FLAMENCO BIENNALE HOLANDA
2008. DIEGO CARRASCO
Amsterdam palpita
Silvia Calado. Amsterdam, 29 de octubre de 2008

Diego Carrasco y grupo
(Foto Daniel Muñoz)
La serie de oles del ‘Alfileres
de colores’. La doble palma rockera de “por
la bahía de Cai”. Una ovación por
bulerías. Los neerlandeses que medio llenaban el
Muziekgebouw aan’t IJ parecía que llevaban
toda la vida siguiendo a Diego
Carrasco. Pero no. Apenas lo conocían -salvo
el buen puñado de aficionados de por aquí-
de cuando la semana pasada salió en televisión
en una entrevista-actuación previa al festival.
Lo demás, fue pura comunicación en vivo
artista-público. Y es que, como bien dijo, “no
hace falta naquerar”. De corazón
a corazón.
Aunque traía el mismo título
que en la Bienal de Flamenco de Sevilla 2008, aquí
‘El tiempo del diablo’ nada tenía que
ver con Don Juan Tenorio, ni con los infiernos, ni con
escenografías. Todo quedó en un concierto
de Diego Carrasco en el que repasó algunos de los
muchos temas de su discografía. Arrancó
el artista sentado con la guitarra en ristre al filo del
escenario. De la lorquiana hoja de la lechuga, a la ‘Mariposilla
verde’. Hondo, clavo, drama. Y el estribillo a Manuela
también lo cantan Las Peligro (Joaquina y Carmen
Amaya). El trovador se dibuja con las manos un corazón
en el pecho izquierdo. Y el feedback comienza.
La nueva rumba ‘Duende de la fragua’ agita
al respetable en sus butacas. Frío fuera. Calor
dentro. Patá por aquí, compás por
allá. Un quebrado recuerdo a Fernanda de Utrera,
un paseo por la Bahía, unos tangos mano a mano
entre Curro de Navajita y las coristas.
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Diego
Carrasco (Foto Daniel Muñoz) |
El primer invitado sale a escena. Moraíto
toca por bulerías. Aunque las deficiencias técnicas
son sangrantes. El sonido deja a la guitarra desvaída.
La luz y el primer plano son para los estridentes palmeros
(papel que asumen los cajoneros Juan Grande y Ané
Carrasco). La segunda invitada es la bailaora Pastora
Galván, que al son de ‘Oliva y naranja’
sale con falda de cola roja y blusita anudada al ombligo
zamarreando la escena. Tics galvánicos, caderas
poderosas, mujerona cañón, de salón
y de arrabal. Para el recuerdo gráfico, la estampa
de su fogoso escorzo a la verita del trovador. La ovación
fue sísmica. Con el público entregadito,
siguió la recopilación. Una ristra de ‘carrascadas’
por bulerías, pasando por ‘Mi momá’.
Pero a cachitos tan chicos, que se escapaban las canciones
antes de que pudieran saborearse. Interludio Morao. Y
vuelta. De Camarón al popurrí taurino. Aunque
para entonces cada vez es más visible cierto desorden
o falta de estructura o de fluidez o de dinámica
o de local de ensayo. Diego incluso pregunta a la directora
del festival, ya lista junto a las escalerillas de acceso
al escenario para su momento de gloria, si va bien de
hora. Algo falla. Pero no esa química suya que
tan magistralmente junta corazón, carisma, comunicación,
arte. Así conquistó Amsterdam. Nada menos.
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Moraíto,
Pastora Galván y Diego Carrasco
(Foto Daniel Muñoz) |