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Sevilla, Puerto de Indias
(atribuido a Alfonso Sánchez Coello)
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El rastro flamenco se diluye en los posteriores
tres siglos, durante los cuales Sevilla se convirtió,
como puerta de entrada de América, en bullente epicentro
europeo de los negocios, para pasar posteriormente el testigo
a Cádiz. La estrecha comunicación que, entre
uno y otro lado del Atlántico, permitió el comercio
de ultramar también sirvió como canal para el
intercambio cultural. Se inicia así el camino de ida
de cantes y danzas andaluzas que, tras pasar por el tamiz
nativo y mestizo (y, por ende, africano), traería de
vuelta guajiras, milongas, colombianas, rumbas, vidalitas...
géneros que fueron popularizados a principios del siglo
XX por grandes figuras del cante de la época. |
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