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Más allá de Andalucía
Y el fenómeno pronto se extendió
fuera de las fronteras andaluzas. El Festival
del Cante de las Minas del pueblo murciano de La Unión
celebra este verano de 2007 su cuadragésimo séptima
edición, siendo además ejemplo de los festivales
de gran formato que en su evolución trascendieron
la noche de duración. Además, otorga uno
de los premios más prestigiosos del flamenco: la
Lámpara Minera. Sara Baras, Enrique Morente y José
Mercé son algunos de los artistas que concurren
del 2 al 11 de agosto a la ‘Catedral del Cante’
en esta edición, incluyendo un homenaje al maestro
Chano
Lobato.

Manuela Carrasco en el Festival
de las Minas (Foto José Albaladejo)
La provincia de Madrid se adelanta a
la primavera con festivales ya señeros como la
Semana Flamenca de Alcobendas, que el pasado mayo celebró
su vigésimo cuarta edición, o el Festival
Flamenco por Tarantos del Colegio Mayor San Juan Evangelista
-escenario de la última actuación de Camarón-,
con la mayoría de edad recién cumplida.
También ha elegido el mes de mayo la más
reciente apuesta festivalera madrileña: Suma Flamenca.
Acaba de cumplir su segunda edición, regando de
flamenco toda la provincia madrileña. Aunque sí,
también en verano hay flamenco en la capital española.
Dos festivales jóvenes destacan en la cartelera.
Por un lado, el Festival
Flamenco Pa’Tos, un certamen benéfico
organizado por la Fundación Gomaespuma, que se
celebra en el emblemático paraninfo del Colegio
de Médicos de Madrid. Celebra su octava edición
del 16 al 19 de julio de 2007 con artistas en cartel de
la talla de Eva Yerbabuena, Chano Lobato y Cañizares.
El otro también elige un escenario especial, al
aire libre, con el Palacio Real de Madrid como telón
de fondo. El ciclo Flamenco
en los Jardines de Sabatini propone entre el 4 y el
19 de agosto actuaciones de cante, baile y grupos, dentro
del marco de la programación municipal Veranos
de la Villa 2007.
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Pitingo en los Jardines
de Sabatini de Madrid (Foto Daniel Muñoz)
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Cataluña también se sumó
al mapa flamenco estival. Hubo un precedente en los ochenta
de Festival Flamenco de Barcelona, aunque actualmente
el relevo lo tiene el Festival Flamenco Ciutat Vella 2007.
Esta peculiar cita, auspiciada por Taller de Mùsics,
incentiva el lado más heterodoxo del flamenco,
con una programación que desarrolla a finales de
primavera en el Centro de Cultura Contemporánea
de Barcelona. Más reciente es el Festival Flamenco
De Cajón!, que lleva actuaciones de gran formato
a espacios tan emblemáticos como el Liceu y el
Palau de la Música de Barcelona entre los meses
de junio y julio. Y eso es por citar los más renombrados,
pues distritos de la capital y localidades de otros muchos
puntos de Cataluña promocionan más foros
para el flamenco en directo. Y lo mismo puede aplicarse
a otras regiones, sobre todo, a Castilla-La Mancha, Extremadura
y Murcia.
El fenómeno salió fuera
de las fronteras españolas. Y hay citas en otros
países de auténtica enjundia. El de la ciudad
francesa de Mont
de Marsan es el principal festival flamenco europeo,
con una trayectoria de diecinueve años. Esta edición,
que se celebra del 2 al 7 de julio, el protagonista va
a ser el cantaor José Mercé en un cartel
en el que figuran artistas de la talla de Javier Barón
y Diego Amador. Siguiendo en territorio francés,
una pequeña localidad costera francesa, Argelès-sur-Mer,
encaja un festival flamenco en su programación
veraniega. Las citas estivales de flamenco van más
allá de Europa. Sobre todo, Estados Unidos ofrece
una sólida oferta de festivales, entre los que
sobresalen el American Spanish Dance Festival, con más
de veinte años de historia, el Festival
Flamenco de Alburquerque en junio, el New
World Flamenco Festival de la localidad californiana
de Irvine en agosto, el Festival Flamenco in the Sun en
Miami... El fenómeno no deja de reproducirse cada
temporada.
Vivir (y sobrevivir a) un festival
flamenco de verano
Venta de camarones en
la Fiesta de la Bulería (Foto Flamenco-world.com)
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Aunque claro está que la esencia
del festival de verano sigue estando en tierras andaluzas.
Ahí es donde el flamenco se vive con toda la autenticidad
que le imprime el pueblo. Un campo de fútbol de
albero, una plaza de toros o un patio con historia bien
despejados sirven de marco. Para sentarse, las sillas
de tijera de toda la vida. Y, por eso, mejor ir con el
cojín de casa, que la noche es larga. Normalmente,
hay hora de inicio (más o menos), pero no hay hora
de fin. No es raro que el último en salir tenga
que dar los buenos días, como le pasó a
Aurora
Vargas hace tres o cuatro años en la Fiesta
de la Bulería de Jerez. ¿Y cómo
se sobrelleva tamaño maratón de cante? Pues
visitando periódicamente el ambigú o echando
mano de la bolsa de bocatas traída de casa. Y es
que las cosas del comer están intrínsecamente
ligadas a los festivales, que se apellidan con delicias
culinarias como ‘Gazpacho’, ‘Potaje’,
‘Caracolá’, ‘Parpuja’...
Y si no está en la denominación, está
en el interior. Pasen y degusten todo tipo de tapas típicas,
las papas fritas, el montaíto de lomo, el de jamón
con salmorejo, los serranitos, los camarones. Sólo
hay que escoger en la pizarra. No falta quien critica
esto del papeo por respeto al cante, pero es parte intrínseca
del festival flamenco de verano. Y hasta eso lo han calcado
en el exterior. No hay cosa con más arte que tomarse
un vino fino y una tapa de tortilla en el Café
Cantante de la Place Saint Roch de Mont de Marsan. La
cuestión es vivirlo.
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