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Dibujo de Doré
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Ahora sí. Con documentos en mano,
un prematuro flamenco se gestaba en las noches de los patios
de vecinos, en botillerías, en ventorros. A la luz
del candil, lo flamenco se codeaba con otras danzas del folclore,
no sólo andaluz, sino también español,
a través de la escuela bolera. Triana ya aparece reseñada
como epicentro de ese preflamenco bailado con puntos localizables
como la botillería del Tío Miñarro. Se
cantaba el polo y la toná, se bailaban el zorongo,
la rondeña, el zapateado, los jaleos... Bailes que
se enseñaban en academias que, a la vez, funcionaban
como salones de exhibición enfocados, ya entonces,
hacia el turismo. Manuel de la Barrera y Luis Botella dirigían
dos de los más prestigiosos de los existentes en la
Sevilla de la época. |
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