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ESPECIAL. FLAMENCOS DE IMPORTACIÓN. EL BAILE (I)

Baile sin pasaporte

Silvia Calado/ Flamenco-world.com, agosto de 2010

El flamenco es, desde sus orígenes, un producto de exportación. Ya el turismo decimonónico, el de los viajeros románticos, fue un factor clave en la cristalización de este arte, que hoy da a España una de sus marcas más conocidas en el exterior. Y es lógico que los relatos de Charles Davillier o de Walter Starkie atrajeran a aprendices de medio mundo hasta el punto de origen y que, a la inversa, los artistas de aquí salieran fuera a mostrar y enseñar los secretos de su arte. La prensa decimonónica está llena de ejemplos. Después vinieron las giras por América, las escuelas de París, el exilio de posguerra, los macrofestivales, los vuelos low cost… A lo largo de los últimos dos siglos, ese semillero disperso aquí y allá va dando frutos. Y ahora, entre los Sánchez, Morente, Garrido o Montoya, también están los De la Rúa, Brûlé, Van der Sman o Yura.

1. BAILE CON DOBLE NACIONALIDAD

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Karen Lugo en el Festival de Jerez 2010 (Foto Javier Fernández- Festival de Jerez)

Sólo hay que asomar a cualquier academia de Sevilla, de Madrid, de Granada o de Jerez para comprobar que muchos alumnos de baile, a veces la mayoría, tienen pasaporte extranjero. Y es lógico que un porcentaje, aunque sea pequeño, optará por dedicarse profesionalmente al flamenco. Unos lo harán en sus países de origen, pero otros intentarán conseguir lo más difícil: hacerse hueco en compañías y tablaos de aquí. Incluso estará aquel que luche por forjarse su propio nombre… y que lo consiga. Aunque para comprobarlo no hace falta fantasear con el futuro, sino echar mano de los programas de los festivales de este mismo año…

… o de este mismo verano. Por ejemplo, el Festival de la Guitarra de Córdoba. La bailaora protagonista de ‘El duende y el reloj’, espectáculo de la nueva compañía de Javier Latorre, se llama Karen Lugo y es mexicana. Ya con su nombre se presentó en solitario en el ciclo ‘Los Novísimos’ del Festival de Jerez 2010. Aunque hasta llegar a ambas citas, el camino ha sido largo. En su Jalisco natal, inició su formación en clásico y español. Aunque sería el flamenco la disciplina que la hizo viajar miles de kilómetros para, con diecisiete años, beberlo directamente de los maestros de la escuela madrileña Amor de Dios. Esa fue la plataforma para convertirse en profesional, iniciándose en distintas compañías y en los renombrados tablaos de la capital. Hasta que le llegó el momento de alzar la voz. Lo hizo en el Certamen de Coreografía de Danza Española y Flamenco 2008, en el que obtuvo el tercer premio por su pieza ‘Sombras, raíces del ser’. Y de Madrid a Jerez… y de Jerez, a Córdoba.

Una trayectoria aún más extensa en el flamenco hecho en España tiene la bailaora canadiense Chloé Brûlé-Dauphin. Aunque no precisamente en solitario, sino formando fructífero tándem con el bailaor sevillano Marco Vargas. A partir del encuentro en ‘Inmigración’ de la Compañía de Ángeles Gabaldón, comenzaron a crear juntos con el objetivo de “llegar a otro sistema, sin dejar de ser flamencos”. Lo primero que montaron fue un espectáculo de calle para el Mes de la Danza de Sevilla, ‘Las 24’. Después, la versión para teatro, que llegó al Festival de Teatro Clásico de Mérida y al Festival de Jerez. La Bienal de Sevilla 2008 acogió el estreno de ‘Ti-me-ta-ble’. Y ese será foro en el que el próximo 23 de septiembre se desvele ‘Alejandrías. La mirada oblicua’, un montaje basado en la mitología clásica en el que ambos participan junto a Juan Carlos Lérida y Juan José Amador.

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Chloé Brûlé y Marco Vargas, 'Ti-me-ta-ble' (Fotos Daniel Muñoz)

¿Y cómo llegó Chloé a Sevilla? Pues primero hizo la carrera de danza clásica en su Canadá natal: “Empecé a hacer todo tipo de bailes, incluido el tango argentino, y en una gira por Estados Unidos conocí el flamenco a través de una gente de Córdoba y me fui para España a estudiar flamenco”, explica la bailaora. El primer trabajo profesional fue ‘Rinconete y Cortadillo’ de Javier Latorre, “actuando en festivales guapísimos”. También trabajó con Israel Galván en la producción ‘Torero Al-Lucinógeno’ y hasta estuvo en Japón, como tantos bailaores, haciendo temporada en el tablao El Flamenco. Y todo eso le llevó más de una década de estudio y trabajo.

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Nicolia Morris, 'Inmigración' (Foto Daniel Muñoz)

Junto a Israel Galván también ha habido bailaoras de importación. Causó expectación Nicolia Morris en ‘La metamorfosis’, un espectáculo estrenado en la Bienal de Flamenco de Sevilla 2000 inspirado en el libro homónimo de Kafka. La bailaora, londinense y de color, interpretó el papel de la hermana. Sobre su piel recayó la responsabilidad de defender algunos de los momentos más intensos de ‘Inmigración’, una obra de denuncia social. Con algunos de los integrantes de aquel elenco, como el bailaor Felipe Mato o el músico marroquí Jallal Chekara, conformó después el grupo de flamenco mestizo Harmattan. A tan especiales experiencias profesionales llegó tras su etapa de formación en escuelas como la Fundación Cristina Heeren de Sevilla, donde bebió el flamenco de la mano de maestros de la tradición como Milagros Mengíbar… y de la vanguardia, como el propio Israel Galván.

Nada en su físico la distingue de los Fernández-Montoya. Y, de hecho, Keren Pesach ‘La Hachara’ paso por una más de la familia Farruco en muchas de sus actuaciones. Por Youtube circulan unas alegrías con bata de cola que bailaba junto a Adela Campallo en ‘Alma vieja’ de Farruquito. Antes de llegar hasta ahí, dedicó diez años a formarse in situ, en la escuela Amor de Dios de Madrid, en Jerez de la Frontera y, finalmente, en Sevilla con los Farruco.

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Keren Pesach 'La Hachara'

Aunque la base la traía de su país, donde su profesora de danza, Ruthie Arnstein Barnea, la introdujo en el mundo del flamenco. Allí incluso participó en el certamen del Festival Días de Flamenco de Tel Aviv, organizado por la Adi Foundation, donde quedó en tercer lugar. Y en la actualidad vuelve a estar en Israel, donde desde 2006 dirige junto a su compañero Avner una academia y una compañía de flamenco llamada Remangar, que ya ha puesto en escena espectáculos como ‘Entredos’.

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Leilah Broukhim
(Foto Daniel Muñoz)

Originaria de Oriente es también Leilah Broukhim. Aunque su historia es totalmente diferente: es hija de judíos sefardíes emigrados desde Irán a Nueva York. Allí nació Leilah, allí estudió Cine en la Columbia University y allí entró en contacto con el baile flamenco, al que lleva dedicada por entero desde hace más de una década. El motivo lo desvela ella misma: “Nunca me sentía al 100% cómoda en los otros estilos de baile que practicaba desde pequeña (ballet, tap, jazz); sentía que me faltaba algo. Y cuando empecé a tomar clases de flamenco, me sentí en casa enseguida, todo me era más orgánico”. La base se la dieron profesores de su ciudad. Y una vez en Madrid, continuó sus estudios en Amor de Dios. Su carrera profesional arrancó en las dos compañías estadounidenses Flamenco Vivo Carlota Santana y María Benítez Teatro Flamenco. Luego en tierras españolas, pasó por los principales tablaos. Y hasta fue por una temporada a la Sala Andalucía de Tokio. También ha sido parte integrante de compañías como las de Rafael Amargo, Paco Peña y Javier Barón, y se ha formado y ha bailado con los Farruco. En solitario, ha bailado como invitada del grupo ElBicho y de músicos como El Bola. El año pasado le llegó el momento de estrenar en Segovia su propio espectáculo, ‘Enlazados’, parte del cual mostró en Flamenco Pa'Tos 2009, compartiendo un cartel de ensueño con Marina Heredia, Carmen Linares y Eva Yerbabuena. Aquellos bailes fueron un viaje de vuelta, como glosó el poeta Félix Grande. Aunque ese camino no ha sido sencillo. “El mundo del flamenco es mas difícil para un artista de fuera, pues el flamenco no es una parte innata de su cultura. Tiene que hacer triple de esfuerzo para reponer el tiempo perdido”, confiesa. Así que la lucha nunca acaba. El próximo “combate” lo tiene en un tablao de Barcelona y el siguiente, en noviembre en el 92nd Street Y… de Nueva York.

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María Bermúdez y Capullo de Jerez, Festival de Jerez 2010
(Foto Daniel Muñoz)
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María Bermúdez, 'Chicana gypsy project', en el Festival de Jerez 2010
(Foto Daniel Muñoz)

Justo en la otra costa norteamericana acaba de estar actuando María Bermúdez, una peculiar artista californiana, que tiene raíces mexicanas y se empadronó en el mismísimo Jerez donde “me he formado como bailaora y he intentado aprender el flamenco en profundidad”. Hace unos años se la vio como bailaora invitada de ‘Septiembre’ de María del Mar Moreno y, con dirección musical de su compañero Pelé de Navajita Plateá, ha puesto en marcha su propio proyecto: Chicana Gypsy Project. Aunque no sólo baila, sino que también canta, desde rancheras a soleares, pasando por estándares de blues, uniendo así todos sus destinos. A la presentación del proyecto este año en el Festival de Jerez no faltó ni el cantaor Capullo de Jerez. Aunque llegar a ese punto de integración no ha sido sencillo y, como ella misma remarca, “son muchos los sacrificios que tenemos que hacer los extranjeros para acercarnos al flamenco, por llegar a estar cerca de estas personas que nos inspiran tanto”.

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Ariko Yara, Compás 4x4 (Foto Lolo Vasco-Bienal de Sevilla 2008)

Que se lo digan a los japoneses, sobre todo, a los pioneros. Shoji Kojima llegó a España en 1966, tras un viaje de casi un mes que incluyó el Transiberiano. Y, durante la década que permaneció en tierras españolas, aprendió de la primera fila del flamenco del momento. Apodado por Rafael Farina ‘El Gitano Japonés’, trabajó en tablaos de Cádiz y Sevilla, en compañías como la de Merche Esmeralda y en festivales como La Caracolá de Lebrija. Yoko Komatsubara también hizo una profunda inmersión flamenca in situ, convirtiéndose en discípula del maestro Enrique el Cojo y entrando a formar parte de compañías como la de Rafael de Córdova. A su vuelta al país nipón, ambos se convirtieron no sólo en primeras figuras del baile flamenco, sino también en sus divulgadores. De ahí que en la actualidad, según relató Kyoko Shikaze en el reportaje ‘Quince mil kilómetros de jondura’, haya unas ochenta mil personas aprendiendo flamenco en su país. Suelen completar sus estudios en Sevilla y Madrid, pero pocas se quedan, pues el flamenco japonés va volviéndose autosuficiente. Sólo hay que echar un vistazo al último número de la revista ‘Paseo’ donde, aunque la portada es para Rafael Estévez y Nani Paños, ocupan las páginas centrales bailaoras como Ariko Yura, que se ha medido en certámenes como el Concurso Flamenco Ciudad de Ubrique y hasta ha bailado en solitario en el ciclo Compás 4x4 de la Bienal de Sevilla 2008. Y es que, como dice Leilah, “cada vez hay más apertura a que un extranjero pueda ejercer el flamenco como profesión sin juzgar su pasaporte”.

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