FLAMENCO BIENNALE HOLANDA 2008
ISABEL BAYÓN • EL PELE • NIÑO JOSELE…

“Yo no creo en los duendes”

Silvia Calado. Amsterdam, 31 de octubre y 1 de noviembre de 2008

Galerías de fotos, por Daniel Muñoz:
  Isabel Bayón, ‘La puerta abierta’
‘Flamenco en cuatro estaciones’

Algo se confirma según pasan los días en los Países Bajos. Que el flamenco es una música cuyo calor no puede ser alterado por las bajas temperaturas. Un ejemplo claro: ‘La puerta abierta’ de Isabel Bayón. Fue en el Vredenburg Leidsche Rijn el sábado 1 de noviembre. Resulta ser un auditorio prefabricado junto a la autopista, de gran capacidad, que está sustituyendo al teatro principal de Utrecht mientras se reforma. Y, a primera vista, parecía imposible que en tan kilométrico escenario y con el termómetro bajando en la grada por momentos, la bailaora sevillana y los suyos lograran capturar la emoción de los presentes. Pero ocurrió lo improbable.

Galería de fotos, por Daniel Muñoz
Isabel Bayón, 'La Puerta abierta' en Utrecht

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El espectáculo, una joyita sencilla, pulida y de muchos quilates, conmovió lo mismo que en teatros del Sur como el Central de Sevilla o el Villamarta de Jerez. Y lo sorprendente es que lo hace sin alterar un ápice el juego de sutilezas que le da forma y fondo. Baile exquisito, música exquisita, exquisita la manera de exponer los sentimientos. La deliciosa guitarra de Jesús Torres, la medida percusión de Antonio Coronel, las palmas justas de Carlos Grilo y El Lúa. Y el baile de ella… La intimidad de tan escueto grupo se comparte lo mismo que se comparten la pena o el gozo. Y todo es esencial. No sobra ni un paso, ni una nota. Tampoco un quejío. El Pele tomó el pulso al tono de la obra dando -respecto a cuando asume ese rol Miguel Poveda- una tensión especial, un extra de energía y de expectación.


Cantó El Pele

Y es que cantó abriéndose en canal, con la misma entrega que lo hizo la noche anterior en el Bimhuis de Amsterdam. El cantaor cordobés llenó a rebosar la sala, un espacio especializado en jazz suspendido de la fachada del Muziekgebouw. Al público lo puso a sus pies con ese cante suyo que es tan personal como clásico, tan extrovertido como de dentro. Entró cantando a Lorca y a Caracol, se dio entero en la seguiriya ya con la guitarra de Antonio Luque, hizo gozar en la retahíla de fandangos abandolaos, dedicó a sus compañeros aquí destacados unos cantes mineros… Y, entonces, hizo una esclarecedora revelación: “Yo no creo en los duendes, creo en el estado anímico, en la comunicación. Sin el calor del público, ni duende ni ná”. Allí calor había a espuertas. Y en volandas lo llevaron los oles, los aplausos (y las palmas de Grilo y Lúa) en la soleá apolá, en las alegrías y, por supuesto, en las bulerías finales. Para acabar, un deseo: “¡Que hagáis muchos niños para que no se termine la afición al flamenco!”.

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El Pele (Foto Daniel Muñoz)


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