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7º FESTIVAL FLAMENCO PA’ TOS.
ENRIQUE MORENTE & RAFAEL RIQUENI
“Histórico”
Silvia Calado. Madrid, 22 de junio de
2006
Vídeo
online / Galería
de fotos
7º Festival Flamenco pa’Tos 2006. Enrique
Morente: cante. Rafael Riqueni: guitarra. Bandolero:
percusión. Pepe Luis Carmona, Antonio Carbonell, Ángel
Gabarre: coros y palmas. Colegio de Médicos. Madrid,
22 de junio de 2006
Enrique Morente (Foto: Daniel
Muñoz)
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Tercera jornada de la séptima edición del Festival
Flamenco pa’ Tos, “un día muy especial
porque hemos conseguido reunir a dos absolutos genios:
Enrique
Morente y Rafael
Riqueni”. No habría, como es habitual, tres
actuaciones: toque, cante y baile. El escenario estaba en
exclusiva reservado para que por primera vez confluyeran en
concierto el cantaor granadino y el guitarrista sevillano.
“Histórico, histórico”, repetía
el organizador. Y es que no se trataba de juntar a un cantaor
y a un guitarrista cualquiera, sino a dos de los artistas
que más han contribuido a acelerar la evolución
de la música flamenca en las últimas décadas.
También tenía de especial este concierto la
recuperación para los escenarios de Rafael Riqueni,
un artista hostigado por la cara oscura de la vida.
Para entrar en ambiente, se proyectó el vídeo
que el cineasta Fernando Trueba ha hecho para la zambra de
Estrella Morente. Balsámico preludio tras el cual hizo
entrada en la sala el padre, la fuente, Enrique Morente. Una
cálida ovación lo acompañó hasta
situarse tras el micro de pie, flanqueado a un lado y otro
por su cuadrilla. A la primera copla, marca la diferencia.
Compás sólo. Ronda de bulerías. El de
La Alhambra rebusca, arriesga... y entremete una letra por
seguiriyas. Como si nada. Los ayeos de inspiración
marca de la casa. Y una subida de arte a coro, con los ecos
superpuestos. “Que con el ratatatá tatatá”.
Riqueni no espera. Blande su guitarra, la templa, la hace
cantar. Morente escucha. Y replica con el poema ‘Ausencia’
de Manuel Machado, desgranando los versos con gusto, con dedicación.
Los campos de energía de ambos pronto confluyen. Y
al pronunciar la palabra “tristeza”, el cantaor
está ya sobrevolando el planeta, tenso, escalofriante.
Riqueni está totalmente metido en la historia. Hay
libertad, hay inspiración, hay entrega incondicional
de la audiencia. ¿Qué más se puede pedir?
No deja de sorprender el uso que Morente hace de la cabal
(ver
vídeo online). Lo que normalmente se usa como coletilla
de las seguiriyas, él lo toma como cante con entidad
propia, haciendo uso de su especial armonía, en tono
mayor, para ofrecer un resultado vibrante, luminoso, tenso...
y sin renuncia a la profundidad de lo legado por el histórico
Silverio
Franconetti. El arreglo de palmas y percusión (Bandolero,
por cierto, está musicalmente magnífico), más
los jugueteos del guitarrista sobre las seis cuerdas, redondean
la pieza. El clima queda óptimo para las cantiñas.
Riqueni prologa tremoleando, entre clásico y antillano.
Oles para él. “A dibujar esa rosa, ayúdame
caballero”. El cante llega legible y creativo, rompiendo,
cambiando. El marinero de Alberti lleva a la eclosión.
Y después el susurro. Tirititranes y titirimundis.
Galería
de fotos. Flamenco Pa' tos
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| Enrique Morente
(Foto: Daniel Muñoz)
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Rafael Riqueni
(Foto: Daniel Muñoz) |
Bandolero
(Foto: Daniel Muñoz) |
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| Enrique Morente
(Foto: Daniel Muñoz)
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Enrique Morente
y Rafael Riqueni (Foto: Daniel Muñoz) |
Enrique Morente
(Foto: Daniel Muñoz) |
Enrique Morente y Rafael Riqueni se quedan a solas. Midiéndose,
admirándose, asimilándose, dialogando. De artista
a artista. Soleá. Malagueña. Seguiriya. Un recorrido
salpicado de matices personales, de retos instantáneos,
de imaginación, de momentos de recogimiento, de exhuberancia,
de divertimento... de genialidad. El público explota
en aplausos y jaleos una y otra vez. Está en puro éxtasis
cuando Morente vuelve a convocar a su corrillo de hombres
jondos para la ronda de tonás. Sobre un colchón
de tonos vocales, cada uno un cante... y Morente el último.
La subida, el ay eterno y el corte radical. Riqueni desconoce
las claves del ritual, pero acaba participando. Ruidos. Pitos.
Palmas. Negro. Ovación. Ovación inconmensurable.
A Enrique Morente no le queda otra que, acordándose
de La
Paquera de Jerez, gritar “¡Viva Madrid!”.
Y ofrecer un bis por bulerías tan disfrutado que acaba
tambaleándose, literalmente, borracho de arte.

Enrique Morente (Foto: Daniel
Muñoz)
revista@flamenco-world.com
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