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CURSO DE GERARDO NÚÑEZ Y CARMEN CORTÉS.
ESPECIAL
Babilonia por bulerías
José Manuel Gamboa. Sanlúcar
de Barrameda, agosto de 2004
Fotos: Kyoko Shikaze
Agradecimientos coreografiados
Sucedió la inflamada noche del 23 de julio, en el
patio de las bodegas La Cigarrera de Sanlúcar de Barrameda.
Como diciéndole al maestro “te vamos a estremecer”,
a las órdenes musicales de Lance Quinn, el más
veterano de sus educandos y productor que fuera de Bon Jovi
reciclado en pasional rasgueador de bulerías, con coreografía
perfectamente estudiada al son del viejo éxito de Queen
‘We will rock you’, salen los estudiantes para
festejar al profesorado. Traducen el “we will, we will
rock you”, por un chapurreado:
Cur-so de San-lúcar
Cur-so de Ge-rardo…
Daban las gracias a sus maestros Gerardo
Núñez, Carmen
Cortés, y a los profesores invitados: Cepillo,
Rafael de Utrera, Pablo Martín, Tino Vandersman, Caren
Lozano, Salado de Jerez y J. Taube.

Clase de guitarra de Gerardo Núñez
Esa velada ponía fin al canicular, intenso, feliz
y provechoso seminario flamenco sanluqueño. Cada verano,
llegado julio, en el norte San Fermín y en Sanlúcar
world-flamenquín. Y es lo que tiene: algún personaje
desnortado vimos por esa tierra gaditana con camiseta blanca
y pañuelo rojo al cuello. Gerardo Núñez
y Carmen Cortés/Carmen Cortés y Gerardo Núñez,
dos artistas y dos personas fuera de serie, convocan cada
verano en Sanlúcar sus cursos, que en mucho se apartan
de la fría rigidez de otros menos productivos al fin.
Porque una cosa es la necesaria disciplina en el estudio,
y otra muy distinta la seriedad mal entendida. Hay que divertirse;
que el flamenco donde de verdad se ha aprendido, de siempre,
es en la alegría de la fiesta.
Aprendiendo y festejando. La catarsis bulearera
En Sanlúcar los alumnos de Gerardo y Carmen viven
en perpetua comunidad flamenca, y cada noche hay puesta en
común; casi una terapia grupal al son catártico
de la bulería. Y no se libra nadie: Carmen Cortés
y secuaces se encargan de localizar uno a uno a todos los
alumnos para que no se escapen y den la cara en la escena
animados por compañeros, profesores e invitados. Y
al final, superada alguna que otra timidez, todos pletóricos
al comprobar que lo aprendido sirve de veras en su ámbito
natural. Funciona. Gerardo y Carmen ponen a disposición
de los estudiantes, amén de su propio arte, una galería
de jerezanos diestros en el compás que acompañan
las salidas a escena de los discípulos. En esta ocasión
se ha contado con El Pescaílla, Juanillorro y El Quini;
al frente del grupo Jesús Méndez que, a lo largo
del curso, se trajo a Sanlúcar el Premio de Bulerías
que acababa de ganar en un prestigioso certamen jerezano.
Y no hay que olvidarse de los discípulos, algunos tan
conocidos como Miguel Iven, que también hacen sus pinitos
acompañando el cante y el baile.

Clase de baile de Carmen Cortés
Este animoso procedimiento lo ha llevado Gerardo con su trío
por el mundo. No hace mucho que estuvimos en La Habana -también
con Javier Barón, Juan José Amador y Miguel
Ochando como profesores-, gracias a un acuerdo entre la Junta
de Andalucía y el Ballet Nacional de Cuba, donde los
flamencos habaneros, cuyo número crece y crece, festejaron
sobre las tablas con lo aprendido en las aulas; aulas que
se llamaban Carmen Amaya, Pilar López, Antonio... Igualito,
igualito, que en España; lo mismito que aquí,
donde una mayoría desconoce con altanería quienes
son esos tres genios y el arte que practicaron. Pero volvamos
a lo positivo.
Continúa
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