Ninguna
ciudad de la geografía española escapa
al nuevo fenómeno. El flamenco, relegado de
los cafés cantantes por el cuplé y el
cinematógrafo, se reinventa a sí mismo
para ocupar teatros y plazas de toros. A esta etapa,
que comienza a partir de la segunda mitad del siglo
XX, se le conoce como ópera flamenca, denominación
tras la que se esconde un truco empresarial para pagar
menos impuestos. Además, el flamenco se adapta
a estos escenarios con orquestaciones, estilos mixtos
que beben del cuplé y del folclore americano,
hilos argumentales... Los flamencos llegaron a convertirse
por esta vía en auténticos fenómenos
de masas, como es el caso de La Niña de los
Peines, Pepe Pinto, Manuel Torre, Manolo Caracol,
El Niño Gloria, Angelillo, Manuel Vallejo,
José Cepero, La Niña de la Puebla, Juanito
Valderrama... |