|
Miguel Vargas 'Bambino' (1940-1999):
Cuando enloqueció la armonía
Estela Zatania
La última vez que vi actuar a Miguel Vargas Jiménez fue en
el verano del 1993. Poco importaba que su voz ya no fuera el portento que había
sido años antes, pues la atracción de este artista singular radicaba
en algo innato e intangible: la pura fuerza de su personalidad artística.
Lograba comunicar a través de un torrente de compás y el impresionante
magnetismo de su serena y elegante presencia que, a veces, parecía burlarse
de los que tomamos la vida tan en serio. La descripción de Manuel Peña
Narváez del semblante artístico de Bambino como "armonía
en puro ambiente de locura" es perfecta. Miguel lograba una tensión
entre el cuadro y los espectadores, un torbellino de ritmo y emoción que
construía meticulosamente en cada canción y luego mantenía
y controlaba con dominio absoluto hasta extremos casi insoportables, dejando a
todos los presentes agotados. Muchos tachan a Bambino de simple rumbero, pero
tal definición no es del todo correcta.
¿De
dónde surgió esa forma tan personal de entender el flamenco festero?
Con nombrar el lugar de su nacimiento se explica mucho: Utrera, ese pueblo que
sabe expresar desde las alegrías más superficiales hasta las penas
más profundas mediante la bulería, a la que da un giro especial
e inconfundible. Y así lo demuestran todos los genios del cante grande
que han salido de este pueblo eminentemente cantaor. Desde el Perrate hasta Fernanda
y Bernarda, todos han sabido sacar máximo provecho de la bulería
elevándola a un nivel superior.
Miguel nació el 12 de febrero de 1940, en la dura posguerra española.
Pasó su adolescencia trabajando en la barbería de su padre y entrenando
para futbolista. Sus padres eran Manuel Vargas Torres 'Chamona' y Francisca Jiménez
Ramírez "Frasquita", cantaora y bailaora, hermana de otro tesoro
cantaor de esta tierra fértil: Manuel de Angustias. Su hermano mayor era
Diego Chamona, cantaor y genial festero. Los elementos estaban a su alcance y,
desde muy joven, el que más adelante tomaría el apodo de 'Bambino',
ya deleitaba a familiares y amigos en las reuniones informales.
El ascenso a los escenarios no tardaría en llegar. Ya en una de las
primeras ediciones del Potaje Gitano de Utrera, Miguel interpretó la canción
'Bambino Piccolino' que dio lugar a su nombre artístico. Poco después,
le vio actuar el torero Gitanillo de Triana, que le llevó en 1961 a su
tablao de la Real Venta de Antequera y, posteriormente, a Madrid al tablao de
su suegra Pastora Imperio, El Duende. En Utrera se dice que Gitanillo de Triana
fue, en gran medida, responsable de la fórmula que tanto éxito le
dio a Bambino... pero todo apunta a que la personalidad del artista fue creación
propia. Su forma de jugar con las canciones por bulería y por rumba, así
como su manera de alargar los tercios en los momentos más dramáticos
mientras paseaba por el escenario como un rey benévolo contemplando sus
súbditos, fue copiado en todos los tablaos de Madrid, haciendo la competencia
a la marchosa rumba catalana del Pescaílla que hasta entonces había
dominado.
Con
esa baza, Bambino se convirtió en 'superestrella' y su fama cruzó
fronteras. El periodista Antonio Torres comenta que "se quedó corto
en sus relatos en todo lo que tuviera de opulencia, lujo, prodigalidad y popularidad
entre todos los estamentos sociales y económicos de la Villa y Corte".
La dictadura de la época miró con buenos ojos al joven artista e
hizo caso omiso a algunos de sus excesos. Madrid se rendía a sus pies.
Y Salvador Távora, entre otros, le escribía canciones. También
se apoderaba de los grandes éxitos de otros -los boleros de Machín
y Gardel, rancheras o canciones de las grandes tonadilleras- y los devolvía
al público aflamencados y acompasados. En otra época y con otra
suerte hubiera sido el festero de turno, pero los años sesenta pedían
un tipo de marcha que Miguel sabía entregar. No obstante, el secreto mejor
guardado de los vecinos de Utrera era que Bambino se volcaba en las fiestas de
amigos igual que delante del público. Y en el pueblo todavía se
comenta la sencillez que nunca perdía a pesar de su fama. Siempre era el
centro de atención en las reuniones, donde también demostraba ser
un bailaor elegante que puntualizaba sus canciones con movimientos y pellizcos
originales.
El Rey de la Rumba
El
propio público coronó a Bambino como el 'Rey de la rumba' y su desorbitado
éxito contribuyó a abrir la puerta a grupos posteriores como Los
Chunguitos, Los Chichos o Las Grecas. Pero su fama jugó un papel decisivo,
no sólo en la popularización de la rumba, sino también de
la bulería como una forma que admitía toda clase de canciones además
de los estilos tradicionales. Algunas de las canciones por bulerías que
más se identifican con Fernanda y Bernarda de Utrera, fueron primero adaptadas
al flamenco por Bambino.
Comprendía la importancia de arroparse con buenos artistas que le apoyaran
y le comprendieran. La lista de tocaores que pasaron por su grupo está
integrada por la elite de la época precamarón: Paco Cepero, Paco
de Antequera, Juan Maya 'Marote', Habichuela, Paco del Gastor, Manolo Domínguez
'El Rubio' y un adolescente Paco de Lucía. Menos conocidos, pero también
grandes profesionales, son los hermanos Pepe y Ramón Priego de Utrera que
fueron decisivos en el desarrollo de las sorprendentes contestaciones de guitarra
y voces que caracterizaban el sello Bambino. También llevaba percusionistas
y palmeros de primera categoría, en total, un cuadro fijo de ocho o diez
personas. Y todos pendientes de cada giro de las melodías en una perfecta
compenetración que era la esencia del espectáculo llamado Bambino.
Su música marcó una época y muchos de los que la hemos
vivido guardamos canciones suyas en algún rincón del recuerdo: 'La
pared', 'La última noche', 'Adoro', 'Bebí de tus labios', su flamenquísima
versión por bulería de 'Encuentro' (Me tropecé contigo en
primavera...), o su inolvidable manera de volver loco al público con 'El
poeta lloró', cuyo recuerdo todavía eriza las fiestas utreranas
mediante la interpretación de algún que otro fiel admirador.

Utrera. Callejón del Niño Perdido
|
Cuando Miguel nos abandonó el día cinco de mayo del 1999, pocos
días después de haber asistido, en contra de los consejos de sus
médicos, al homenaje que le había ofrecido su querido pueblo natal,
dejó quinientos temas grabados y un mundo sensiblemente empobrecido. Antonio
Torres dibuja una imagen conmovedora de los últimos años de Bambino
cuando habitaba en una humilde casa en Utrera: "Vivía con la dignidad
y el señorío de un rey destronado en el exilio. Lo que más
le gustaba era levantarse tarde, sobre las diez o las once y, un rato después
de tomarse el café, desayunarse unas rabanitas con tinto en el patio de
su casa, él sólo y muy tranquilo consigo mismo y sus recuerdos".
revista@flamenco-world.com
|
El guitarrista Tomás de Utrera recuerda a Bambino
(mensaje extraído del Foro de Flamenco-world.com)
Publicado por Tomás de Utrera el viernes, 8 febrero 2002, a las 8:12
a.m., in response to PIENSO SEGUIR DANDO LA VARA CON BAMBINO, posted by Fco V.
on Viernes, 8 Febrero 2002, a las 2:34 a.m.
Miguel Vargas Jiménez era mucho más de que lo parece. Mucha gente
le mira como un simple rumbero que tenía un bueno y nuevo concepto de la
rumba andaluza y la bulería a cuplé. Yo le he escuchado cantar por
derecho muchas veces en el bar de su hermano Diego, que tambien cantaba muy bien.
Dirían con mucha confianza que uno de Utrera que lleva los apellidos Vargas
y Jiménez tendrá que cantar bien por cojones y es verdad. Él,
su hermano y su madre conocían bien los cantes de Utrera. La última
vez que le vi fue un año antes de su muerte, sentado en frente de su casa
al otro lado de la calle de la Barriada El Tinte y era allí donde Diego
tuvo su bar 'La Peña de Bambino'. En aquel lugar se podía oír
mucho cante bueno, a veces, cuando venía la gente del trabajo en el matadero.
Detrás había un patio chiquitito donde tomábamos unos vinitos
y allí Miguel me cantaba los cantes de Utrera a media voz. Créanme
cuando digo que los dos hermanos podían ser famosos como cantaores por
derecho. Yo creo que la última vez que nos vimos él ya sabía
su destino y me dijo cosas muy profundas que no repito aquí por tiempo,
espacio y sobre todo por respeto.
Índice
de novedades
|
|