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El
flamenco en Francia, un proyecto de futuro
Por Pablo San Román (París)
Sara Baras
El
flamenco en Francia parece gozar de buena salud; los artistas españoles
llenan los mejores teatros del país vecino y surgen muchos bailaores, cantaores
y guitarristas. Sin embargo, para los expertos franceses, aún faltan muchos
pasos a recorrer para que la música española se haga un hueco más
sólido.
Como
cada año en fechas navideñas, un artista de renombre aparece en
el cartel de uno de los mejores escenarios de la capital francesa y en el 2000/2001
le tocó el turno a Sara Baras, que entre el 27 de diciembre y el 7 de enero
se encargó de llenar el Teatro de Champs Elysees.
Sara
Baras sigue una tradición que ha traído en los últimos años
a Carmen Linares (Teatro de Chatelet en 1997), Duquende y Tomatito (Teatro de
Champs Elysees en 1998), Paco de Lucía (Olympia en 1999), Vicente Amigo
(Cité de la musique en 2000), Enrique Morente (Concergerie en 1997) y Antonio
Canales (asiduo en los mejores teatros), entre otros.
Pero
esta pléyade de artistas que llenan los mejores escenarios parisinos, no
quiere decir que el público de la capital entienda de flamenco, según
Olga Goubert, responsable de la organización Flamenco en Francia, con sede
en París, cuyo objetivo principal es dar a conocer esta música española
en el país vecino.
"Es
cierto que existe un gusto por el flamenco en Francia desde hace algunos años
y parecería que es un fenómeno de moda por todo lo que sea música
latina y que ha llegado a través de los artistas que han llenado los grandes
teatros. El problema es que el público no está preparado para entender
el flamenco y encuentra genial todo lo que se le ofrece", afirma Olga Goubert,
quien se lamenta de que sólo los más importantes escenarios pueden
pagar los cachés de estos artistas.
La
atracción por el flamenco ha desembocado en la aparición de numerosos
cantaores, guitarristas y bailaores en Francia, pero no hay ninguno que consiga
hacerse un hueco relevante en el panorama musical del país, y tampoco tienen
acceso a los grandes teatros.
Por
ello, François Xavier Gómez, crítico especializado en flamenco
del diario "Liberation", piensa que, exceptuando el público intelectual,
que llena los grandes escenarios cuando actúan las estrellas españolas,
hace falta un pequeño empujón para atraer al gran público.
"No
veo una gran atracción por el flamenco francés. Los Gipsy Kings
ya no venden nada en este país, el grupo Tekameli, de Perpignan, sacó
un disco magnífico en 1998, pero no ha podido salir del anonimato. Hay
muchos guitarristas que se enamoran del flamenco y que toman cursos pero ¿Hay
más que en los años sesenta? En el sur de Francia, las escuelas
de flamenco atraen a mucha gente, pero es sobre todo para aprender sevillanas
con vistas a las ferias taurinas de Arles o Nimes. Están interesados por
Andalucía más que por el flamenco", señala el crítico
de Liberation.
François
Xavier Gómez piensa que el éxito de los grandes artistas españoles
en los más afamados teatros es sólo un espejismo. Mucho ruido y
pocas nueces en un país en el que no existe una cultura flamenca.
"Las
casas de discos no revelan cifras de ventas, pero dudo mucho que un disco de flamenco,
como por ejemplo el concierto de Camarón en el Cirque d'Hiver de París,
haya superado los 5.000 ejemplares en ventas", añade el crítico.
A
pesar de los malos augurios de François Xavier Gómez, siguen saliendo
artistas de flamenco franceses, en espera de que un día, uno de ellos,
alcance el renombre internacional y llene los mejores escenarios españoles
y franceses.
Cantaores
como Paco el Lobo, Catalina Giménez, La Conchi, Cristo Cortés y
Alberto García gozan de reconocimiento en los círculos flamencos,
igual que las bailaoras Herminia, Raquel Gómez, Marisol Jiménez,
Estefanía Suiza y Veronica Vallecillos o los guitarristas Juan Carmona,
Pascual Gallo, Jean Baptiste Marino, Paco Narváez, Enrique Muriel, Carlos
Principal y Daniel Manzanares.
Junto
a ellos, existen compañías especializadas en la organización
de conciertos de flamenco como Pomelo. Por su parte, el Instituto del Mundo Arabe
o las casas de discos Naive y Universal, que sacó los álbumes de
Camarón y una colección de archivos del flamenco, han hecho mucho
por la divulgación de la música española en Francia.

Fotograma del documental "Agujetas cantaor" (1998)
La
ciudad de Pau, en el sudoeste de Francia, con su edición anual de la semana
de arte flamenco, de un presupuesto de unos quince millones de pesetas y que desde
hace casi veinte años es fiel a la cita con los aficionados, es otro de
los grandes impulsores de la música española en el país vecino.
En cine, la directora Dominique Abel, una enamorada del flamenco, realizó
en 1998 la película "Agujetas cantaor", un documental sobre la
vida de cantaor de Jerez de la Frontera, que ganó el Gran Premio del Festival
Internacional de Praga "Golden Praga 1999".
También
es importante la labor de la organización dirigida por la propia Olga Goubert,
Flamenco en France, y de otras con sede en Grenoble, Voix du Flamenco (Voces del
flamenco), presidida por Dominique Jegou.
El
principal problema que se encuentran para hacer progresar el flamenco en Francia
es lógicamente el económico, al tratarse de organizaciones que no
llegan a los 200 socios.
"No
es fácil presentar el flamenco español en Francia, ya que los cachés
de los artistas son muy altos, y sólo los grandes teatros pueden permitírselo.
Nosotros no podemos traerlos y además no disponemos de los medios para
hacer una gran publicidad", exlica Olga Goubert, de Flamenco en France.
El
otro gran problema que encuentra esta asociación es el desconocimiento
existente en Francia sobre este tipo de música, que pone en peligro al
flamenco puro: "Nuestro objetivo es hacer conocer el flamenco y tenemos miedo
de todos estos grupos que mezclan los instrumentos y que ponen en peligro al flamenco
puro, el tradicional, que es poco conocido aquí y que es de más
difícil acceso, por lo que tenemos cierto miedo en ese sentido", afirma.
El
flamenco sigue quemando etapas en Francia. Todavía no existe el nivel que
los expertos desearían, pero su estado de salud es bueno.
Pablo San Román
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