El flamenco, ya profesionalizado, no tardó
en traspasar las fronteras andaluzas. Ya a mediados
del XIX, se tiene constancia de alguna que otra fiesta
flamenca en Madrid, a cargo de figuras por entonces
reconocidas como Juan de Dios, Luis Alonso, alguna
bailaora que empezaba a despuntar y el propio Silverio.
Dos serían los epicentros: primero, las botillerías
enclavadas en el camino hacia Toledo, partiendo de
la Plaza Mayor; y la zona de la Plaza de Santa Ana,
con colmaos y cafés cantantes aún en
pie como Los Gabrieles o Villa Rosa, ambos inaugurados
a principios del siglo XX. El gusto por lo flamenco
en la Corte llega a tal extremo que, ya a finales
de siglo, parte de la intelectualidad del 98 comienza
una campaña antiflamenquista cuyos ecos llegan
hasta a la vecina Francia. |