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‘FLAMENCO VIENE DEL SUR’
EN SEVILLA. MARINA HEREDIA/ EL POTITO
Juventud madura
Carlos Sánchez. Sevilla, 21 de
marzo de 2006
Marina Heredia: cante. Guitarra: José
Quevedo ‘El Bolita’. Palmas: Carlos Grilo y Manuel
Salado/ El Potito: cante. Guitarra: Paco
Fernández. Percusión: Joselito Carrasco. Palmas:
El Torombo y Luis Peña. Flamenco Viene del Sur 2006.
Teatro Central. Sevilla, 21 de marzo de 2006. 21 horas
Marina Heredia (Foto: Daniel
Muñoz) |
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Tras un largo periplo sin pisar los escenarios de su ciudad
natal, Potito
regresó a su cuna con un cante más comprometido
–fruto de la edad-, pero sin olvidar los pormenores
del repizco flamenco. El que algunos tacharon como sucesor
de Camarón, compartió cartel con la cantaora
Marina
Heredia. Disparidad de voces que atesoran una madurez
plausible en aras de alimentar el potencial inagotable del
flamenco. Dos ecos distintos, dos formas de acometer el cante
con discernimiento y seriedad. Bajo el cedazo juicioso del
respeto a la jondura. Juventud madura.
La cantaora granadina fue la encargada de abrir la noche.
Con el pregón de Macandé –como viene realizando
últimamente-. Dulce y despacio. Presentación
ad libitum para ir templando la voz antes de acometer
la soleá. En la que expone la lentitud y la cadenciosidad
del cante hasta derramar en los tercios de la apolá.
Anticipo de las malagueñas donde roza el velo almibarado
de su garganta. Una letra para abrochar con el abandolao que
sirvió de puente rítmico hacia los tangos. “Rebujo”
de Granada. Aquí tira del metal buscando el desgarro.
Cerró su intervención con bulerías toreras
de José Bergamín, musicalizadas por la guitarra
de ‘El Bolita’.
Turno de Potito. El cantaor sevillano esgrimió el
convenio del cante grande al principiar por soleá.
Con esa flamencura constatable en una garganta que cavila
con el tiempo. El hijo de Changuito encaminó la noche
por seguiriyas. Abordándolas con cumplimiento. Y lanzando
la voz con la rúbrica que lo identifica hasta el cierre
guitarrístico de Paco
Fernández. Tras la dispersión de lo jondo
se acerca a Huelva con el fandango. Serial que traza el camino
hacia la fiesta. Tangos. De paladar camaronero. Tirando de
registro sin descoyuntarse. Moviéndose como pez en
el agua. Es un terreno que domina a las mil maravillas. Al
igual que en las bulerías. Donde se explaya con naturalidad.
Yugo del desparrame donde se destapan las credenciales que
reseñan su personalidad cantaora. El niño se
ha hecho grande, pero en su cante perdura los vestigios de
sus inicios.
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