Los estilos locales tampoco
se van a perder. Una nueva hornada de cantaores
de Jerez, de Utrera, de Lebrija o de Triana defiende,
con ahínco, la idiosincrasia flamenca de
su zona, algunos de forma estricta, otros con
las miras abiertas. Jerez es, sin duda, la ‘isla’
más fértil. Por productividad discográfica
y presencia en los escenarios destacan La
Macanita, Fernando Terremoto y Antonio
Malena. La Macanita, continuadora de la escuela
de La Paquera de Jerez, cultiva desde niña
los estilos que son seña de identidad del
cante jerezano: bulerías, soleares y seguiriyas,
sin faltar al cuplé. Así queda demostrado
en sólidos trabajos discográficos
como ‘Jerez-Xères-Sherry’ o
‘La luna de Tomasa’, entre otros títulos.
Como documento audiovisual de sus prematuros inicios
queda la serie ‘Rito y geografía
del cante’ (volumen 22) en DVD. En ese mismo
capítulo dedicado a los niños cantaores
aparece Antonio Malena, por seguiriyas a los nueve
años acompañado por la guitarra
de Moraíto Chico. Aunque se prodiga más
en los escenarios que en los estudios, tiene registrado
su cante en discos como ‘Yo soy así,
así soy yo’.
Otro cantaor de estirpe es Fernando
Terremoto, fiel seguidor de la escuela de
su padre, el gran maestro Terremoto de Jerez.
Los discos ‘La herencia de la sangre’
y ‘Cosa natural’ recogen su propuesta.
Otro de los baluartes del cante jerezano, la saga
Agujetas, viene siendo perpetuada por Antonio
Agujetas y Dolores Agujetas, cuyas respectivas
cartas de presentación son los discos ‘Así
lo siento’ y ‘Dolores’. Aún
más joven es otro cantaor que, sin pertenecer
a una estirpe concreta, mantiene la tradición
de la tierra: Juan Zarzuela. De hecho, ha llegado
a publicar una doble antología donde reivindica
escuela y raíz, aunque renovando las letras:
‘Pura verdad’.
Esperanza Fernández
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La Macanita |
En el camino entre Jerez y Sevilla,
se localizan otros focos flamencos cuyo legado
cantaor defienden otros tantos cantaores jóvenes.
El caso de Esperanza
Fernández es especial, pues -por genealogía-
aúna las tradiciones de Lebrija, Alcalá
de Guadaira y Triana. Esta gran figura del cante
flamenco actual, además, está totalmente
abierta a experiencias con otras músicas
como el jazz o la clásica. El disco ‘Esperanza
Fernández’ recoge todas esas facetas
de artista completa consciente de la raíz
y de su tiempo.
Más localista es la propuesta
de Tomás de Perrate, que basa su cante
en la tradición de Utrera y, más
concretamente, en su casa, la de Tomás
de Perrate y María la Perrata, de quienes
también descienden El Lebrijano, Pedro
Peña, Dorantes... De momento, tiene un
disco en el mercado compartido con otros miembros
de su familia, ‘Utrera flamenca’.
También emerge una nueva
remesa de cantaores de Huelva que, muchos de ellos
aún niños, siguen la senda ‘fandanguera’
que engrandecieron cantaores como Paco
Toronjo o Antonio Rengel. Dirigido por El
Raya, salió a la luz en 2003 un doble CD
que recopila las voces más destacadas de
esta viva corriente local, bajo el título
‘Fandango joven’.
Del lado oriental del mapa flamenco
también hay nuevos valores preocupados
por continuar la herencia cantaora. Destaca Curro
Piñana, nieto de Antonio
Piñana, el patriarca del cante minero.
El joven cantaor murciano, consagrado por la Lámpara
Minera del Festival de La Unión 1998, tiene
en el mercado discográfico los trabajos
‘De lo humano y lo divino’, ‘Saetas’
y ‘De la vigilia al alba’.
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