Aunque por algunos denostado como prostituidor del
legado oculto en el seno familiar del pueblo andaluz,
la historia del flamenco no puede escribirse sin Silverio
Franconetti. Desde que de niño quedara prendado
en Morón de la Frontera del cante que de El
Fillo manaba, lo que supuso el abandono de su oficio
de sastre, dedicó su vida a la promoción
del flamenco. Tras un curioso paréntesis de
ocho años en Sudamérica, recorrió
los escenarios españoles exhibiendo lo que
en las fraguas había aprendido hasta que, finalmente,
él mismo se convirtió en programador
desde su propio café en Sevilla. Un escenario
más para el desarrollo de la contienda cantaora
que protagonizaban Silverio Franconetti, Tomás
el Nitri y Juan Breva. |