FLAMENCO EN LOS JARDINES
DE SABATINI 2008. DIEGO CARRASCO
Manifiesto
Silvia Calado. Madrid, 8 de agosto
de 2008
Diego Carrasco:
cante, guitarra, dirección. Fernando Carrasco,
Curro Carrasco: guitarras. Jorge Vidal: guitarra eléctrica.
Ignacio Cintado: bajo. Ané Carrasco, Luis Carrasco:
percusiones. Juan Grande: batería. Carmen Amaya,
Samara Amaya: coros. Veranos de la Villa 2008. Jardines
de Sabatini. Madrid, 8 de agosto de 2008. 22 horas
Diego Carrasco con Juan
Grande a la batería (Foto Daniel Muñoz)
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En el mundillo del flamenco ha corrido
últimamente un rumor preocupante. Que Diego
Carrasco estaría pensando en retirarse. Y las
alarmas –aunque, aclaremos, ya sabemos que es falso-
tienen que saltar. Por si acaso. Aún a pesar de
que quienes formábamos parte de esa injusta mitad
de aforo reunido en los Jardines de Sabatini comprobáramos
con ojos, oídos y sentimientos que el artista jerezano
está ofreciendo su mejor directo de los últimos
años. En este tiempo, se ha empeñado en
formar un grupo hecho exclusivamente de canteristas jerezanos.
Y, pasado el sufrido periodo de ‘training’,
ese atrás ya tiene la consistencia, la responsabilidad
y el punto que precisa el cantautor para brillar en escena
como el artista que es, uno de los fundamentales del flamenco
contemporáneo.
El concierto que ofreció con el Palacio Real de
fondo, fue una indiscutible muestra. Diego Carrasco hizo
un jugoso recorrido por toda su obra discográfica
(para quien no lo sepa aún, hecha desde los ochenta
de seis trabajos incluido el imprescindible ‘Voz
de referencia’), abriendo con un nuevo ingenio
de título ‘Duende’ y entremetiendo
ocurrencias varias como la alocada historia de los alpinistas
del ínclito Javier Krahe... claro está,
por bulerías. Fue una belleza, como siempre, el
modo caleidoscópico que tiene de mirar palos como
las bulerías o las alegrías. Y fue una belleza,
más inédita esta, la manera de hilar temas
en corriente continua, utilizando como conectores no sólo
los compases, sino los climas de las composiciones y hasta
la temática de las letras.
Ahí quedó el especial taurino
que engarzó con suma inteligencia musical ‘Alfileres
de colores’, ‘Cinco toreros’, la letra
de José Tomás y la adivinanza del ‘Arena’
de Israel Galván. Y lo que empezó por ser
‘José Monje Cruz’ acabó siendo
‘Inquilino del mundo’, pasando entre medias
por ‘Química’ y por los gritos de la
audiencia afirmando que Camarón de la Isla estaba
“¡presente!”. Magia potagia. También
pasó por allí Miguel el del Candela -a quien
fue dedicado el réquiem de la ‘Mariposilla
verde’- y el latero pregonando y la hija Manuela
y la ‘momá’ de Dieguito y Fernanda
la de Utrera y el hijo del Sernita
de Jerez. Y para himno, la ‘Nana de colores’...
con la hermana y la hija de Remedios Amaya repartiendo
tonalidades. Añil. Canela. Fuego.

Diego Carrasco y su grupo.
Foto Daniel Muñoz
El repertorio escogido dio para hora
y tres cuartos de contundente y bien sonorizado concierto,
en el que el compositor, productor, cantaor y guitarrista
encontró momentos para todo. Para recogerse. Para
interactuar. Para hacer reír. Para dolerse. Para
emocionar. Para torear. Para su vueltecita. Para menear
al respetable. Y para recordarle a este tonto mundo que
los grandes artistas, los que son únicos y capaces
de cambiar el rumbo de las cosas no están en los
telediarios, ni en la prensa nacional, ni en boca de los
intelectuales que se declaran flamencófilos. Y
si hay que hacer un manifiesto que firmemos los que llenábamos
aquella mitad de aforo y otros tantos miles que se quedaron
fuera, pues se hace.
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