ESPECIAL: ZAPATOS GALLARDO
El desafío de hacer siempre una obra maestra
Carmen Jiménez
Fotos: Daniel Muñoz
Cuando los creadores de Gallardo montaron
su pequeño taller de zapatos para baile flamenco en Madrid nunca imaginó
que su firma alcanzaría los tintes con los que ahora es reconocida dentro
y fuera de las fronteras españolas. Medio siglo después y ahora
en manos de un nuevo empresario, la empresa se mantiene fiel a su estilo: confeccionar
un zapato artesano, personal y de total calidad. Con ese lema, además,
la empresa confía en transmitir a los más jóvenes el interés
por curtirse en un oficio legendario.

Zapatos en la horma y artesanos
No se sabe a ciencia cierta cuándo
la confección de zapatos se convirtió en un oficio, aunque en el
Egipto de hace 4.000 años ya era una ocupación con gran reputación.
Los artificios, sutilezas y trucos de dicho trabajo artesano se han ido refinando
a lo largo de la historia, puesto que hasta finales del siglo XIX, momento en
que empezó a generalizarse la producción industrial, la gente calzaba
zapatos y botas hechos a mano.
La elaboración artesanal de un par
de zapatos es un desafío a la experiencia y habilidad del zapatero. Desde
el momento en que se toman las medidas hasta que se entrega el calzado pulido
a su futuro propietario, ni el ojo ni la mano del zapatero pueden fallar. Incluso
con una práctica y experiencia de muchos años, el artesano siempre
se enfrenta a un nuevo modelo como si se tratara de su obra maestra. Al conseguirlo,
hace realidad la sentencia del artesano Chuang Tse: "Si el zapato es el adecuado,
olvidamos el pie".
Esa filosofía de trabajo es la que
caracteriza a Gallardo Dance, firma líder en la fabricación artesanal
de zapatos de flamenco. La historia del taller se remonta a mediados del siglo
XX, cuando Juan Gallardo montó su pequeño taller en Madrid, sin
imaginar que sus zapatos bailarían al gusto de todo el mundo. Por su taller
pasaron artistas de la talla de Lola Flores, Antonio Gades, Carmen Mora o Cristina
Hoyos, además de ordas de extranjeros atraídos por el embrujo del
flamenco. Pero no fueron sólo ambos motivos los que llevaron a Gallardo
a traspasar las fronteras españolas y convertirse en la firma líder
que es en la actualidad...
Traspaso
En 1997, el artesano decide jubilarse y pone
a la venta el negocio, con la condición de que el comprador respete escrupulosamente
el proceso artesanal que durante tantos años desarrolló en su pequeño
taller. Con ese condicionante, un empresario decide comprar el negocio, para lo
cual cuenta con el respaldo de una multinacional, aunque con la idea clara de
mantener el quehacer artesanal y el estilo de confección de zapatos.
El empresario que se hizo con Gallardo no
era nuevo en el mundo del flamenco. Además de ser un gran amante de todo
lo relacionado con este arte, contaba ya con una gran experiencia empresarial
en este mercado. De hecho, años antes creó en la Alpujarra granadina
una fábrica, conocida como Chacott Internacional, convertida ahora en la
única accionista de Gallardo. Dicha entidad se inició en este mercado
con la confección de zapatillas de ballet clásico. Con el tiempo,
además, amplió el negocio al mundo del flamenco, especialmente a
la confección de faldas y vestidos destinados al baile en espectáculo.
"No nos dedicamos a la confección de trajes de flamenca típicos
para ferias". Según describe Maribel Zapardiel, portavoz de la firma,
se trata de una confección "funcional, moderna que busca que la bailaora
pueda moverse de manera fácil y cómoda".

Modelos de Gallardo