Fernanda de Utrera
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Fernanda de Utrera
"Cante grande de mujer"


Carlos Saura
"Flamenco de Carlos Saura" (VHS PAL)

 

 



ESPECIALES: FERNANDA DE UTRERA

Reina, diosa, monja

Zata para Flamenco-world

Ha pasado medio siglo desde que aquella jovencita delgaducha apareciera en la película de Edgar Neville, 'Duende y misterio del flamenco', marcando palmas para el cante de su hermana Bernarda. Cinco décadas, incontables actuaciones, una veintena de grabaciones, Londres, París, Nueva York, mucho camino, premios y galardones, una calle nombrada por ella y la hermana que jamás se ha separado de su lado… Hoy en día, cuando se habla del cante de Utrera o de la soleá de la Serneta, todo aficionado sabe que es una referencia a Fernanda Jiménez Peña, Fernanda de Utrera, sin lugar a dudas, la cantaora más universalmente admirada de nuestro tiempo.


Fernanda de Utrera en Flamenco de Carlos Saura

"Diciendo que soy tuya
¿qué cadenita me has echao?
que me tienes tú tan segura"

Según el periodista José María Castaño, Fernanda de Utrera tiene en sus catorce apellidos diez veces repetido el de Peña, la casa cantaora con raíces en Lebrija y Utrera, de la cual la figura central es Fernando Peña, Pinini. Cuando los gitanos de Utrera cantan "la calle Nueva se ha alborotao, porque Pinini se ha emborrachao", están hablando de su abuelo. Las credenciales de la cantaora conocida como "la reina de la soleá" -porque nadie como ella ha sabido encontrar y aprovechar los recovecos de este noble palo, el más esencial del repertorio flamenco- son impecables. Nació en el cante y creció con el cante. Con diez años ya estaba haciéndose notar en las reuniones familiares y fiestas del barrio, en una época en la que el flamenco todavía era una forma de vida, en el sentido más literal de la frase, y los cantes se aprendían de viva voz.

"Por el hablar de la gente
olvié a quien bien quería
pa' mientras viva en el mundo
se me acabó la alegría"

Fue el maestro Antonio Mairena quien convenció al padre de Fernanda y Bernarda para que dejara a 'las niñas' convertirse en artistas. En 1957 las llevó al legendario tablao madrileño Zambra y, posteriormente, al Corral de la Morería, a Torres Bermejas, a Las Brujas… La madurez artística de Fernanda coincidía convenientemente con el milagro económico español, el turismo extranjero y el auge de la época de los tablaos y los festivales de cante flamenco. Su fama aumentaba rápidamente y en 1964 viajó a Nueva York para actuar en el pabellón de España de la Feria Mundial. Aquel primer viaje largo es objeto de una conocida anécdota que cuenta Fernanda: con más de cuarenta años que tenía la cantaora entonces, vio oportuno decirle a su madre que iba a trabajar en Barcelona para que no estuviera preocupada y la madre le aconsejó que llevara un saco de harina para poner un puesto de calentitos en el caso de que el contrato le fuera mal.

Fernanda de Utrera en Flamenco de Carlos Saura

A pesar de tanta tradición y tanta estirpe, el sello de Fernanda es inconfundible y personalísimo. Si no tiene imitadores quizás sea porque es inimitable. Ha ganado los más importantes premios relacionados con el cante flamenco: Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba (1957), Concurso de Mairena del Alcor (1966), Premio Nacional de Cante de la Cátedra de Flamencología (1967) y Compás del Cante (1989), entre otros. Y en 1998 fue nombrada Madrina Perpetua del festival de cante Gazpacho de Morón, pueblo donde es especialmente querida debido a su larga colaboración con el tocaor local Diego del Gastor.

Además de la soleá, como todo cantaor utrerano, tiene un amplio repertorio de bulerías arromanzadas. 'Se rompió el amor' o 'Ten cuidao' figuran entre las canciones más fuertemente identificadas con sus versiones. Muchas de ellas han quedado registradas en algún punto de su vasta discografía. Fernanda ha participado en grabaciones que ya se tildan de clásicas: 'Sevilla, cuna del cante' (1959), 'Festival de Cante Jondo Antonio Mairena' (1967), 'El cante de Fernanda y Bernarda de Utrera' (1970), 'Potaje Gitano en Utrera' (1973), 'Fiesta en Utrera' (1974) o, cantando para el baile de Manuela Vargas, 'El flamenco de Manuela Vargas' (1966).

Yo tengo un hijo perdío
y si Dios no lo remedia
yo voy a perder el sentío


Fernanda de Utrera en Flamenco de Carlos Saura

¿Qué tendrá esta cantaora que durante décadas ha fascinado a aficionados y estudiosos del flamenco? Esquivando las ristras de adjetivos grandilocuentes empleados por escritores, críticos y flamencólogos buscando la manera de dar explicación a la misteriosa atracción de esta singular voz, se podría decir que, por un lado, Fernanda de Utrera es poseedora de dos dones fundamentales e imprescindibles: un sentido infalible del compás, siempre con denominación de origen de Utrera y una armonía innata. Por otro lado, estas cualidades están al servicio de una sensibilidad artística exquisita y una voz imposible, rota, ronca… un grado de 'insuficiencia' que, normalmente, desaconsejaría cualquier actividad profesional relacionada con el uso de las cuerdas vocales. Y en este curioso balancín de ventajas y desventajas, reside gran parte de la magia. El cante de Fernanda es una lucha extraordinaria, una pelea que, a duras penas, es ganada por la cantaora cada vez que conduce al oyente por un paisaje terrible y desolador que ella acaricia y abraza sin miedo. Incluso en los estilos más livianos, hay sombras, peripecias y desafíos en cada giro. Hasta los silencios son peligrosos. Todo es riesgo. Esta voz es, posiblemente, la que más acerca a los amantes del flamenco a los "soníos negros", un concepto idealizado de cómo debe sonar el cante flamenco más puro. Para unos, es "cortita", queriendo decir que no domina un amplio repertorio de estilos de cante, que no sale de su soleá, sus bulerías, sus tangos, sus fandangos y sus alegrías de Pinini. Para otros, es la diosa. Reina, diosa… ¿o monja? En los años noventa, ya mayor, cuando se le pregunta en una entrevista que si echa de menos el haberse casado y tenido una familia, contesta que no, que se siente casada con el cante.

Ay gitana, tú eres mora
mora de la morería...

Desde 1970 Fernanda de Utrera se queda, definitivamente, en su querido pueblo natal, salvo contados viajes relacionados con el trabajo. Destaca una salida: la gira 'Flamenco Puro' que en 1987 realizó por Estados Unidos con los veteranos Farruco y Chocolate, entre otras estrellas del flamenco más tradicional. Y, por supuesto, esa intervención en la película 'Flamenco' de Carlos Saura (1994) en la cual exhala una de sus últimas soleares. Gravemente enferma desde hace algún tiempo, ya no se la ve por las calles y, mucho menos, sobre los escenarios, desde los que su hermana Bernarda -en las contadas ocasiones en las que aún actúa- la recuerda, le canta y la llora. Y es que no es fácil olvidar aquellos años en los que Fernanda de Utrera encarnaba el espíritu de las fiestas y las ferias donde nunca faltaban su sonrisa generosa y auténtica, su gran humanidad... y esa voz que lastimaba.

revista@flamenco-world.com
 

Más información:

Bernarda de Utrera. Bienal de Sevilla 2002. Reseña e imágenes

 

 
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