Especial. Relevo en el cante flamenco
Generación 80
Silvia Calado, agosto de 2009
Aún no hace ni diez años
de la eclosión de la sorprendente hornada de cantaores
que tenía a Arcángel, Estrella Morente y Miguel
Poveda entre sus filas. Y mientras ellos maduran, ya comienza
a vislumbrarse el relevo. El momento discográfico
ha cambiado por completo -pasó de la euforia sellística
de las multinacionales a la producción independiente-,
pero las voces de los nacidos en los años ochenta
comienzan a grabarse y a renovar el panorama flamenco. El
jerezano Jesús Méndez, la gaditana Encarna
Anillo, los onubenses Rocío Márquez, Argentina
y Jesús Corbacho, la almeriense María José
Pérez, la cordobesa India Martínez…
son algunos de esos cantaores que están refrescando
el cante de principios del siglo XXI. Y eso sucede cuando
aún quedan muchos de los setenta por estrenarse discográficamente.
Más cante, más.
Mientras aún eran bebés,
Camarón se convertía en cantaor de masas con
‘Soy gitano’, Paco de Lucía grababa en
sexteto el ‘Sólo quiero caminar’, Ketama
agitaba el nuevo flamenco con ‘Shongai’, los
Pata Negra rockerizaban lo jondo en ‘Blues de la Frontera’
y aún blandían sus tremendas voces Chocolate,
La Paquera o Fernanda. En ese explosivo contexto, marcado
por la transición a la democracia y el retorno de
España al mundo y al tiempo, crecían los niños
que ahora a sus veintitantos refrescan el panorama del cante
flamenco.
Quienes les preceden, los cantaores nacidos
en los 70, tuvieron ante sí el reto de elegir entre
seguir la senda camaronera o buscar en el pasado para poner
en práctica un personal neoclasicismo. Los cantaores
de los 80, sin embargo, ya casi tienen a Camarón
como un clásico más. Pues, eso sí,
ninguno de ellos pierde de vista la historia del cante flamenco
como referente para definir su propio discurso. En general,
apenas hay tendencia a la innovación -salvo cierta
renovación en el acompañamiento musical, la
conversión de cantes en temas o las letras-, sino
más bien una búsqueda en sus propias gargantas
que haga sonar personal lo que antaño grabaron los
maestros. Aunque a veces hasta tienen como modelos a artistas
de la década anterior que, en algunos casos, aún
tienen pendiente pasar por el estudio de grabación.
Arcángel, Huelva, fandango…
y una excepción
El caso de Arcángel, por ejemplo,
ha sido todo un acicate en Huelva. A raíz del debut
del cantaor en 2001, como una de las apuestas del ya desaparecido
sello flamenco de la multinacional Virgin, no dejan de salir
voces de su mismo corte, cantera y escuela, la del fandango…
aunque trascendida hacia un repertorio cantaor completo.
Curiosamente, la mayoría de los que despuntan participaron
en el premonitorio disco colectivo ‘Fandango joven’
(2003). Este es el caso de Argentina
(Huelva 1984) que, tras estudiar en la Fundación
Cristina Heeren, editó en 2006 su primer disco -actualmente
descatalogado- bajo la batuta del guitarrista jerezano José
Quevedo ‘Bolita’ y apadrinada por el mismísimo
Arcángel. Desde entonces, no para de dar recitales
y de trabajar en diferenciarse: “No me gustaría
salir a un escenario y que digan que soy clavada a otra
cantaora”.
Del fandango, pero también de la
canción y la copla, parte la también onubense
Rocío
Márquez (Huelva 1985), ganadora de la Lámpara
Minera 2008 del concurso de La Unión. Y tuvo la ocurrencia
de en lugar de grabar un disco, rodar un DVD con un directo
en estudio. La idea es autorretrarse ‘Aquí
y ahora’. Y su reto: “Conseguir aportar algo
nuevo al flamenco”. Además de su personal voz,
compone alguno de sus temas y hasta es capaz de componer
y acompañarse con una zanfoña… por ahí
van los tiros.
Aún no tiene disco, pero no deja
de sumar adeptos el cantaor Jesús
Corbacho (Huelva 1986). Aunque poco a poco va ofreciendo
su cante en solitario, hasta ahora lo más normal
ha sido escucharlo cantando para bailar en espectáculos
como ‘Mujeres’ de Merche Esmeralda, Belén
Maya y Rocío Molina. Rozando la década que
nos ocupa, también está Jeromo Segura (Huelva
1979), con una trayectoria que se origina en el cante por
fandangos y que hasta ahora se centra en el baile. Desde
hace algunos años, forma parte de la compañía
de Eva Yerbabuena, aunque en paralelo tiene en proyecto
su primera grabación. Y hay un par de parejas especializadas
en coros ‘arcangelianos’ que habrá que
ir siguiendo. Por un lado, Macarena de la Torre y Sandra
Carrasco -aunque ella ya despunta solita entre el cante
y la canción por mor del musical ‘Enamorados
anónimos’ y en discos colectivos como ‘Sangre
Nueva’- y, por otro lado, Los Mellis.
Independientemente de esta ‘escuela’,
irrumpió fulgurante Antonio Álvarez, apodado
Pitingo
para los escenarios. Nacido en la localidad onubense de
Ayamonte en 1981, ha acuñado una nueva fórmula
para el flamenco, la soulería (soul + bulería),
con la que ha logrado liderar las listas de ventas, llenar
estadios y convertirse en uno de los cantantes más
populares del país. Aunque esos giros importados
de géneros como el gospel, no le impiden sentarse
a cantar por soleá o seguiriyas al lado de sus guitarras
aliadas, las de los Habichuela.
Cádiz, alegrías y
alrededores
Cádiz, la ciudad, que ha sido siempre
tierra de cante, estaba últimamente temiendo por
su descendencia. Tenía a Chano Lobato aún
en activo, a los ya veteranos Juan Villar y Mariana Cornejo…
pero el relevo generacional no estaba claro. Niña
Pastori -nacida, como Camarón, en San Fernando- se
decantó, en principio, por una exitosa fórmula
de pop aflamencado. Y entonces apareció Encarna
Anillo, decidida a ser cantaora. Más bien, confirmó
lo que venía anunciando en los escenarios desde niña.
Toda la experiencia acumulada precozmente en solitario y
acompañando al baile la fue anotando en su “cuaderno
personal” y la volcó en su disco debut ‘Barcas
de plata’, con producción ejecutiva de
Miguel Poveda y edición de FWM. La Perla, La Trini,
Carmen Montoya y Carmen Linares la inspiran en este trabajo,
en el que el aire fresco lo ponen las composiciones de los
guitarristas y su propia voz, una voz rica en matices, flamencura,
sentimiento y… exigencia, pues a su juicio “en
el cante flamenco no hay que conformarse con el don que
te ha venido puesto”.
Inconformista o, cuanto menos, inquieto
se le ve también a David
Palomar (Cádiz 1977), que es uno de los de la
década precedente que no publicó disco hasta
hace poquito. ‘Trimilenaria’ vio la luz el pasado
año rindiendo homenaje, precisamente, al carácter
flamenco de su ciudad. Austeras seguiriyas de siete minutos
contrastan con temas tintados de arreglos y fórmulas
más actuales. De su misma quinta es otro gaditano,
pero de la provincia, que también acaba de debutar
discográficamente, Antonio Reyes (Chiclana 1976).
El cantaor, familia de Jarrito y Panseco, presentó
en el Festival de Jerez 2009 su ‘Viento Sur’,
un primer disco grabado a la antigua usanza que hace hincapié
en el cante tradicional, sólo acompañado de
guitarras como las de Moraíto y Alfredo Lagos. Aún
quedan otros gaditanos por estrenarse en el estudio, aunque
andan muy ocupados respaldando a bailaores, como son José
Anillo (Cádiz 1978), Laura Vital (Sanlúcar
1980) o Antonio Núñez ‘El Pulga’
(Chiclana 1982). Y si hay que citar alguna saga con futuro,
esa es la de los Núñez… Orillos: los
descendientes de Rancapino piden ya sitio. Alonso. Antonio.
Ana.
Jerez en el punto de mira
Aunque, por supuesto, en esto del porvenir
del cante flamenco siempre hay que tener un ojo puesto en
Jerez, ciudad considerada cuna y cantera. Y, en efecto,
de allí viene una de las voces más sólidas
y con más clara proyección de las de esta
generación. El añejo y potente eco de Jesús
Méndez (Jerez 1984), que comparte genealogía
con La Paquera, salió hace pocos años a la
luz pública enrolado en el grupo del guitarrista
Gerardo Núñez. Y lo suyo ha sido un no parar…
a gran velocidad. Sin dejar de participar en espectáculos
de baile como ‘Mujeres’, sacó adelante
con El Gallo Azul (el sello de Gerardo) su primer trabajo
discográfico. Al titularlo ‘Jerez sin Fronteras’
quiso remarcar el doble carácter de su tierra: “Jerez
es una ciudad abierta al mundo en todos los sentidos, pero
en el flamenco nunca nos han afectado las modas, hemos respetado
el cante con mayúsculas”. Y ese respeto al
cante es lo que lo guía en este disco en el que la
única concesión fuera de los palos
básicos es la zambra ‘Soleá de mis pesares’.
Por un año, se sale de la década
Ezequiel Benítez, pero también acaba de publicar
su primer álbum. ‘Sobrellevé’
combina estilos tradicionales del cante jerezano, con flirteos
con la balada y la canción latina. También
es uno de los jóvenes cantaores que participó
en el álbum colectivo ‘Nueva
Frontera del Cante de Jerez 2008’, un disco que
emulaba otro ya mítico que treinta y cinco años
antes ‘descubrió’ a valores del cante
jerezano como Manuel Moneo, Rubichi o El Torta. Igual que
entonces, sólo la guitarra al son de cantes básicos
acompaña a voces nuevas como las de Moneíto,
Mijita, Juanillorro o El Quini. En proyecto está
una entrega en femenino, nutrida de una cantera en la que
van sonando nombres como los de Tamara Tañé,
Sara Salado o Macarena de Jerez, ampliando un plantel ya
coronado por predecesoras como La Macanita, Melchora Ortega
y Elu de Jerez. Y toda esta generación va fermentando
mientras una de las realidades más cuajadas del cante
jerezano ultima su primer disco. David
Lagos (Jerez 1973) publicará en otoño
‘El espejo en que me miro’, un homenaje a las
fuentes de las que bebe y una apuesta por su personal capacidad
para la creación. Y también anda en ello Londro
(Jerez 1976), con una de las voces más personales
del panorama actual.
Sevilla, Tremenda y Triana
La autopista de Huelva y la de Cádiz
van a desembocar a Sevilla. Aunque la ciudad de mitos como
La Niña de los Peines o Manolo Caracol, es actualmente
más prolija en baile que en ninguna otra rama del
flamenco. Aún así, hay voces frescas a tener
en cuenta como la de Rosario
la Tremendita (Sevilla 1984), bisnieta de La Gandinga
e hija de José el Tremendo. Aunque aún no
haya dejado registro, la trianera lleva años baqueteándose
en solitario, al tiempo que colabora con bailaoras de la
talla de Belén Maya, Rafaela Carrasco o Rocío
Molina. La preceden otras voces sevillanas de muy distinto
cuño. Por un lado, una potentísima La Tana
(Sevilla 1976) que, además de enrolarse en la compañía
de Paco de Lucía, debutó justo al final del
periodo discográfico de vacas gordas con Virgin…
y, por desgracia, aquel álbum ‘Tú, ven
a mí’ anda ahora fuera de catálogo.
Con un registro más suave se presentó
hace un par de temporadas Alicia Gil (Sevilla 1974) con
‘Cantaora de bareto’, siguiendo la senda de
otras cantaoras de los 70 como Sonia Miranda (Isla Mayor
1974). Debutó en 2005 con aquel ‘Garabato’
que le produjo y compuso el guitarrista Miguel Ángel
Cortés. De ese decenio son aún casi todas
las voces que despuntan en la provincia… y que aún
no se difunden en soporte digital. De Lebrija es José
Valencia (1975), que anda preparando su disco debut siendo
ya consolidadísimo cantaor. De Utrera, Rafael (1972),
actualmente voz de cabecera de Vicente Amigo. De Los Palacios,
Miguel Ortega (1975), también colaborador de Vicente
y de cantidad de bailaores de postín. De Morón
son El Galli y Moi de Morón, voces que participan
en el proyecto Son de la Frontera. Claro que ahí
están como estandarte de la añada dos camaroneros
empedernidos: Potito (Sevilla 1976), en los estudios de
grabación desde los catorce años; y Diego
Amador (Sevilla 1973) quien, como acaba de demostrar en
‘Río de los Canasteros’, es tan pianista…
como cantaor.
Bellezas de Granada, Oriente andaluz
Andalucía oriental tiene dos de
las mejores voces nacidas en los 80. Justo en ese primer
año de la década vinieron al mundo en Granada
dos bellezones: Estrella
Morente y Marina
Heredia, ambas avanzadilla de aquel boom cantaor del
2000 y merecedoras de capítulo aparte. Estrella Morente
se colocó en las listas de ventas con un disco de
cante añejo, ‘Mi cante y un poema’, al
poco revisitó el folklore granadino con ‘Calle
del aire’, y varios años después revalidó
su posición convirtiéndose en ‘chica
Almodóvar’ con su ‘Mujeres’. La
hija del revolucionario Enrique es un fenómeno de
masas a destacar en el panorama no del flamenco, sino de
la música española actual, capaz de llenar
estadios mano a mano con la famosa fadista Dulce Pontes.
Marina Heredia, también de escuela albaicinera y
padre cantaor -Jaime el Parrón-, se estrenó
bajo la antaño exitosa marca de Pepe de Lucía
y compañía multinacional con ‘Me duele,
me duele’. Y ahora, alejada del flamenco de estribillos,
se concentra en tomar las riendas de su carrera autoproduciéndose
sus trabajos. Así lo hizo hace dos años con
‘La voz del agua’, y así lo hará
el próximo otoño con su siguiente disco. Y
también hay cantaores de la tierra nacidos unos cuantos
años antes con mucho que decir. Antonio Campos (Granada
1972) está a punto de poner en circulación
su primer disco, un directo grabado en el Corral del Carbón
de Granada junto al guitarrista Daniel Méndez. Aunque
ahora le tenemos perdido el rastro, a principios de esta
década salió a la luz la voz de Carmen Carmona
(Granada 1977), que debutó discográficamente
con ‘Calivinacá’. Que el relevo está
ya fraguándose se sabe porque estamos asistiendo
a los comienzos profesionales de, por ejemplo, Enrique Morente
Jr. Dicen las crónicas de sus primeros bolos
que tiene 18 años, así que calculen…
al parecer, nació en los 90.
Siguiendo el recorrido geográfico,
de momento en Málaga no se ha destapado discográficamente
ningún vástago de los 80. Simón Román
(Marbella 1982) tiene un eco rajado que, por ahora, sólo
se escucha como acompañamiento del baile de Los Farruco
o del toque de Tomatito, que no es poco. Malagueña,
aunque asentada en Barcelona, es Alba Carmona (Málaga
1984), una cantaora con ganas de decir algo diferente: en
el Festival Ciutat Vella 2009 hizo acompañar sus
cantes por un salterio. En la Costa del Sol despuntó
algunos años antes Rocío Bazán (Estepona
1977), aupada por su premio en la Bienal de Sevilla; ella
aún no tiene disco, aunque sí sobrada experiencia
en el directo.
A caballo entre Córdoba y Almería,
está una cantaora de maneras renovadoras y sí
perteneciente a la década en cuestión. India
Martínez, nacida en Córdoba en 1985, pero
criada en Almería, acaba de publicar ya su segundo
trabajo discográfico -con compañía
de las grandes y productor de renombre-, y con una propuesta
innovadora. ‘Despertar’ entrelaza cante flamenco
con sonidos étnicos, dando una vuelta de tuerca a
palos como las guajiras, romances, trillas o alboreás.
Más clásica, aunque también
con pespuntes de búsqueda, se presenta esta misma
temporada María
José Pérez (Almería 1985). Con
su disco ‘Cante flamenco’ se pone a prueba por
una amplia selección de cantes clásicos acompañados
casi todos por el guitarrista granadino Miguel Ochando y
alguno por Gerardo Núñez, aunque mete cambios
como la alegría-soleá de apertura ‘Siete
colores del cielo’ con letra del poeta José
Luis Ortiz Nuevo. Y de sus pretensiones, avisa: “Sé
que con el tiempo iré siendo cada vez más
personal”. También de querencia clásica
es Rocío Segura (Almería 1979), ganadora de
la Lámpara Minera de La Unión en 2000, el
mismo galardón que lograría la jienense Gema
Jiménez (Jódar 1985) cinco años después.
Ah, y sin olvidar a Ángeles Fernández (Almería
1986) que, además de hacer voces en el grupo de Tomatito,
su padre, ya lleva varias temporadas cogiendo tablas en
solitario.
Al norte de Sierra Morena
De Despeñaperros para arriba, este
año la voz revelación ha sido la de Piculabe
con su primer disco ‘Camino y tiempo’. Con 26
años, el cantaor madrileño ha sido una inesperada
apuesta de la discográfica Universal, pues apenas
respalda a este camaronero un currículo profesional,
sino más bien el aval de un productor de peso en
el flamenco actual, Juan José Suárez ‘Paquete’.
Aún más joven es Israel Fernández (Madrid
1989), un jovencísimo cantaor del guitarrístico
barrio de Cañorroto que debutó a los 18 años
con el álbum ‘Naranjas sobre la nieve’,
producido por el pianista de flamenco jazz Pedro Ojesto.
Paisano suyo es Saúl Quirós (Madrid 1980),
integrante en los últimos años de la compañía
de Sara Baras, y voz emblemática del presente de
la Corte, aunque aún sin proyecto discográfico
conocido. Y un poquito antes vinieron Israel Paz ‘Moñi’
(Madrid 1977), cuyo último trabajo fue ‘Corazón
flamenco’, y Paco del Pozo (Madrid 1975) que se inspiró
en el mundo taurino para su ‘Vestido de luces’.
Cerquita de la capital está Toledo, ciudad que apellida
artísticamente a María Rodríguez (Toledo
1983) quien, tras un intenso rodaje por concursos y festivales,
debuta con un disco de canción aflamencada de corte
romántico a voz y piano. Y Barcelona tampoco deja
de sacar punta a su yacimiento como demuestran, entre otros,
Joaquín Gómez ‘El Duende’, Mónica
Navarro ‘La Chicuela’ o la dulcísima
Silvia Pérez.
Claro, claro. Por supuesto que en este
reportaje debe haber alguna que otra omisión, pues
la cantera -por fortuna- no deja de aumentar festival tras
festival. Pero, bueno, la intención de este texto
es que sirva de panorámica general y de guía
de nombres y estilos para aquellos que busquen revalidar
su afición por el cante, para los que estén
hartos de escuchar eso de que el cante se frena o para los
que se acercan a esto por primera vez y quieren empezar,
lógicamente, por hoy… y anticiparse un poquito
al mañana. Y si eso sucede y quieren retroceder a
la raíz, ya estos jóvenes cantaores se encargarán
de guiarles hasta las fuentes de las que han estado bebiendo
para ser ellos mismos y para contribuir a que el flamenco
alimente la evolución que le es innata. El cante
también tira de este valioso carro… con permiso
de la industria discográfica, por favor.