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Lo jondo y lo bereber
Aunque aquí esto de ser aficionado
lleva una deriva imparable. (De hecho, mientras esto sucedía
en Amsterdam, la bailaora granadina Fuensanta
la Moneta hacía lo mismo en De Doelen de Rotterdam).
Y más cuando el público demuestra cada noche
que es tan receptivo a la tradición como a la ruptura
o a la mezcla intercultural. De hecho, una de las iniciativas
del festival ha sido propiciar encuentros entre el flamenco
y otras músicas del mundo. Mientras Isabel Bayón
bailaba en Utrecht, Niño Josele se abrazaba a la
música bereber. Lo mismo que ya hizo con la gnawa
cuando tiró de la Orquesta Nacional de Barbés
en el ‘Zawiya’ de su disco ‘Niño
Josele’. Claro que en tan sólo unos pocos
días de preparativos con la cantante Charifa Kersit
y sus músicos, apenas dio tiempo a preparar una
pieza juntos, al compás común de tanguillos.
Eso sucedió ya al final. El resto del concierto
fue un recital de cada uno. El de Niño
Josele, el primero de ambos, expuso a las claras cómo
puede afectar aún Paco de Lucía a un guitarrista.
Aunque trajo consigo a dos cantaores, la voz de la noche
era la de la cantante del Atlas, cuyo eco punzante al
son de panderos y lutar hacía temblar al mismísimo
aire.
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Niño
Josele y grupo (Foto Daniel Muñoz) |
Aunque ahí no acabó la
noche. Nada más terminar el de Almería,
en el Bimhuis comenzó el recital de Chicuelo,
presentando el contenido de su reciente disco ‘Diapasión’.
Y eso que la jornada flamenca se dilataba y se dilataba
y se dilataba. En esta Biennale neerlandesa hay tiempo
para perfeccionar conocimientos, como sucedió en
la masterclass de Isabel Bayón en el céntrico
Studio 4 la tarde del viernes con cuatro alumnas y veinticinco
oyentes; para escuchar teorías, como la que sobre
el cante expuso Faustino Núñez; para ver
el capítulo sobra Pata Negra de la serie ‘El
Ángel: musical flamenco’ en loop perpetuo
en el canal interno de televisión del Hotel Lloyd…
Los niños y el flamenco
… y hasta para hacer disfrutar
del flamenco a los niños, ese público futuro
que reclamaba El Pele. De eso ha venido a encargarse Silvia
Marín, que ha girado por las tres sedes del festival
su espectáculo didáctico ‘El flamenco
en cuatro estaciones’. Era digno de ver el patio
de butacas del Muziekgebouw aan’t IJ llenito de
niñas vestidas de flamenca, alucinadas con los
números más interactivos del show. Vamos,
que la que no pudo salir voluntaria se quedó con
un puchero que sólo pudo consolar lo que les esperaba
a la salida: material para dibujar sus impresiones sobre
ese primer acercamiento a la música y a la estética
flamenca que acababan de vivir. Una niña rubita
vestida con traje rojo y lunares negros estaba en el suelo
pintando la escena de la seguiriya de los paraguas, a
la que había añadido en un bocadillo de
cómic la palabra ‘OLE!’. El flamenco
tiene garantizada su afición futura... en el mundo.
Galería
de fotos, por Daniel Muñoz
Compañía El Flamenco Vive, ‘El flamenco
en cuatro estaciones’
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