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El periplo estadounidense de Pedro Ricardo Miño...
y algún que otro sueño
Fernando González-Caballos/Silvia Calado Olivo
A Pedro Ricardo Miño se le cruzó un ángel. Fue hace ya
cuatro años cuando, durante la Bienal de Flamenco de Sevilla de 1998, conoció
"a un señor que está muy vinculado con el mundo de la música
y las casas de discos en Estados Unidos". Aquello, que en principio no pasó
de ser más que una anécdota, "hizo que este año, al
finalizar mi actuación en el espectáculo 'Infinitud de Formas',
junto a mis padres -el guitarrista Ricardo Miño y la bailaora Pepa Montes-,
este señor se presentara en el camerino para entregarme un sobre lleno
de billetes de avión". Y así fue cómo se fraguó
la gira que ha llevado al joven pianista flamenco a, durante seis meses, recorrer
con su toque ciudades como Nueva York, Chicago, Pensilvania, Los Ángeles
o San Diego.
Aunque dé "gracias a Dios por haber superado ya la prueba norteamericana,
"porque tanto tiempo solo... la verdad es que había momentos de un
poco de agobio", considera, sin vacilar, que la experiencia ha sido "mágica".
Durante su periplo ha tenido la casi ni soñada oportunidad de conocer a
músicos de la talla de Ravi Shankar, Chick Corea, Zakir Hussain o John
McLaughlin, "con los que he tocado o intercambiado algunas impresiones que,
de cara a un futuro, pueden ser muy interesantes".

Pedro Ricardo Miño y Ravi Shankar
La atracción por las músicas del mundo le viene, igual que el
flamenco, de cerca. Pedro Ricardo Miño cuenta que "mi padre ha sido
siempre un enamorado de la música hindú". De hecho, "cuando
aún era un chaval se quedó sólo en Nueva Delhi, a la vuelta
de una gira por Japón". Incluso, durante un tiempo, "estuvo aprendiendo
a tocar el sitar". Y reconoce que aquella aventura "hizo que sintiese
aún más atracción por aquella música, hasta el punto
de meterme también a mí el gusanillo". Y a sacar sus propias
conclusiones sobre este cruce: "No creo que hoy haya alguien que todavía
ponga en duda el vínculo que existe entre el flamenco y la música
indopakistaní".
Pero la fusión, sin confusión. El músico sevillano asegura
que "cuando he tocado y me han oído, lo he hecho ciñéndome
a lo que yo sé hacer, que no es otra cosa que tocar el piano flamenco".
No en vano, asegura que "Ravi Shankar me pedía siempre que le tocara
por seguiriyas". Apostilla que "para tocar jazz hay genios de la talla
de Chick Corea o Michel Camilo", pues lo suyo es el flamenco. "Debo
defender mis raíces, para hacer que el piano flamenco ocupe el lugar que
merece dentro del mundo de la música", sentencia.
Con este convencimiento acomete sus próximos proyectos de los que, por
no atraer al mal bajío, prefiere no hablar todavía. Aun así,
adelanta que "tengo varias propuestas para grabar disco, pero necesito concretarlas
aún porque me gustaría hacer algo serio y distinto a todo lo que
hay". Cree que "la experiencia vivida en Estados Unidos con los músicos
que he conocido puede ayudarme mucho a definir el proyecto, pero ahora mismo no
puedo decir nada más". Y ello, sin aparcar su periplo internacional.
Francia ha sido otra de las conquistas del pianista, que ha llevado sus composiciones
al Festival de Mont de Marsan, a 'Voix du Flamenco' de Grenoble y a París,
con incursión en el Conservatorio de Música de Luxemburgo. Cocinándose
está la preparación de una gira de catorce conciertos por Japón.
Y, algo más adelante, la segunda entrega del sueño: "Es posible
que en marzo viaje a la India para cuatro conciertos con un reconocido percusionista
de Calcuta".
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