‘Flamenco Sinfónico’. Forum Barcelona 2004

Loor al flamenco orquestal

Ezequiel Paz. Barcelona, 30 de junio de 2004

‘Flamenco Sinfónico’: ‘El amor brujo’ y ‘Cante y orquesta’. Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña. Cante: Miguel Poveda y Ginesa Ortega. Guitarra: Chicuelo. Coros: Encarna Anillo, Mercedes Cortés y Mónica Navarro. Baile: Israel Galván. Dirección y arreglos: Joan Albert Amargós. Forum 2004. L’Auditori. Barcelona, 30 de junio de 2004. 21 horas.

La Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Catalunya (OBC) lleva apostando fuerte por las fusiones. Por doquier éstas van tomando cuerpo bajo el reconocible y casi ubicuo sello del Fórum de las Culturas de Barcelona. Tras su polémica, por deslucida, participación en la sesión inaugural del Sónar -festival de música progresiva-, junto a Ryuchi Sakamoto, en lides de DJ y embutido en ropajes electrónicos, la OBC descansó esta vez sobre arenas familiares y se empleó a fondo en un programa doble al lado de los cantaores Ginesa Ortega y Miguel Poveda, el guitarrista Juan Gómez ‘Chicuelo’, el bailaor Israel Galván y el compositor Joan Albert Amargós, que asumió la dirección de la orquesta.


Ginesa Ortega en 'Flamenco Sinfónico' con la OBC
(Foto: Ezequiel Paz)

No es ésta la primera vez que los catalanes Miguel Poveda y Ginesa Ortega se hornean en moldes ajenos al flamenco más ortodoxo. Poveda, además de haber publicado recientemente la suite para cante y orquesta de cámara ‘Poemas del exilio. Rafael Alberti’ de Enric Palomar, ya interactuó con Chick Corea y John McLaughlin. Ginesa incluso ha convertido al flamenco piezas del universo pop y reggae. Amargós, por su parte, está considerado como uno de los precursores del nuevo flamenco y encarna el ejemplo más coherente de compositor culto apegado a las formas populares. Sus obras, desde las contemporáneas a las pop, están subsumidas en el mundo flamenco.

Haciendo honor al título ‘Flamenco Sinfónico’, la primera parte del recital se consagró a Manuel de Falla y su ‘Amor Brujo’, quizás la obra más emblemática, que compusiera en 1915 a petición de Pastora Imperio. Aquí la Ortega se mostró segura en el cante y recitado del libreto de la obra original con algunos agregados líricos de Federico García Lorca. La orquesta acogió la interpretación con rajo y señorío consciente del papel preponderante que el compositor confirió a su quehacer y que debía leerse como la síntesis de la tradición popular gitana, la oriental y la francesa que el mismo Falla encarnaba por origen.

‘Cante i Orquestra’, la segunda parte del concierto, está concebida como una suite flamenca de ocho movimientos en la que la orquesta encumbra la belleza de unos tangos, unas seguiriyas, unas alegrías y unos tientos. Amargós reivindica la autoría a tres bandas de la suite, en la que Chicuelo compone, Poveda versifica y él mismo arregla y adereza. El tránsito de la formación tradicional flamenca a la orquesta sin embargo, no se muestra tarea fácil, máxime cuando las tesituras de los coros -bien llevados por Encarna Anillo, Mercedes Cortés y Mónica Navarro- parecían empastarse con los vientos en ciertos pasajes. Similares dificultades encontró la guitarra de Chicuelo cuando había de coexistir con el arpa y el piano de la OBC. Estos pequeños inconvenientes, sin embargo no empañaron la puesta en escena de una suite llamada a ser recordada en el ya largo empeño sinfónico de Amargós -recordemos, entre otras, ‘Concert per Clarinet i Orquestra’, ‘Los Tarantos’, ‘Réquiem Flamenco’ o la nueva ‘Sonanta suite’ con Tomatito-.

La suite se abría con el martinete ‘De querer a no querer’. Poveda cantó lo suyo secundado por un Israel Galván inspiradísimo, engarzando escorzos y figuras al ralentí, demostrando que su baile a base de raptos rítmicos y prontos de firmeza va cuajando día a día. Le siguió el ‘Romance de la dulce queja’, un sueño de arpa, guitarra y vientos sobre el que se deslizan caprichosos unos versos del Lorca más indómito.

Quizás el momento de mayor finura solista llegó con las bulerías tituladas ‘A Tres’. Mientras Chicuelo se medía en extático duelo con la primer violín y Poveda hacía el contrapunto vocal, la orquesta quedaba al margen por propia decisión de Amargós, que considera extremadamente difícil el adiestramiento de una sinfónica en este palo fundamental. ‘Entre la espuma y la sal’, por alegrías, y ‘Dame la mano’, por tientos, cerraron la suite y mostraron a un Chicuelo maduro en su toque, improvisando por encima de los medidos fraseos orquestales que supo contener elegantemente Amargós desde la batuta.

A propósito de la suite, Miguel Poveda lanzaba la víspera del recital la siguiente pulla: “El flamenco puro es una maravilla, pero igualmente es necesario hacerlo avanzar con obras como ésta que lo enriquece y de paso tocar las narices a los inamovibles”. Ahí queda eso.

 

Más información:

Entrevista a Miguel Poveda, cantaor (marzo, 2004)

Entrevista a Ginesa Ortega, cantaora (enero, 2003)

 
 
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