuñado suyo, además
de en uno de los cantaores a los que su sonanta prestó
acompañamiento. Ya por los años cincuenta,
también entabló contacto directo con Niño
Ricardo, cuando el maestro sevillano trabajaba en
El Guajiro. “Diego sentía gran admiración
por el arte del Niño Ricardo y cuando se encontraban
en el Siete Puertas parecía un duelo entre dos
colosos: se pasaban la guitarra de uno a otro intercambiándose
falsetas”, explica Sody. Y aunque tocó para
Manuel Vallejo, no hubo entendimiento. Así que
volvería a trabajar junto a Joselero, en las fiestas
del Madrid de los años cuarenta.
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Diego del Gastor (Foto
Steve Kahn) |
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En 1953, en plena dictadura franquista,
la firma de los convenios que autorizaban a Estados Unidos
a establecer bases militares en España cambió
el rumbo de la historia flamenca de Morón de la
Frontera. “La llegada de los americanos a Morón
posibilitó una proyección al exterior del
mundo cultural y artístico de la ciudad. Parte
de la afluencia de extranjeros que llegaban a Morón
preocupándose de las formas genuinas de expresión
del arte flamenco e incluso interesados en aprender los
toques de guitarra, se debió en gran medida a la
ventana abierta por ese acontecimiento”, narra Ángel
Sody. Sólo faltaba la llegada al pueblo del escritor
y flamencólogo norteamericano Donn Pohren para
cuadrar la historia, pues junto a su mujer la bailaora
Blanca Luisa Bargasse organizaba fiestas flamencas para
sus compatriotas en su finca. “A muchas de estas
fiestas acudió Diego, en las que los invitados,
todos ellos interesados por su toque, le grababan todo
lo que él componía e interpretaba”,
confirma el autor del referido libro.
De hecho, de Pohren -quien inventó
al personaje y lo dio a conocer en su tierra como gurú
de lo puro- es esta detallada descripción del toque
de Diego del Gastor, publicada en el programa del Gazpacho
de Morón en su quinta edición, a él
dedicada: “Diego contiene más alma que el
toque de cualquier guitarrista flamenco hoy día...
Otras facetas que contribuyen a la grandeza del toque
de Diego son: su exquisito talento para acompañar
el cante y el hecho de que mucho del material que toca
es de su propia creación”.
Y lo curioso es que a pesar de su reconocimiento
que es internacional, por mor de la base militar y de
las fiestas ‘in situ’ de Pohren, apenas dejó
obra grabada. De hecho, actualmente, sólo está
a disposición del aficionado el disco que acompaña
al citado libro ‘El eco de unos toques’, que
contiene diez temas entre soleares, bulerías, siguiriyas,
tangos, bulerías con alegrías y zambra.
También hay un interesante documento audiovisual
en la colección en DVD ‘Rito
y geografía del toque’, con una grabación
de 1971 en la que toca por alegrías, por seguiriyas
y acompañando a Joselero por bulerías y
arboreá, además de contener una entrevista.
La misma serie televisiva también lo captó
acompañando al toque a Fernanda
de Utrera en una reunión familiar. Como ella
misma declaró antaño, “Diego y yo
formábamos la pareja que mejor se ha compenetrado
en el flamenco. Cada uno estaba enamorado del arte del
otro. Yo era las cuerdas de su guitarra y él la
queja de mi voz. Nadie ha sabido arrancar lo que yo llevo
dentro como Diego el del Gastor... ¡Viva Dios y
Diego el del Gastor!”. Y es que Fernanda y Joselero
formaban parte de esa lista de ‘escogidos’
que gozaron de su toque, junto a otras figuras del cante
como Antonio
Mairena, Juan Talega, El Lebrijano, Perrate de Utrera,
José Menese o Bernarda.
Diego del Gastor (Foto
Steve Kahn) |
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El archivo de material disponible de
Diego del Gastor se completa con el monográfico
de la serie televisiva, recientemente editada en DVD,
‘El Ángel. Musical Flamenco’ titulado
‘Las
fronteras del flamenco’. Tiene una soleá
cantada por Joselero, un retrato del guitarrista y una
fiesta en su homenaje celebrada en Morón y en la
que participaron, además de estrellas del cante
como Camarón y Fernanda, guitarristas como Diego
de Morón, Paco del Gastor, Juan del Gastor, Raimundo
Amador o Rafael Amador.
Y en esta lista de participantes se confirma,
como avisó Pohren, que su música “forma
el núcleo de una auténtica escuela o estilo
del toque flamenco”. La han mantenido los apellidados
‘Del Gastor’, además de otros tantos
paisanos. Pero ha tenido seguimiento más allá
de Morón... y casi del flamenco. Ejemplo de ello
es el eco ‘gastoriano’ que se respira en las
guitarras de Pata
Negra, materializadas en discos como ‘Blues
de la frontera’. Más recientemente, ha tomado
el testigo el grupo Son
de la Frontera (que integra a descendientes de la
saga como Paco de Amparo, sobrino nieto del maestro),
que se emplea a fondo en el mestizaje entre el legado
musical de Diego del Gastor y el aroma caribeño
del tres cubano. Y, de hecho, son los músicos que
más han profundizado últimamente en esta
escuela: “La composición está basada
en la música de Diego del Gastor. Y a partir de
sus falsetas, sacamos todas las puntas que tiene esa estrella.
Tiramos hacia todos los lados sin salir de su música,
que tiene mucha riqueza y, al mismo tiempo, mucha necesidad
de hacerse útil”. La vuelta de tuerca que
le dan tiene el sentido de “tratar de conocerlo
en profundidad y respetarlo como lo que es: un clásico.
Volver a descubrir ahí la genialidad que encierra
su composición original y sus variaciones y, llevándolas
al terreno del diálogo entre el tres cubano y la
guitarra, que es nuestra aportación personal. Y,
conjugándolo con el cante, el baile y el compás,
volver a sorprendernos desde dentro de su música
y tratar de crecer a partir de ahí. Cuanto más
profundizas, más conoces la belleza que contenía
su música: ese creo que es el verdadero descubrimiento”.
Aunque hay voces que se levantaron en
contra de la admisión del toque de Morón
como una escuela, si es sólo una forma de pulsar.
A lo que Son de la Frontera contesta lúcidamente
que “hay que verlo con un poquito de contexto. El
único instrumento que ha habido en Morón
para desarrollar la música popular durante el siglo
XX fue la guitarra... y, concretamente, la de Diego. Hay
una escuela porque hay un montón de creaciones
propias del lugar, no sólo mecanismos. Como Diego
fue el único guitarrista que aglutinara toda la
música, en la boca de la guitarra fue absorbiendo
todas las influencias. La falseta más conocida
probablemente proceda de ‘La Zarzamora’. Y
él también tocaba contra norteamericanos
de la base militar de Morón, que traían
un concepto de la música muy moderno, muy hippy,
muy contracultural. Y los tenía que seducir. Hay
muchos giros más cerca del blues o del rock que
los que después han hecho muchos guitarristas flamencos.
Tenemos la idea de que en Morón la guitarra de
Diego ha sido la caja de música. Y hoy día
sólo hay que abrirla y dejar que suene por sí
misma, que no sólo tiene un sello propio, sino
que mucha música, al tiempo, muy moderna y muy
antigua”. Tan antigua como que tiene cien años...
como mínimo.
“Nací en Arriate
en 1908 el día 15 de marzo, en la calle Ronda
nº 8. Después me bautizaron en Ronda,
en la calle Sevilla nº 120. El bautizo mío
duró cinco días. Fue una cosa bárbara”
(*). |
(*) Entrevista
extraída de ‘Rito y Geografía
del Toque’ (1969) |
Foto portada: Cubierta del libro ‘El eco de unos
toques’ (William Davidson)
Fotos interiores: Galería
‘Morón 1967-1969’, por Steve Kahn
revista@flamenco-world.com