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ESPECIAL. FLAMENCO 2000-2010, UNA DÉCADA DE ARTE PARA LA HUMANIDAD. (3) LOS DISCOS

(3) Los discos

Silvia Calado/ Flamenco-world.com, enero de 2011


1. LOS ARTISTAS
2. LOS FESTIVALES
3. LOS DISCOS
4. LOS ESPECTÁCULOS
5. LOS EVENTOS

3. LOS DISCOS

La discografía del flamenco ha vivido en estos diez años en una contradicción. A principios de la década, se produjo una explosión de sellos discográficos especializados y, por ende, de títulos y revelaciones. A finales, todo tiende al recorte y la autoproducción, y no por motivos artísticos, sino industriales. Aún en este marco poco propicio, los flamencos no se rinden, por más complicado que sea dar rienda suelta a la creatividad en el laboratorio que es el estudio de grabación y difundir una obra estando las discográficas y los canales de distribución casi cerrados a lo especializado y minoritario. Entre 2000 y 2010, contradicción aparte, han visto la luz álbumes que abrían nuevos rumbos, grabaciones que certificaban maestrías y discos que pasarán a la historia del género. ¿Cuáles son tus favoritos?

Primero fue el apogeo. En los primeros 2000, las grandes compañías discográficas fundaron nuevos sellos flamencos. BMG creó Tablao, Virgin hizo Yerbabuena, Muxxic hizo Palo Nuevo... Y las tres hicieron efervescer el panorama del flamenco grabado. Con Tablao salieron discos como ‘Corren tiempos de alegría’ de Diego el Cigala, ‘Niño Josele’ y ‘Esperanza Fernández’. Con Yerbabuena, ‘Mi cante y un poema’ de Estrella Morente, ‘Arcángel’ y ‘Querencia’ de Mayte Martín. Con Palo Nuevo, discos que hoy son testamentos de los últimos maestros del cante, desde ‘A Fernanda’ de Bernarda a ‘Mis 70 años con el cante’ de Chocolate, pasando por ‘Casta’ de Gaspar de Utrera. Tal como nacieron, desaparecieron. Mientras tanto, Universal Music, bajo la etiqueta “El flamenco es universal”, siguió reeditando de su propio archivo y publicando, hasta la fecha, novedades.

 

 

Artistas ya consolidados, o que por entonces se consolidaban, siguieron editando en el catálogo general de las multinacionales. Vieron la luz discos cruciales como ‘Cositas buenas’ de Paco de Lucía, ‘Locura de brisa y trino’ de Manolo Sanlúcar y los ‘Aire’, ‘Lío’ y ‘Confí de fuá’ de José Mercé. También se hicieron nuevos fichajes como los guitarristas José Antonio Rodríguez, que editó ‘… en el tiempo’, y Daniel Casares con ‘Caballero’, ambos de Universal. Algunos se colaban en las listas superventas de música española e incluso trascendían fuera como el ‘Lágrimas negras’ de Diego el Cigala con Bebo Valdés, que metía al flamenco en el circuito de world music, aún fresca la estela de ‘Buena Vista Social Club’. Del orbe camaronero, Duquende publicaba ese soberbio ‘Samaruco’ que le produjo Isidro Muñoz; y Potito, un poco más adelante, un regreso titulado ‘Barrio Alto’.


Portadas de 'Locura de Brisa y Trino' de Manolo Sanlúcar, 'Cositas buenas' de
Paco de Lucía y 'Lágrimas negras' de Diego el Cigala & Bebo Valdés

Nuevos nombres fueron directos al estrellato en la década. El más sonado, el de Niña Pastori, que siguió calando en la audiencia adolescente con una mezcla de flamenco y pop que plasmó en álbumes como ‘Cañaílla’ y ‘María’, entre otros. Después llegaron Pitingo con su ‘Soulería’ y Miguel Poveda que, tras varios discos de cante con difusión minoritaria, alcanzó el éxito grabando ‘Coplas del querer’.


Portada de 'Mi cante y un poema' de Estrella Morente

Quien sí consiguió calar sin moverse de la tradición fue Estrella Morente, que encandiló a propios y extraños con su ya citado debut. En esa misma línea se situaron Mayte Martín y Arcángel. Tras acercarse al arreglo pop en un primer disco (el ‘Me duele, me duele’ que le produjo Pepe de Lucía en 2002), Marina Heredia también se alineó con el neoclasicismo con ‘La voz del agua’ y ‘Marina’, ambos autoproducidos. Otras voces femeninas que sonaron en la década fueron las de La Macanita, plasmada en los discos ‘La luna de Tomasa’ y ‘Sólo por eso’; Montse Cortés, primero con el aclamado ‘Alabanza’ y más tarde con ‘La rosa blanca’, producido por Javier Limón (por cierto, uno de los más influyentes productores flamencos de la década); La Tobala, con álbumes como ‘Azul’; o Aurora Vargas con ‘Orso romí’, entre otras cantaoras y otros discos. Junto a ellas, dos pilares del cante de mujer. Remedios Amaya trató de repetir el éxito de ‘Me voy contigo’ con el ‘Sonsonete’ de 2002. No lo logró. Y Lole Montoya decidió volver a grabar en solitario, dos veces en la década: ‘Ni el oro ni la plata’ y ‘Metáfora’.

Otras voces jóvenes optaron por el paso a paso. Y al tiempo que labraban sus carreras como cantaores de acompañamiento al baile y a la guitarra de concierto, iban plasmando sus primeros discos en solitario: David Lagos, David Palomar, Londro, Miguel Ortega, Jesús Méndez... Para ellos, todo fue diferente. Los vaivenes de la industria discográfica por la crisis económica y la piratería digital, llevaron a muchos artistas, sobre todo a partir de mediados de la década, a hacerse cargo de su discografía o a publicar en asociación con nuevos sellos independientes.


Portada de 'El espejo en que me miro' de David Lagos
 

Eso fue lo que hicieron Jesús Torres, Encarna Anillo, David Lagos y Jorge Pardo con Flamenco World Music, iniciativa impulsada por Flamenco-world.com, para publicar los discos ‘Viento del Norte’, ‘Barcas de plata’, ‘El espejo en que me miro’ y ‘Vientos flamencos 2’, respectivamente. El bajista Pablo Martín fue uno de los socios de Bost, que publicó el debut de Ultra High Flamenco y el ‘Sirimusa’ del guitarrista José Manuel León, entre otros. José Antonio Suárez ‘Cano’ autoeditó y autoprodujo, como otros compañeros, sus primeros discos ‘Son de ayer’ y ‘Flamenco Crossover’. El cantaor David Palomar y el guitarrista Javier Patino se dejaron ayudar por su productora de directo, Dezza, para sacar al mercado ‘Trimilenaria’ y ‘Media vida’, respectivamente. Lo mismo hizo World Music Factory con El Pele, que después del sonado ‘Canto’ que le hizo Vicente Amigo, publicó así su ‘8 guitarras… y un piano’.

 

 

También hubo discográficas de otros géneros que intentaron abrir veda en el flamenco, como hizo la rockera Locomotive con los estrenos de la cantaora Argentina y del guitarrista Santiago Lara con ‘El sendero de lo imposible’. Muy activas durante la década fueron la sevillana Senador, que con su sello Flamenco Abierto editó discos de El Lebrijano y El Cabrero, entre otros; la gaditana Bujío, con la que han visto la luz álbumes como ‘Luminaria’ de Juan Diego, ‘Mujerez’, ‘Terremoto’…; la catalana Discmedi, editora de títulos como ‘Tierra de calma’ de Miguel Poveda o ‘Recuerdos’ de Esperanza Fernández, entre otros; la madrileña Karonte, dando sitio a discos como ‘Andando el tiempo’ (editado por ACT) de Gerardo Núñez, ‘Sin tanto’ de Jesús de Rosario o ‘Agua encendida’ de Juan Carlos Romero; la desaparecida Flamenco en el Foro con discos como ‘Este soy yo’ de Capullo de Jerez; la francesa Harmonia Mundi, con discos en catálogo como ‘Zaguán’ de Poveda o el de Ginesa Ortega cantando a Falla y Lorca; y con una independiente, Rosevill, publicó Lebrijano el sofisticado ‘Cuando Lebrijano canta, se moja el agua’. Son más sellos y más los discos que podrían mentarse, pero hay que destacar la valiosa labor de Sonifolk a principios de la década restaurando grabaciones del flamenco de principios del siglo XX y devolviendo vida a voces como las de El Cojo de Málaga, Manuel Vallejo y La Niña de los Peines, entre otros.


Portadas de 'Andando el tiempo' de Gerardo Núñez, 'Sirimusa' de
José Manuel León y 'Tierra de calma' de Miguel Poveda

Algunos afortunados encontraron en sus maestros los perfectos padrinos. Gerardo Núñez no sólo impulsó desde su estudio el disco colectivo ‘Nueva escuela de la guitarra flamenca’, sino que produjo con su sello El Gallo Azul álbumes como el estreno del cantaor Jesús Méndez, ‘Jerez sin Fronteras’. Pedro Sierra fundó con el mismo fin La Voz del Flamernco, sello con el que vio la luz su ‘Nikelao’. En esta misma misión acaban de embarcarse Diego el Cigala que, con su sello Cigala Music, ha editado el ‘Orate’ de Diego del Morao; y Miguel Poveda que, con Carta Blanca, ha puesto en circulación el ‘Luna de enero’ de Londro. Aunque incluso artistas veteranas como Carmen Linares se decantaron por el self-made para sus propios trabajos, que con su sello Salobre publicó ‘Raíces y alas’. En un original formato cooperativo autoeditó el grupo Ojos de Brujo con La Fábrica de Colores, aunque tras el éxito no escapó a las ‘multis’.

 

 

El espejo en el que todos los independientes flamencos se han mirado siempre fue Nuevos Medios. En 2002 celebró su vigésimo aniversario editando recopilatorios de colección, sin dejar de publicar nuevos títulos tan importantes como ‘Yerbagüena’ de Pepe Habichuela o, más recientemente, ‘Mi ADN flamenco’ de Diego Carrasco, ‘Son de la Frontera’ o ‘Y de lo mío, ¿qué?’ de Tomasito. Dichos discos fueron plasmación de las muchas derivaciones del ‘nuevo flamenco’ o ‘flamenco fusión’ entre 2000 y 2010. Pero hubo muchos más. En las cercanías del jazz, ‘Oye cómo viene’ de Chano Domínguez, ‘Sumando’ de Carles Benavent y Josemi Carmona, ‘Piano jondo’ de Diego Amador, ‘Spain’ de Tomatito y Michel Camilo, ‘Flamenco Big Band’ de Perico Sambeat… En las cercanías del rock, ‘Isla Menor’ de Raimundo Amador, ‘Frontera’ de Mixtolobo, los discos de Los Delinqüentes, ‘Tucaratupapi’ del colectivo G-5, los álbumes de ElBicho… En las cercanías del hiphop y la electrónica, los discos de Chambao, de los citados Ojos de Brujo… Y, además, se sumaron propuestas instrumentales de concepto abierto como ‘World flamenco septet’ de Nacho Arimany, ‘Ultra High Flamenco’, ‘Sur’ del pianista Dorantes… Y si La Shica tiraba para la copla rapeada, Ana Salazar aflamencaba a Edith Piaf.


Portadas de 'Vientos flamencos 2' de Jorge Pardo, 'Son de la Frontera' de
Son de la Frontera y 'Piano jondo' de Diego Amador

Así que en la historia discográfica del flamenco entre 2000 y 2010, dejando ya a un lado la determinante industrial, es evidente que ha habido títulos que pasarán a la historia del género, ha habido variedad de tendencias (de lo vintage a lo crossover), se han estrenado nombres nuevos, se han consolidado los ya conocidos, se ha ido al mundo, el mundo ha venido... Elegir diez es muy difícil, aún dividiéndolo en tres categorías. Aunque si tuviéramos que quedarnos con uno, con solo uno, seguro que escogería cualquiera que llevara la firma de Enrique Morente (‘El pequeño reloj’, ‘Morente sueña La Alhambra’, ‘Pablo de Málaga’…) pues, siendo de los más veteranos, se comportó como el más joven de todos, defendiendo no sólo la valentía de la creación, sino el convencimiento de que un disco es una obra.

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