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'INMIGRACIÓN': COMPAÑÍA
DE ÁNGELES GABALDÓN
Todos somos inmigrantes
Candela Olivo. Sevilla, 19 de noviembre de 2003
'Inmigración': Compañía de Ángeles
Gabaldón. Baile: Ángeles Gabaldón, Marco A. Vargas, Fani
Fuster, Felipe Mato, Lourdes Recio, François Soumah, Nicolia Morris, Chloé
B. Dauphin. Música: Daniel Méndez, Manuel Pérez, Keko Baldomero,
Antonio Montiel, Orquesta Chekkara de Tetuán. Cante: Jallal Chekkara, Manuel
Lombo. Coreografía: Javier
Latorre, Ángeles Gabaldón, Marcos A. Vargas. Letras: Juan José
Téllez. Técnico de sonido: José Luis Álvarez. Técnico
de luces: Juan Luis Domínguez. Dirección escénica: Fernando
Lima. Regiduría: Belén Candil. Guión y dirección:
Fernando González-Caballos. Producción: Taller Flamenco. Teatro
Central. Sevilla, 19 de noviembre de 2003. 21 horas.

'Inmigración' (Foto: Antonio Torres)
Una camisa flota en el agua. El rastro que deja el sueño perdido, la
vida arrebatada. La metáfora va más allá del cartel. Y se
transforma en símil cuando el telón se abre. Los emigrantes de aquí
eran inmigrantes allí. Y quienes antes cruzaban Europa en ferrocarril son
como quienes ahora cruzan el Estrecho de Gibraltar en patera. El número
introductorio plantea la comparación a las claras, eligiendo una celebración
navideña como marco -así lo evidencia el evidente atrezzo- y con
la danza teatralizada como recurso expresivo.
Comienza a solas Ángeles
Gabaldón, con los elegantes y suaves movimientos que caracterizan su
baile. Poses, giros, evocación. El pie negado. Guitarra y cajón.
A la escena se añaden más invitados. Paso a tres con marchamo 'Latorre'.
Y una pareja más; él es el cantaor-personaje Manuel Lombo, que redice
los villancicos de siempre con la pluma de Téllez, resolviendo con soltura.
"Gloria a los que se han ido, gloria". El individuo, lo coral. La pataíta,
el corrillo. El nivel dancístico es alto. La música, aterciopelada,
acompaña. Daniel
Méndez se destapa como compositor de futuro. Fiesta tragicómica.
Suena en la radio 'El emigrante' de Juan Valderrama... Punto de giro. Silencio,
nostalgia, tristeza.
Cambian las tornas. Quienes antes eran recibidos, tienen ahora que recibir.
Un audiovisual lo muestra, sin necesidad de palabras. La frontera. Para quienes
lo consiguen, una vez traspasada, la odisea no ha terminado... 'Rechazo' lo plantea
en forma de paso a tres masculino por soleá. Felipe Mato, Marcos A. Vargas
y François Soumah, representan el dos contra uno del desprecio, de la cruel
'bienvenida'. El cante lo cuenta: "Tú no eres como nosotros, me dijeron
en el bar, le he contestado que a dios gracias, que nunca nadie es igual".
Jallal Chekkara dobla el lamento en árabe, jalando de la raíz. El
trío lo borda. El mensaje llega alto y claro, sin necesidad de tanta evidencia
escenográfica. No hay remilgos para escupir la bajeza humana.
Fundido a negro. Otra faceta de la realidad del tráfico de personas:
la prostitución. El plantel femenino de la compañía, con
Ángeles Gabaldón a la cabeza, representa el sórdido pozo
que ahoga a las esclavas del sexo. 'Comprando la libertad'. Luces de pub y el
taranto rock de Pata
Negra hacen las veces de contexto. El cantaor es, esta vez, el proxeneta.
El recurso del contraluz aporta distintos planos a la historia, además
de una segura baza estética. La pieza resulta, cuanto menos, provocadora,
además de algo desconcertante, una pizca alocada y un tanto triste. La
ejecución, brillante. Y la historia vuelve a repetirse: silueta de chica
joven con maleta...
Con 'La odisea' el nudo del espectáculo alcanza el clímax. Un
montaje audiovisual de Yvan Schreck introduce la pieza. La Guardia Civil intercepta
una patera. "Tranquilos, tranquilos. Pon algo de tu parte, amigo". La
mano que le tienden a esos ojos aterrados es la misma que los llevará de
vuelta... La odisea aún no ha terminado. La proyección se transparenta
sobre la bailaora negra Nicolia Morris, quien debutó en la escena flamenca
junto a Israel Galván en 'La Metamorfosis' hace tres años. Ella,
el mar que da la vida, el mar que la quita. El sonido de las olas es el de la
Orquesta Chekkara de Tetuán,
toda una delicia. Y ella baila alada, gaseosa, leve... pero autoritaria, inevitable.
Extrema belleza, extrema sensibilidad. Es agua y al agua vuelve.

'Inmigración' (Foto: Antonio Torres)
Flash back. España, años 70. Con el mismo tono teatral (algo
naïf) de la introducción, la compañía escenifica "el
regreso feliz". El cante es, de nuevo, narrador por bulerías de aire
lebrijano: "Venimos de vacaciones de una tierra que no es nuestra, a este
lugar que tampoco nunca nos perteneciera. Son inmigrantes como nosotros lo fuimos
antes". Aquí, en 'Vivir para contarlo', la compañía
departe festera.
El envés es el regreso desafortunado... el no regreso. Tras un prólogo
de imágenes que dan vida al cartel, Ángeles Gabaldón irrumpe
serena y sobria bailando por seguiriyas... con los ojos vendados. 'El silencio',
la ceguera. El cante la lleva en volandas, tanto el flamenco como ese otro flamenco
anciano que brota de la garganta del cantaor marroquí, acompañándose
él mismo al violín. Estremecimiento. Estampas para dejarse deleitar.
Bata de cola blanca. Ángeles Gabaldón, la esteticista de la danza
flamenca, la del movimiento sensible. Crescendo final.
La indiferencia no estuvo invitada. Si el espectáculo se valora artísticamente,
habrá quien se quede con un pasaje del espectáculo, habrá
quien se quede con otro... cuestión de gustos, hay para (casi) todos. Indiscutible
es que el conjunto fluye con ritmo e intercala con tino sus diferentes lenguajes;
que la propuesta de esta compañía novel es original, desde el hecho
mismo de que el elenco sea transfronterizo; y que la calidad del elenco artístico
es innegable. Si se valora su intención, no hay duda de que es loable este
intento actual de usar el flamenco como vía de denuncia social. Ya era
hora. Todos somos inmigrantes.
revista@flamenco-world.com
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