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Guitarra antigua y clásica. Guía de escucha. Especial
Antes de Paco de Lucía
Silvia Calado, marzo de 2004
La primera observación que hará todo aquel aficionado que
haga un 'flash back' en la historia de la guitarra flamenca es la escasez de títulos.
Y ello tiene una explicación. La 'bajañí' fue un instrumento
al servicio absoluto del cante hasta bien entrado en siglo XX, cuando el formato
teatral -la llamada ópera flamenca- permita su emancipación. Hasta
entonces, la guitarra es un instrumento de acompañamiento y, por tanto,
habrá que rastrear en las grabaciones antiguas de cante para conocer sus
modos originarios.

José Cepero y Luis Maravilla
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Aunque se tiene noticia de tocaores decimonónicos
como El Murciano, Trinitario Huertas, Bernardo Troncoso, José Toboso, Julián
Arcas, Maestro Patiño, Antonio Pérez, Paco el Barbero, Juan Gandulla
Habichuela o Paco el de Lucena, habrá que avanzar un poco más en
el tiempo para encontrar los primeros registros sonoros de las seis cuerdas. Como
testimonio, queda el 'Método de guitarra por música y cifra' que
el guitarrista clásico y flamenco Rafael Marín publicó en
1902, una auténtica joya que supone no sólo un fiel resumen del
toque hasta esa fecha, sino también una verdadera guía para los
guitarristas posteriores.
Ya la discografía flamenca más anciana contiene,
respaldando a los más grandes cantaores de principios del siglo pasado,
el toque en vivo de Miguel Borrull padre, Luis Maravilla, Salvador Román
'El Tuerto Salvaorillo', Niño Pérez, Antonio Moreno, Javier Molina,
Ramón Montoya...
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Sobre todo, Ramón Montoya. Y es que el guitarrista madrileño fue
quien fijó la música de la mayoría de los palos flamencos,
formando pareja con el cantaor Antonio Chacón, además de ser el
primer tocaor solista de la historia del género jondo.... y con proyección
internacional. A partir de 1936, el guitarrista se abre camino en el circuito
europeo y americano de la música clásica, con gran éxito
de público; faceta que simultaneó con el acompañamiento a
voces no sólo del flamenco, sino también del cuplé. El comentario
de Nicolás Callejón que acompañó a su primera grabación
como solista, titulado 'Arte clásico flamenco', resulta una recomendación
de lo más actual: "Quienes se interesan por la génesis de los
estilos y el desarrollo de las artes populares, podrán estudiar con el
máximo provecho este álbum". Esta frase podría aplicarse
a recopilaciones que están actualmente en catálogo como el doble
disco 'Ramón Montoya. El genio de la guitarra flamenca', de Sonifolk; y
'Ramón Montoya. Grandes figuras del flamenco. Vol. 5', de Harmonia Mundi.
El complemento perfecto para aquellos guitarristas que sepan música es
el libro de transcripciones 'Ramón Montoya. Arte clásico flamenco',
que contiene sus creaciones por fandangos de Huelva, granaína, soleares,
malagueña, siguiriya, minera, guajira, rondeña, tientos y tanguillo,
taranta, milonga y alegrías, así como explicaciones sobre técnica
y ritmo.
También hay que reseñar la importancia de seguidores de estos
primeros guitarristas como Manolo de Huelva, acompañante de Manuel Torre
y Antonio Chacón, concertista desde joven y, entre otros méritos,
guitarrista oficial del Concurso de Cante Jondo de Granada de 1922; y Perico el
del Lunar, quien traspuso la escuela jerezana y la herencia de Javier Molina para
convertirse en uno de los guitarristas más solicitados y respetados de
su época. Gran conocedor del cante, dirigió la primera antología
del cante flamenco, editada por Hispavox en 1954, un básico de la llamada
etapa de recuperación.
Con las bases puestas y el camino abierto, una nueva generación de guitarristas
comienza ya hacia mediados de siglo a profundizar en esa línea de creación
y, en cierto modo, de libertad. Niño Ricardo, Esteban Sanlúcar,
Melchor de Marchena, Sabicas y Diego del Gastor protagonizan esta etapa, digamos,
pre revolucionaria del toque flamenco. (La revolución, ya sabemos, viene
con Paco de Lucía a partir de los años 60... pero ese es otro capítulo).
Esta hornada de guitarristas consolida la emancipación del toque, virando
hacia otros derroteros en los que cada uno enriquece las fuentes de las que ha
bebido con sus respectivos sellos estilísticos, tanto locales como personales.
Hay recopilaciones de cantaores de la época que suponen verdaderos escaparates
de la guitarra de acompañamiento del momento. Este es el caso de discos
como 'Canalejas de Puerto Real. Grabaciones discos de pizarra. 1930', donde tocan
Esteban Sanlúcar, Manolo de Huelva y Niño Ricardo, entre otros;
o de 'Carbonerillo. Grabaciones discos de pizarra. 1930', con la guitarra de Sabicas,
Miguel Borrull hijo y Niño Ricardo.
Niño Ricardo, como escribió González Climent en 1957,
logró "la síntesis convergente de la guitarra clásica
del flamenquismo y la guitarra vertiginosamente evolucionada de la época
moderna". A lo que añadió que armonizaba "la solemnidad
y la esquematización sugestiva de don Ramón Montoya con las más
exquisitas aportaciones del toque actual, en el que precisamente Ricardo es poco
más o menos amo y señor". Por ello, fue el referente de las
generaciones posteriores. El propio Paco de Lucía reconoce que "todos
los jóvenes nos mirábamos en él y tratábamos de aprender
y copiarlo". Legó composiciones que, por mor de su dilatada colaboración
con Juanito Valderrama, son popularmente conocidas. Una buena muestra de sus composiciones
se puede encontrar en recopilatorios como 'Niño Ricardo. Grandes figuras
del flamenco. Vol. 11' o 'Niño Ricardo. Historia del flamenco', entre otras.
El libro de partituras 'El genio de Niño Ricardo', que viene junto con
el disco, es el complemento perfecto para estudiosos.
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