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Desde su atalaya jazzística madrileña, el guitarrista
y multinstrumentista Ángel Rubio firmaba en 1998 con el título 'Jazzhondo'
doce composiciones originales, entremezclando letanías arábigas,
cajones flamencos, derbukas y coplas antiguas. Otro incondicional que confirma
la teoría de vasos comunicantes entre el jazz y el flamenco es el batería
uruguayo Guillermo Mc Guill, miembro del quinteto de Chano Domínguez y
asiduo colaborador del guitarrista Rafael Riqueni o el cantaor Enrique Morente.
Tras 'Los sueños y el tiempo', un discolibro dedicado a la memoria de la
escritora María Zambrano, el batería lanza en 2002 su segundo álbum
en solitario, 'Cielo'. Guillermo, alias "el todo terreno de las baquetas",
admite que no le ha sido fácil enriquecer su jazz con las infinitas posibilidades
del flamenco: "Aunque hay diferencias clarísimas entre el jazz y el
flamenco, en cierta medida, se van borrando poco a poco en mi forma de tocar.
No quiero decir que me ponga a tocar por bulerías inconscientemente cuando
me siento, sino que voy incorporando a mi forma de tocar de jazzista ciertos elementos
fundamentales del flamenco".
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Izquierda: Esperanza Fernández con
Gerardo Núñez (Foto: Anahí Cármody)
Derecha: Tino di Geraldo (Foto: Javier Hurtado) |
Sustentos históricos
Echando a andar hacia atrás en la historia, ya en los sesenta hay tímidas
propuestas de acercamiento de mundos hasta el momento ajenos como el flamenco
y el jazz clásico. El jazz norteamericano, transformados sus preceptos
fundacionales por el lenguaje transgresor de Charlie Parker, entra en los años
50 en una línea de renovación. Ejemplo de ello son las experiencias
de rejo hispánico llevadas a cabo por Miles Davis a finales de los 50 y
principios de los 60: 'Flamenco Sketches', tema incluido en el disco 'Kind of
blue' y grabado en Nueva York junto a Cannonball Adderley, John Coltrane, Paul
Chambers y Bill Evans; y de 'Sketches of Spain' (Sony, 1960), compuesto en tándem
con el proteico Gil Evans, bajo el embrujo de obras de Manuel de Falla, Joaquín
Rodrigo o Debussy. Seguiría en 1961 otro trabajo histórico, el 'Olé'
de John Coltrane, obra intuitiva, de transición, en la que el flamenco
es un pretexto para dar rienda suelta a una creatividad en constante evolución.
Ya en 1967 tiene lugar en España el que casi todos coinciden en señalar
como primer aporte sustantivo al universo del jazz flamenco. Firmado por Pedro
Iturralde y con la colaboración de Paco de Lucía, el disco 'Jazz
Flamenco' (Universal, 1967) aborda la exposición de los palos flamencos
en un tapiz abierto a la improvisación. En los años 80, experiencias
como 'My Spanish Heart' del pianista norteamericano de origen caribeño
Chick Corea; o las colaboraciones a tres bandas de McLaughlin, Coryell y Paco
de Lucía redispararían la inercia de fusiones, confusiones y aflamencamientos
que desde un par de décadas antes venía nutriendo al llamado Nuevo
Flamenco. A propósito del debate "purismo versus renovación",
Paco de Lucía, guitarrista respetado y admirado por igual entre clásicos
y vanguardistas, señalaba en una entrevista publicada en 'Transiberia'
en 1992: "En general, los flamencos son dogmáticos (...). No estoy
de acuerdo con los puristas, no dejan que cada uno cante y toque como le de la
gana. Yo pienso que todo es válido si sabes equilibrar".

Jorge Pardo y Juan Diego (Foto: Daniel Muñoz)
Y equilibrar es lo que el guitarrista hizo cuando estrenó su sexteto
allá por la segunda mitad de los ochenta. De aquel grupo de figuras insignes
(Paco y Pepe de Lucía, Ramón de Algeciras, Carles Benavent, Rubem
Dantas y Jorge Pardo). Aparte del maestro, Carles Benavent y Jorge Pardo viraron
hacia destinos desconocidos y asumieron riesgos inusitados en sus travesías
compositivas, apoyados incondicionalmente por el sello madrileño Nuevos
Medios. Benavent abría nuevos horizontes junto a Joan Albert Amargós
o Chick Corea, mientras que Jorge Pardo hacía lo propio al lado de Potito,
Antonio Carmona o Chano Domínguez. Ambos compositores firman en los últimos
quince años trabajos que consolidan un lenguaje de difícil maridaje:
el swing con duende. 'Agüita que corre' (Nuevos medios, 1995) o 'Aigua' (Nuevos
Medios, 2001) del bajista; y 'A mi aire' (Nuevos Medios, 1987), 'Las cigarras
son quizá sordas' (Nuevos Medios, 1991) o '2332' (Nuevos Medios, 1997)
del saxofonista, conforman la quintaesencia de la experimentación con vocación
de perdurar. Jorge Pardo recordaba en una entrevista reciente hasta qué
punto fue importante el Paco de Lucía Sextet: "Aquel grupo determinó
un sonido que marcó la historia del flamenco y también del jazz
ya que, a partir de ahí, el resto del mundo conoció la bulería,
incluido Nueva York".
Jazz flamenco... El discurso del mestizaje de cualquier música actual
ha de entenderse en un sentido antinómico, es decir, ha de saber hacer
confluir a la vez el apego a la tradición con la separación de las
experiencias musicales de sus parámetros locales, nacionales o raciales.
Patrones ancestrales sí, pero desleídos en aguas sin etiquetados,
pues el buen poeta musical no puede olvidar que en lo más íntimo
está siempre lo más universal. Paco de Lucía, rebosante de
sabiduría popular, lo resume a su manera: "Es muy importante no perderse
en la tradición porque ahí es donde está la esencia, el mensaje,
la base. Sobre ella sí puedes ir a cualquier sitio y escapar, pero sin
dejar nunca esa raíz porque, en definitiva, la identidad, el olor y el
sabor del flamenco están ahí".
revista@flamenco-world.com
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