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FESTIVAL FLAMENCO PA'TOS 2003
De camino hacia lo sublime
Silvia Calado Olivo. Madrid, 24 de junio de 2003
Fotos: Daniel Muñoz
Niño Josele con Piraña a la percusión
y Alain Pérez al bajo. José Menese con Antonio Carrión
al toque. Eva Yerbabuena con Paco Jarana y Salvador Gutiérrez a
la guitarra, Segundo Falcón y Enrique Soto al cante, y Antonio Coronel
a la percusión. Colegio de Médicos. Madrid, 24 de junio de 2003.
21 horas.
Con una mini conferencia ilustrada sobre las letras del flamenco prologó
Gomaespuma la segunda jornada del IV Festival Flamenco Pa'tos. "El flamenco
tiene unas letras preciosas, la mayoría compuestas cuando el autor se pilla
los huevos con la cremallera: ay, ay, ay, ay. A veces se inspiran en poetas
como Lorca... Lorca... Lorca... y Lorca. Me viene a la cabeza esa letra tan bonita
que dice tirititrán tran tran, tirititrán tran tran... que encima
rima y todo". Juan Luis Cano y Guillermo Fesser también dieron instrucciones
a la audiencia para que no se perdiera: "Cuando un tío pesao se queja
es cante, cuando alguien mueve los pies es baile y cuando están dale que
te pego a la guitarra es toque". Y de todo ello hubo.

Niño Josele
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La guitarra la trajo Niño
Josele... y muchas ganas de tocar. El guitarrista almeriense trajo parte del
repertorio incluido en su álbum debut. Comenzó introspectivo como
por soleá, aunque siempre liberando a sus cuerdas de esquemas, haciéndolas
volar. En el mismo aire de recogimiento, acariciando con delicadeza bajo la boca,
aterciopelado pero firme en el mástil. Toca sin ataduras, jugando con los
silencios (que también son música), en algún rincón
de lo afandangado de procedencia levantina. Sonanta semilíquida. Sonanta
profunda. Sonanta modernamente flamenquísima. Alain Pérez lo reconduce
hacia territorios con compás, quedándose en un diálogo acancionado
en el que el bajo eléctrico obra de charlatán, más guitarrero
que bajista. Piraña se incorpora a lomos de su cajón de jondos graves...
y el trío se balancea sobre el sonido decreciendo hasta casi desaparecer
para resurgir por los fandangos 'Llanto de Sal'. La guitarra cantaora se acuerda
de un pasado reciente antes y después del tarareable leit motiv.
De vuelta a la bulería, en el fluido de la música hace emerger,
igual subconscientemente, toques que suenan a Paco de Lucía, a Tomatito
y hasta a Vicente Amigo. El homenaje a los dos primeros lo rinde con descaro en
los dos temas siguientes: los tangos 'Madera negra', paqueros totalmente; y -dando
las gracias de parte de Diego el Cigala, el gran ausente del cartel- la "bulería
lenta" 'Miel, canela y yerbagüena', muy en la línea de los sonidos
del 'Spain'. Y la música divierte sin perder un ápice de solvencia.
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José Menese
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La ovación a Niño Josele se funde con los aplausos que reciben
a José
Menese. Previsiblemente, traía entre laringe y pulmones "lo puro,
lo auténtico, lo de siempre", como ya habían apuntado los presentadores.
"La causa se lo merece todo, pero también que pongan a los guitarristas
en los carteles". Venía con Antonio Carrión, indiscutiblemente,
el mejor respaldo actual para el cante clásico. Le apuntó el taranto
y recibió un primer jaleo del respetable alabando su "toque con jondura".
El de La Puebla de Cazalla estaba calentando, luchando con las consecuencias del
tiempo sobre las facultades. Aún así, se esforzaba, apuntando lejos
y sacando como contrapartida pinceladas de grandeza. La sabiduría de la
bajañí volvió a exhibirse con contundencia y hermosura en
la preparación de la farruca, sobre la que Menese fue plasmando letras
de esas con mensaje que hacen que el cante interese por todos sus costados. El
medio quejío, el pulmón entero. La petenera requiere concentración.
"Sin compasión castigo, el instinto del cobarde y a la vuelta encontrarás
el que no le tema a nadie, que no te ha de perdonar". Y con la petenera da
el absoluto posible. La soleá y la seguiriya son ya un decrecendo
sobre el que se subrayan la llamada "pureza", la valía de un
escuela, el esfuerzo y, por supuesto, la guitarra de Antonio Carrión.

Eva Yerbabuena
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El descanso fue de agradecer. Lo porvenir precisaba cierta preparación
anímica y sensitiva. Eva
Yerbabuena. Ojalá no hubiera que intentar describir el baile de este
genio. Ojalá una pudiera quedarse con lo que percibió y sintió,
teniendo en cuenta que estaba sentada en el mismo suelo que ella pisaba (superavit
de periodistas, al parecer). En un esfuerzo por objetivar, podría decirse
que la soleá alcanza con la granadina el grado de lo sublime (sin menospreciar,
por supuesto, a Manuela Carrasco... pero esa es otra historia) y viceversa. Venía
ataviada de negro, con manga larga, mantoncillo y zapatos cerrados, y respaldada
por el perfecto atrás que componen Paco
Jarana, Salvador Gutiérrez, Segundo
Falcón, Enrique Soto y Antonio Coronel. Quedaba dar movimiento a la
estampa, acariciar el aire, detenerlo, anudarlo en remolinos imposibles. Quedaba
materializar la música, cada nota de la música, dosificar el modo
con el que sus pies gustan de hablar con la tabla. Quedaba estremecer a la audiencia,
una vez más, una soleá más. Soleá. Sola. Ella. Todos.
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