FESTIVAL FLAMENCO PA’
TOS 2007
PEDRO SIERRA, ALICIA GIL, EZEQUIEL BENÍTEZ, BLANCA
DEL REY
Una noche de justicia
S.C. Madrid, 19 de julio de 2007
Pedro Sierra (Foto Daniel
Muñoz)
El Festival Flamenco pa’Tos 2007
se despide con un acto de justicia. Hacía nada
menos que veinte años que Pedro Sierra no ofrecía
un recital en solitario en Madrid. Y, al fin, lo pudo
hacer. Increíble, pero rigurosamente cierto. Casualmente,
en el hall de entrada al paraninfo del madrileño
Colegio de Médicos estaba el último número
de la revista ‘Alma 100’, con un artículo
que alerta sobre un problema que aqueja a las programaciones
de flamenco: “Los carteles de muchos festivales
son casi calcados unos a otros. Es decir, se repiten los
mismo artistas”. Y uno de esos artistas que suele
quedar fuera es Pedro Sierra. No aprovechó, sin
embargo, la ocasión para hacer reclamación
alguna, sino que simplemente se empleó a fondo
en demostrar que la guitarra de concierto gusta al público...
y mucho.
Por supuesto, la de este músico
no es cualquier guitarra. Tiene el equilibrio entre el
respeto a la tradición y la defensa de la creación
propia, además del valioso don de la sutileza.
Se presentó solo en este escenario, en el que dijo
sentirse tan a gusto “como en el comedor de mi casa,
pero rodeado de muchos amigos”. Y por cierto que
fue de los pocos que en estos días se han percatado
del fundamento benéfico de esta cita. Tan sólo
requirió unos detalles de ritmo del percusionista
José Carrasco. Como gritó un aficionado:
“Así se toca, sin trampa ni cartón”.
Con la tranquilidad del que nada tiene que demostrar,
más observador que charlatán, regaló
perlas incluidas en su último disco ‘Nikelao’,
como la farruca ‘Cadencioso’, como la granaína
‘Corral del carbón’, como la soleá
‘Los caudales’, como el taranto o como la
soberbia seguiriya ‘Duquelas del tiempo’,
que lo dice todo pero con las palabras escogidas. Acabó
por bulerías, echándose también pa’lante,
dejando disparar a esa mano que tan adiestrada tiene de
sus mil batallas junto al baile de grandes como Manuela
Carrasco. Y llovieron más oles y más gritos
y más aplausos en pie. Y retumbaba la pregunta
del citado artículo: “¿Todos son quiénes?”
Ezequiel Benítez
(Foto Daniel Muñoz) |
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Quizás por eso es tan relevante
que se den oportunidades a los jóvenes. Y en esta
cuarta noche la tuvieron dos cantaores. Por una parte,
la sevillana Alicia Gil que cambiaba por primera vez de
registro, tras su debut discográfico a lo Niña
Pastori, para destaparse como cantaora. Voz tostadita,
soltura escénica, el dedo en la fiesta, pero sin
sobresaltos. La cantaora defendió un repertorio
clásico en el que, además de las tonás
iniciales y las soleares del medio, se centró en
los ritmos con vida (apoyada por guitarras, palmas y cajón),
en los tangos, en las alegrías y en las bulerías
finales con las que se despidió en pie y bailoteando.
Y, por otra parte, tuvo también voz el cantaor
Ezequiel Benítez. Como él mismo explicó,
estrenó varios de los temas que formarán
parte de su primer disco, que actualmente está
grabando. El jerezano se introdujo por alegrías,
juntó después trilla con cabales, demostrando
ganas de hacer personalidad, y planteó un agradecimiento
a la sonanta con una versión por bulerías
del tema ‘Guitarra mía’ del cantautor
cubano Polo Montañez. Como era menester, el epílogo
fue por bulerías, presumiendo de pulmones y de
tía Ana, a la que se trajo de Jerez a que desfogara
una chispita con una ‘patá’ de arte.
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Blanca del Rey
(Foto Daniel Muñoz) |
El broche de oro debía ser especial.
Y lo fue. Blanca del Rey está punto de retirarse,
pero antes tuvo la deferencia de dejar su elegante huella
en este recinto. La veterana bailaora cordobesa brindó
sus dos bailes estrella, sus dos banderas: la seguiriya
con bata de cola y castañuelas, y la alabada soleá
del mantón. Y lo hizo fiel a su máxima:
“A la mente hay que apartarla para bailar, es el
alma la que tiene que expresarse”. Sobre esa recoleta
tabla dio rienda suelta a esa expresión interior
que a los ojos de la impactada audiencia, toma formas
bellas de mujer con historia. La cola la enrosca, los
dedos se curvan, las castañuelas gimen, se hace
el silencio, se hace la quietud. Y su rostro encierra
el drama que aún no ha encontrado consuelo. Guitarristas
y cantaores salen alante, mientras la bailaora muda de
piel. Y regresa divina y majestuosa con el mantón.
Así, tan cerca, hasta se siente el vendaval. Los
flecos sobrevuelan la escena, aireando otros tiempos que
nunca caducan. “¡Aire!”, grita la dama.
Y el respetable se desahoga con un sonoro ole. Aún
queda hacer el camino hacia el clímax, la ruptura
por bulerías, el guiño, el coqueteo, la
gran ovación final. Y, de bonus track, “como
he hecho pocos pies y ahora se llevan tanto, un ritmo
juguetón”. Viva la clase. No te vayas, reina.