Estrella Morente
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ESTRELLA MORENTE, ‘ESTRELLA 1922’. TEATRO ESPAÑOL DE MADRID

Se equivocaron

Silvia Calado. Madrid, 6 de octubre de 2005

 

Estrella Morente (Foto: Daniel Muñoz)
   

El alboroto que se arma en Madrid cuando canta Estrella Morente. La frase se la he medio robado a la periodista Josefina Carabias de la entrevista que le hizo a La Niña de los Peines en la capital de España en el año de 1935. Hasta las fuerzas del orden tuvieron que intervenir para apaciguar a los aficionados. Entonces, trece años después del Concurso de Cante Jondo de Granada, Pastora, “la mejor cantaora de España, está desilusionada del cante y quiere retirarse”. Y es que ve “que el cante va por malo camino”. Si hubiera estado esta noche en el Teatro Español, 6 de octubre de 2005, hubieran desaparecido todos sus temores sobre el futuro del cante. A ella y a los intelectuales que organizaron el concurso ahora evocado, blandiendo el lema que, en voz de Enrique Morente, ilustraba el audiovisual de prólogo: “El alma musical de un pueblo va camino del olvido”. Casi un siglo después, hay que afirmar que se equivocaron.

Estrella Morente, amante declarada de esa época en la que la filosofía artística era un arma con la que luchar, vuelve la mirada atrás y desempolva el cancionero flamenco tradicional, para darle una nueva vida, otra razón de ser. Y lo hace embutida por entero de artista, al modo de las antiguas divas del flamenco: en las poses, en el vestuario, en el arte del bailar con lo poco, en la conciencia absoluta del público... Y en el cantar dándolo todo. Esta noche ha cantado, además, un poco menos refinada, más a tierra, menos al aire, quizás contagiada de la naturalidad del cuadro de artistas del Sacromonte del que venía rodeada. Con ellos, y una banda de laúdes que recreaban el sonido de los años treinta, acometió la primera parte del espectáculo. Los dejó primero hacer, para caldear el ambiente... algo de lo que se sabe, y mucho, en las cuevas granadinas. Después hizo aparición como una diosa de otra época, envuelta en inmenso mantón bordado y vestida con mil volantes y escote piconero. Y cantó, bailó e interpretó nostálgicos sones de antaño. La voz, simplemente, mana. Tangos, zambra, pasodoble, verdiales. La audiencia estaba, literalmente, boquiabierta con tan arrebatadora artista.


Estrella Morente
(Foto: Daniel Muñoz)
 

La segunda parte apelaba al recogimiento, al formato más simple, el más primigenio. Cantaora y guitarra. Y no una guitarra cualquiera, sino la de Tomatito. Vestida de terciopelo azulado, junto a un retrato de su admirada María Zambrano, cantó con madurez, con brillantez y con buscada belleza por malagueñas, por seguiriyas, por tangos y por bulerías. Las seguiriyas fueron penetrantes, como un trance vocal. Y las bulerías... es que nadie toca por bulerías como Tomatito. Y así lo afirma el público con un cerrado aplauso. Apenas se le deja terminarlo, cuando la silueta de Estrella, vestida con una imponente bata de cola blanca, se entrevé en la lejanía haciendo dibujos con el cuerpo sobre ‘El amor brujo’ de Manuel de Falla, la pieza que Pastora Imperio encargó en 1915 al compositor. Pasado, presente, sueño y realidad quieren confundirse. Y entonces, la silueta desaparece, se encienden los focos y se marca el final. Por supuesto, hubo fiesta pero no por bulerías, sino por densos y sensuales tangos granadinos. Dolores la Porrona y Estrella Morente se retan en el segundo bis. Habrá un tercero... y un cuarto. Aunque aquí no fue necesaria la intervención de las fuerzas del orden.

revista@flamenco-world.com

 

 

Más información:

Estrella Morente evoca el Concurso de Cante Jondo de Granada en el espectáculo ‘Estrella 1922’

 

 
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