El
rastro flamenco se diluye en los posteriores tres
siglos, durante los cuales Sevilla se convirtió,
como puerta de entrada de América, en bullente
epicentro europeo de los negocios, para pasar posteriormente
el testigo a Cádiz. La estrecha comunicación
que, entre uno y otro lado del Atlántico, permitió
el comercio de ultramar también sirvió
como canal para el intercambio cultural. Se inicia
así el camino de ida de cantes y danzas andaluzas
que, tras pasar por el tamiz nativo y mestizo (y,
por ende, africano), traería de vuelta guajiras,
milongas, colombianas, rumbas, vidalitas... géneros
que fueron popularizados a principios del siglo XX
por grandes figuras del cante de la época. |